CONGRESO: ¿¡Yo voto por la porquería!?

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Hay momentos en la vida de las personas en que pueden cambiar de rumbo…  ante las evidencias de que se ha venido actuando mal, se puede corregir.

Gonzalo Marroquín Godoy

Equivocarse es humano, perseverar voluntariamente en el error es diabólico.  Esta frase del religioso y filósofo del siglo I, Agustín de Hipona (San Agustín), se aplica perfectamente a la vida moderna en lo referente a la familia, los negocios o empleos y también –¿por qué no?– a la participación política de las personas.  Todos nos podemos equivocar, pues, de hecho, alguien que no se equivoca es alguien que nunca intenta hacer algo.

El tema de este Enfoque no es otro que el de la elección de la nueva junta directiva del Congreso de la República, dirigido durante dos años –frustrantes– por un personaje mediocre y siniestro que, sin darse cuenta de todo lo que pudo contribuir al desarrollo político y social del país, se limitó a obedecer dócilmente a los nefastos fines de esa alianza oficialista que ha sumido al país en una crisis institucional sin precedentes. ¡Y él es corresponsable!

Si, Allan Rodríguez no pudo alcanzar a comprender que, siendo presidente de uno de los tres poderes del Estado, su primer deber es velar por la independencia y buen funcionamiento de ese alto organismo.  En vez de ello lo puso al servicio de fines aviesos, enfocados en controlar la justicia, fortalecer el marco de impunidad y favorecer la corrupción, todo lo contrario a los intereses del país.

Por ahora, la buena noticia es que la falta de simpatía y liderazgo de Allan Rodríguez ha provocado un rechazo profundo entre muchos diputados, al extremo de haber causado el surgimiento de un movimiento de oposición, que divide y debilita a dicha alianza e incluso puede llevar un poco de oxígeno al maltrecho sistema político.

Tampoco hay que hacerse demasiadas ilusiones.  Solo sería algo de oxígeno, pero como dice el refrán popular: … Peor es nada

De acuerdo con información que proviene de las propias bancadas, la situación es aún complicada, puesto que esa oposición no cuenta con los votos necesarios, pues únicamente tiene entre 70 y 78 votos, aunque es poco lo que falta para llegar a los 81 necesarios para lograr el cambio.

Esta oposición es una amalgama, pues muchos de los diputados opositores, han sido parte del llamado Pacto de Corruptos.  Estos lo que quieren es quitar a Rodríguez, más que enderezar el rumbo del parlamento. Aún así sería algo mejor que seguir con lo mismo.

Dos aspirantes presidenciales, Sandra Torres y Zury Ríos, jugarán un papel que puede llegar a ser determinante.  La primera controla 21 votos y la segunda 9, para un total de 30 votos que sin duda serán decisivos. Ambas, sin embargo, dependen demasiado de esa alianza oficialista con la que han navegado hasta ahora.

Sandra Torres ha sido una fiel aliada del oficialismo y no puede moverse demasiado hacia la oposición, pues necesita de resoluciones judiciales que la sigan favoreciendo para recuperar el partido –la UNE–. Algo parecido ocurre con Zury Ríos, pues apartarse de Alejandro Giammattei le puede significar un descontento que ponga en peligro la necesaria bendición de la CC a su futura candidatura. 

Con los votos de Torres y Ríos, el oficialismo alcanza 76 votos, por lo que será la voluntad de unos indecisos lo que pueda inclinar la balanza… o la conciencia de algunos que se saben comprometidos con el oficialismo por sus partidos, pero en el fondo saben que actúan en contra de principios y valores democráticos y los intereses del país.

Para inclinar la balanza, el oficialismo hace ofrecimientos de dinero y obras a cambio de votos.  Esto puede ser otro factor determinante, pues son muchos en el Congreso los que anteponen sus intereses personales –enriquecimiento– a los intereses nacionales.

LEE ADEMÁS: El oficialismo busca votos de bancadas de Sandra Torres y Zury Ríos

La buena noticia es que este caldo de porquería está llamando la atención ciudadana, lo que supone que todo lo que suceda expondrá a los diputados para bien o para mal, pues el pueblo conocerá mejor a quienes pretendan ser sus representantes.

Esta ha sido una de las peores legislaturas.  Como hemos visto, cada una es peor que la otra.  No se puede esperar entonces que haya una junta directiva de lujo que resuelva con una varita mágica la incapacidad legislativa.  Sin embargo, casi cualquier planilla que se proponga puede mejorar la labor de la actual.

La pregunta que quedaría en el ambiente en caso de ganar la oposición sería la siguiente: ¿La nueva JD estaría dispuesta a promover e impulsar la independencia de la justicia?

Cada diputado, con su conciencia, tiene la palabra…