Así llegamos a la antesala de 2027 y no se necesita ser brillante analista político para saber que pasará. Entre la candidez de muchos, la perversidad de quienes operan y la indiferencia de la mayoría, la extrema derecha regresará triunfante, gracias a la gran ayuda de un gobierno inútil, desentendido y acomodado. Por lo menos con los neofacistas, ya se tiene claridad de lo que se viene y no esperamos absolutamente nada bueno. En cuanto a la población, está claro que no se quiere. Aquí se impone la ley del más fuerte y el oportunismo puro y duro a nivel individual.
José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)
Guatemala es un referente de estudio académico para todas las universidades del mundo. Especial interés se puso en el llamado Conflicto Armado Interno, un eufemismo concebido por la comunidad internacional para que no se oyera “tan fuerte” el drama que asoló a nuestro país.
A mi paso por proyectos de Naciones Unidas, tuve la oportunidad de hablar con muchos extranjeros y, particularmente, con militares del Cono Sur. Para dimensionar lo sucedido, recuerdo las palabras de un coronel chileno que participó en el Plan Cóndor, quien reconoció los excesos de su institución armada y la de sus pares del Cono Sur, pero al referirse a Guatemala dijo: “Nooo, lo de Guatemala no tiene nombre, no puede siquiera compararse con lo sucedido en Sudamérica”. No solo lo dice alguien de derechas, sino que participó en la guerra sucia que enlutó millares de familias brasileñas, argentinas, uruguayas, bolivianas, chilenas, paraguayas, peruanas…
A pesar de lo dantesco, el consenso general fue hacer borrón y cuenta nueva, porque la justicia transicional, nunca se llevó a cabo como se debía. Algunos casos paradigmáticos importantes sí, pero que, luego, los mismos tribunales que los habían condenado, procedieron a matizar sus condenas y, finalmente, descaradamente a cerrar casos y dictar libertades.
Para sellar el proceso contrainsurgente, en 1999 se manipuló la consulta popular para la ratificación de los Acuerdos de Paz. A pesar que siempre fueron acuerdos de Estado y reconocidos como tales, fue hasta 9 años después con el Decreto Legislativo 52-2005 que se reconocieron legalmente, lo que los deslegitimizó y logró borrarlos del imaginario social de la ciudadanía, como la única salida posible a resolver los casos de la guerra interna; pues debe decirse, no era un armisticio como otros acuerdos de paz en otras regiones de conflicto, sino todo un marco que abordaba la realidad estructural del país, y sus vías de solución.
Después de esto, Guatemala perdió la última oportunidad de salir del hoyo negro que se fue ensanchando cada vez más, pues todos los actores de un sistema político-electoral fallido, ni siquiera llegan a plantear planes o programas de gobierno serios. La gran tragedia es que la Ley Marco de los Acuerdos es ley vigente, pero nadie la cumple. Se pensó ilusamente que “la nueva primavera” los retomaría, pero por increíble que parezca, este gobierno no quiere saber de ellos y, muchos menos, de la justicia transicional. La instrucción es mantener EL DIÁLOGO, ese concepto vacío que no resuelve nada, que impide avanzar y que la atención solo se circunscriba a los procesos de los casos ya abiertos, no de todo lo que queda rezagado, hablando únicamente de compensaciones económicas y algunas simbólicas, que no le muevan el tapete del ejército y las élites. De esto ya he aportado varias pruebas, desde el testimonio de los propios protagonistas.
El daño mayor estaba por darse. Con la desaparición de la llamada “clase política”, el protagonismo pasó a un segmento desclasado, vulgar, ignorante y prepotente; aunque sin nexos directos iniciales con las élites, luego pasaron a ser adoptados por éstas, ante el fracaso de sus propios candidatos orgánicos. Mal con ellos, peor sin ellos pareció ser la consigna. La mayoría sigue distinguiendo entre canchitos y shumos, sin observar que, detrás, la mano que mece la cuna mantiene el control SIEMPRE.
Para lo que muchos creían el “último campanazo de rescate” las elecciones de segundo grado de 2026, resultó siendo como algunos advertimos con la anticipación de un año: nada cambió, los mismos operadores y triquiñuelas, si bien surgieron “nuevos” personajes designados, TODOS responden a la lógica perversa del sistema.
Así llegamos a la antesala de 2027 y no se necesita ser brillante analista político para saber que pasará. Entre la candidez de muchos, la perversidad de quienes operan y la indiferencia de la mayoría, la extrema derecha regresará triunfante, gracias a la gran ayuda de un gobierno inútil, desentendido y acomodado.
Por lo menos con los neofacistas, ya se tiene claridad de lo que se viene y no esperamos absolutamente nada bueno. En cuanto a la población, está claro que no se quiere. Aquí se impone la ley del más fuerte y el oportunismo puro y duro a nivel individual.
A pesar de todos los fondos que hemos tocado, para Xibalbá parece existir un abismo de profundidades infinitas.
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