(PROVOCATIO): Educación, un drama estructural que no se resuelve


Por precaria que sea la educación privada también, casi todas las familias guatemaltecas hacen un esfuerzo por colocar a sus hijos y nietos en lo privado, así sea como esos colegios en el centro histórico, en los cuales, en casas pequeñas de un nivel albergan preprimaria, primaria, básicos y como 16 carreras de diversificado, y algunos, ni siquiera cuentan con autorización ministerial.  Muchos de ellos, tampoco son baratos. De lo rural, mejor ni hablar. Debe insistirse que el drama educativo es ESTRUCTURAL.


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista políotico)

Para evaluar nuestro sistema educativo hay muchas variables, como, por ejemplo, la medición mundial de coeficiente intelectual de World Population Review, en la que ocupamos el puesto 196 de 199 países, teniendo un promedio de 47.2, cuando lo normal es de 90 en adelante.

Lo anterior, demuestra que los principales problemas nacionales (como el de educación) son estructurales.  Talla, peso y capacidad cognitiva de la niñez guatemalteca, derivan de la desigualdad de oportunidades y la desnutrición, entre otros motivos. El objetivo de quienes detentan el poder, es mantener bajos salarios y condiciones de miseria, a costa de sostener un modelo económico depredador y no mejorar la educación, más allá de lo estrictamente básico.

Otra medición que ayuda a comprender la gravedad del problema, son las evaluaciones en lecto-escritura y matemáticas. El 83.8.2% de los estudiantes no alcanza el nivel satisfactorio en matemáticas y el 64.62% en lectura. Pero algo más grave aún, es que quienes se encargarán de educar a nuestros hijos y nietos, o sea los estudiantes de magisterio, tienen un desempeño aún menor, pues lo niveles bajan al 13% y 33%, respectivamente. Para más INRI, en tiempos del gobierno de Oscar Berger, se descubrió, en las evaluaciones al magisterio, que más de la mitad no había leído un libro en su vida.

Cada gobierno de turno, expresa en campaña que lo más importante es la educación y la salud, pero una vez llegados al poder, esa preocupación se disipa o más bien, nunca existió. Generalmente, las medidas tienden a lo cosmético, como remozar escuelas y, en otros gobiernos, ni eso.

Casi todos los políticos temen enfrentar al magisterio organizado (STEG) porque eso compromete votos en las próximas elecciones. Fue hasta este gobierno, con la ministra Anabella Giracca, que la lucha fue frontal y se lograron algunos avances importantes, como retomar el control administrativo y la rectoría del MINEDUC; si bien no en forma total, por lo menos en los temas más sensibles y es algo digno de reconocer.

Otra forma de evaluar al sistema educativo guatemalteco, es con relación a la cantidad de grados aprobados en promedio, resultando un precario 6.2 años, es decir, apenas se saca la educación primaria y no con la calidad mínima que se debiera. Sin embargo, la medición en áreas rurales baja el promedio a 1.8 a 2.3 grados aprobados. Si a la ruralidad le sumamos el componente étnico, el resultado es más vergonzoso aún. La exigencia académica es deficiente, porque como me “explicó” una maestra: “si nos ponemos estrictos, no pasa nadie”. Por “estrictos” debemos entender que se refiere a un estándar básico. En Guatemala, ser rural, mujer e indígena, es una condena no solo a la discriminación y el atraso, sino a una vida llena de precariedad en todos los aspectos.

Algunas personas creen que la educación privada es mejor, pero me permito corregirles, porque en los datos expuestos, se incluyó tanto a escuelas públicas como colegios privados. Para obtener una educación de calidad, los costos son estratosféricos para una familia de clase media, no digamos para una de escasos recursos. Además, estos centros se cuentan con los dedos de las manos y los pies, a lo sumo.

Por precaria que sea la educación privada también, casi todas las familias guatemaltecas hacen un esfuerzo por colocar a sus hijos y nietos en lo privado, así sean como esos colegios en el centro histórico, en los cuales, en pequeñas casas de un solo nivel, albergan preprimaria, primaria, básicos y como 16 carreras de diversificado, y algunos ni siquiera cuentan con autorización ministerial.  Muchos de ellos, tampoco son baratos. De lo rural, mejor ni hablar…

Mediciones y estadísticas que confirmen lo expresado aquí, abundan; pero con lo expuesto, más claro, ni el agua de manantial. Debe insistirse que el problema educativo es ESTRUCTURAL, y mientras las condiciones materiales de existencia de las mayorías no cambien, ni el sistema finlandés podrá hacer algo por nuestro país.

No se puede esperar absolutamente nada de los pseudopartidos con el actual sistema político-electorero, pero guardo la esperanza que algún ministro/a de educación en el futuro, no divague en promesas vacías y se concentre en la siguiente aspiración: ¿Cómo hacemos para que la principal opción de las familias guatemaltecas vuelva a ser la educación pública, como era antes?


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