PROVOCATIO: Calentamientos preelectoreros

PROVOCATIO: Calentamientos preelectoreros

Lejos queda ya, la época en que las élites tradicionales eran las únicas que somataban la mesa. Ahora, la clase dominante es una mezcla de empresaurios tradicionales y nuevos ricos, conformados por el narco, la alta burocracia civil y militar, operadores políticos de alto nivel y variado talante, dirigentes pastorales de todo signo, unificados todos, por la depredación del Estado en torno a la corrupción y la impunidad.

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

A pesar de la historia política de los últimos 68 años, marcada por una feroz dictadura militar de 1954 a 1985 y una caricatura democrática desde 1985 a nuestros días, en solo 11 meses asistiremos a una edición más del simulacro de elecciones libres.

Quizá en esta ocasión se tenga más abstención y votos nulos, pero eso no cambia el resultado en absoluto, porque porcentualmente, son marginales. Además, si hay poca participación (menos del 50%) se dirá que aquí es como en otros países, incluso desarrollados, en donde la ausencia de votantes es alta. Si se alcanza la mitad más uno, se darán por satisfechos porque la mayoría se pronunció –dirán los del pacto criminal–.

Conocedores de las estadísticas, los redactantes de la normativa electoral, dispusieron en las reformas de 2016, que el voto nulo ahora sería vinculante, eso sí, si alcanza la mayoría absoluta de votos (mitad más uno), sabiendo que los porcentajes históricos están muy lejos de eso. Para más inri, dispusieron que las elecciones deberían repetirse, pero con los mismos partidos y candidatos, lo que no permite resultados diferentes.

Dicho esto, es obvio que tendremos más de lo mismo, pero con un espectáculo cada vez más grotesco y para nada creativo. Haciendo las mismas cosas, no hay que ser analista para saber que los resultados no cambiarán en esencia.

Diversos colegas y amigos me han manifestado sus inquietudes acerca de lo que llamo, el calentamiento preelectorero. Sin sistema de partidos políticos, sin planes y programas, sin liderazgos reales y sin ideología, aquí no se llega a lo electoral. Las preguntas recurrentes son: ¿Qué pasará con Sandra y la UNE? ¿Correrá Zury? ¿Qué pasará con la Izquierda? ¿Qué tan real es la ubicación de Thelma Cabrera del MLP en el top 5? ¿Quién representa a la verdadera Izquierda? ¿Quién o quiénes representan a las élites? ¿Hasta dónde llegará Giammattei y su mancebo en la eliminación de oposiciones? ¿Qué tan fiables son las encuestas que empiezan a salir?

Lo irónico del caso es que estas preguntas, no solo las hacen quienes ilusamente creen en las elecciones como una solución, sino aquellos supuestos críticos del sistema, incluyendo a tirios y troyanos de cualquier pensamiento, orientación, emoción, estirpe y condición.

Para contestar la primera pregunta, debe entenderse primero que, los votantes, se inclinan desde hace mucho, por candidatos/as, no por partidos, como era antes. Por supuesto que, en el siglo pasado, no había un cartón de lotería como ahora y, entonces, era más fácil posicionar a la banderita con la daga, del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), a la mazorca del Partido Institucional Democrático (PID), al mapa nacional del Partido Revolucionario y a la estrella blanca sobre el fondo verde de la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG).

En las mediciones de todo tipo, cuando se le pregunta a la gente por qué partido votará, la inmensa mayoría no menciona organización alguna sino el nombre de su favorito o de quién tiene más inmediato en su imaginario (que son cosas muy parecidas pero diferentes). Esto lo comprobamos, por ejemplo, en el caso de Jimmy y Giammattei, a quienes difícilmente asociaban con FCN y VAMOS. Esto explica, en parte, el top of mind actual de los 5 más mencionados: Sandra, Zury, el hijo de Arzú, el Viejito y Thelma Cabrera. Ellas y ellos, son las prontas respuestas que conforman el imaginario ciudadano. Por otra parte, la posible desaparición de la UNE no será la hecatombe que muchos piensan, por el personalismo de la elección.  

Es de hacer notar que, en el caso de Roberto Arzú, la gente sigue pensando en su padre y como tuvo otros dos hijos, optan por mencionar al más conocido por su repetitiva, cansada e insulsa aparición en los canales mexicanos de la TV nacional (valga la sorna), lo cual nos recuerda la historia de Jimmy. Energía eléctrica gratis por 10 años y aporte mensual por estudios, son sus descabelladas pero llamativas propuestas.

Cuando un nombre no termina de entrar en la cabeza, Edmond Auguste Mulet Lesieur es el prototipo; la gente lo ubica no por su edad, sino por su apariencia (el Viejito), aunque a su favor debemos decir que los diminutivos, normalmente, son formas coloquiales de “cariño”[i]. Por cierto, este candidato es uno de los consentidos de las élites, a pesar de las muchas piedras en su tejado. Ante la carencia de intelectuales (al menos conocidos o con ambiciones políticas) un hombre de Naciones Unidas es lo más cercano y mercadeable como tal.

Zury representa un caso especial, pues muchos dicen que es la candidata favorita de la derecha y extrema derecha, lo cual, no es necesariamente cierto. Conozco muchos conservadores que la rechazan, aunque, ciertamente, si llega a la final, podría ser considerada un mal menor. El desenlace del estira y encoge con el Eleq’on, decidirá si participa o no y en qué condiciones.

Con Thelma Cabrera, sucede un caso paradigmático. Desde la elección anterior, sus votos eran personales y de ahí el resultado tan pobre del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) con cero alcaldes y una sola diputada electa. En 2019, se pudo advertir que los votos a favor de la mujer indígena de izquierdas provenían de varios afluentes, no necesariamente con afinidad ideológica. Quizá pueda representar el voto de hastío y cansancio, pero lo cierto es que el MLP, no termina de levantar y depende mucho de ella, electoralmente hablando.

Hay una arista que pocos tocan y es la necesidad de la extrema derecha de crear un enemigo interno ficticio (como ha sido también el caso de Sandra Torres), ante la debilidad de las izquierdas. Llama la atención, en Twitter principalmente, que muchas de las menciones hacia doña Thelma, son de voces ultraconservadoras que la quieren posicionar como la contendiente a vencer, por “india, comunista y resentida”. Zury, por citar el ejemplo más cercano, depende de ese tipo de narrativa para convencer a todas las derechas: mal con ella, pero peor sin ella.

Las izquierdas, tal y como fueron conocidas históricamente, ya no son lo que eran. La corrupción contagia por igual a todos los espectros y está comprobado que, el asco anterior al sistema, ahora devino en un mal necesario del que varios se sirven para su subsistencia. Las mismas derechas, sabedoras de su debilidad, les abren espacios para hacer creíble el juego eleccionario. Ese dominio conservador, a su vez, les permite el lujo de pelearse entre sí, apostando a varias candidaturas.

La unidad de las derechas, a diferencia de las candidaturas de Arzú y Berger, está lejos, y lo mismo pasa en las consideradas izquierdas, que optarán por ser cabeza de ratón y no cola de león. Paralelamente, el pacto criminal aprovechará esa división para imponer su juego, pues como siempre, la casa nunca pierde. Lejos queda ya, la época en que las élites tradicionales eran las únicas que somataban la mesa. Ahora, la clase dominante es una mezcla de empresaurios tradicionales y nuevos ricos, conformados por el narco, la alta burocracia civil y militar, operadores políticos de alto nivel y variado talante, dirigentes pastorales de todo signo, unificados todos, por la depredación del Estado en torno a la corrupción y la impunidad.

Finalmente, debe decirse que las encuestas no son más que una foto que describe, aproximadamente, una situación concreta en un momento concreto. Muchas de ellas no diferencian el posicionamiento top en el imaginario social, que es en realidad lo que las encuestas miden, de la preferencia real de voto. Hay muchas encuestas “marca patito” y otras más creíbles. La era digital, plaga de mediciones poco serias el ambiente, valiéndose de sondeos en celulares para medir tendencias. Lo cierto, es que todas coinciden, más o menos, con el top 5 aquí mencionado, aunque usted no lo crea.   

En once meses todavía pueden pasar muchas cosas, pero ninguna, radicalmente diferente. Mientras tanto, el candidato oficial, no agarra señal ni con el recién estrenado 5G.


[i] Lo de “viejito” no es invención personal, sino que ya he escuchado el epíteto en múltiples ocasiones. Lo mismo pasa con “el hijo de Arzú”.

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