PROVOCATIO: Después del trueno ¡Jesús te ampare!


  • Las comisiones de postulación surgieron como un mecanismo del sistema para que todo cambiara, pero sin cambiar nada, al menos estructuralmente importante.
  • A lo sumo, en las comisiones se designan “profesionales”, concepto que engloba a quienes poseen un título universitario, independientemente de la honorabilidad con la que lo obtuvieron, la integridad de las entidades que representan y las capacidades que debieran exhibir, fruto del esfuerzo real.

José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

El refrán que sirve de título para esta columna, es muy común en nuestro país y refleja las consecuencias de la falta de planificación y estrategia para abordar problemas de todo tipo. En consecuencia, los resultados obtenidos, generalmente, no son los deseados.

Después de cada proceso electoral, ya por norma general, el común denominador es la decepción e, ilógicamente, por alguna extraña razón, aflora de nuevo el síndrome de la sempiterna esperanza, al creer que nuestra suerte pueda cambiar, en los próximos comicios, cada cuatro años. 

De hecho, la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) dejó consignado un placebo muy funcional.  Después de las elecciones, indica la norma, deberá hacerse una evaluación para proponer cambios a la Ley. Lo que sucede en la práctica son dos variables: Se efectúan rondas inútiles e improductivas de qué y cómo se debería cambiar la LEPP y sus reglamentos, sin llegar a ningún acuerdo. Resultado lógico pues quienes participan, en su mayoría, son los propios partidos políticos y nadie quiere, por supuesto, cambios que los afecten. La otra variable (como recién acaba de suceder) es que se efectúen cambios no estructurales a favor del pervertido sistema político-electorero, que favorecen las prácticas espurias de los politiqueros.

No es casual que las campañas anticipadas se adelanten cada vez más y, ahora, contando con permiso legal, al flexibilizar las normas de control sobre el proselitismo y campaña propiamente dicha. Las últimas reformas no hicieron más que facilitar a las plataformas electoreras, las prácticas contrarias a una democracia funcional, al menos formal. He escrito varios artículos sobre la inexistencia de partidos políticos per se, desde la desaparición del último en 2007 (la Democracia Cristiana Guatemalteca) así como la persistencia de un sistema político-electoral antidemocrático y fraudulento, por lo que no insistiré en ello.

Con la Ley de Comisiones de Postulación pasa algo muy similar a lo ya comentado. Hoy, la coincidencia de varias elecciones de segundo grado, hizo más visible la perversión de quienes conforman dichas comisiones y cómo, los mecanismos sistémicos, operan a favor de las mafias que detentan el control político-jurídico-académico del país. En esto debe puntualizarse que dichas mafias tienen diferentes niveles y categorías.  Conocemos a los más visibles y grotescos, pero no vemos a quienes están detrás de ellos, personajes “elegantes” que delegan el trabajo sucio y que hablan de moralidad, urbanidad y ejercicio ciudadano honesto, pero que, en la práctica, solo les interesa mantener privilegios y, para ello, necesitan de resultados que se los garanticen.

Las comisiones de postulación surgieron como un mecanismo del sistema para que todo cambiara, pero sin cambiar nada, al menos estructuralmente importante. Se pensó en la academia, término del que se ha abusado mucho, desconociendo las claras diferencias entre profesional, académico e intelectual. Representar a una facultad y/o universidad, no lo hace académico de la noche a la mañana, mucho menos intelectual, que es el sentido que se ha pretendido vender. A lo sumo, en las comisiones se designan “profesionales”, concepto que engloba a quienes poseen un título universitario, independientemente de la honorabilidad con la que lo obtuvieron, la integridad de las entidades que representan y las capacidades que debieran exhibir, fruto del esfuerzo real.

Se recurrió a los sectores supuestamente académicos, por su importancia y talante ético, pero la realidad desmonta esta premisa.  Por otra parte, ninguna universidad guatemalteca aparece en el del Top 1000 del QS World University Rankings, aunque digamos que, para nuestra realidad aldeana, escoger a las universidades pudo ser una medida aceptable pero susceptible a ser corrompida como lo hemos comprobado, porque lo que debe cambiarse es la estructura sistémica y no los mecanismos operativos.

Muchos sectores exclaman con gritos al cielo y demandan la revisión y modificación del procedimiento de comisiones de postulación, pero repito, manteniendo la estructura espuria.  El juego es parte del sistema, distrayendo la atención sobre lo verdaderamente importante.

Guatemala es un país lleno de folklorismos y no faltará el ocurrente que mencione la posibilidad de eliminar a las universidades y, en su lugar, se opte por que sean ministros de culto… Aunque lo más descarado pero realista al fin, sería dejar en manos de los empresAUrios y el narco estos puestos, ya que ellos son quienes, en verdad, deciden.

Lo que nunca cambiará, es la aparente sorpresa que se manifiesta después que dichos eventos acontecen.

¿Será que algún día nos anticiparemos al trueno?


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