La red vial del país, reflejo de corrupción e incapacidad

La red vial del país, reflejo de corrupción e incapacidad

El ministerio de Comunicaciones se ha convertido en un ejemplo claro de la forma en que se manejan los grandes negocios en el Estado.  Hay mucho dinero y pobres resultados.

Gonzalo Marroquín Godoy

Hace algunos años, hice un viaje familiar por tierra hacia Belice, pasando por Petén unos días.  Todos los lugares que visitamos son espectaculares, ya sea por su belleza natural o imponencia arqueológica.  Guatemala es un auténtico espectáculo para cualquier turista extranjero o nacional, porque la oferta de destinos es simplemente maravillosa.

Esa es la buena noticia.  Pero la mala, es que nuestras autoridades que han pasado por el ministerio de Comunicaciones se han enriquecido grandemente, mientras que la red vial, a pesar de contar con un presupuesto millonario se mantiene en trapos de cucaracha, aunque es evidente que de vez en cuando hacen alguna obra más o menos, pero ¡por supuesto!, siempre embadurnada con algún buen soborno, que permite que los constructores hagan cualquier mamarrachada.

En aquel viaje a Belice pude comprobar que un país con escasos recursos, con una economía mucho más pequeña que la nuestra, pero sin duda con menos corrupción y más eficiencia de sus funcionarios, tenía mejores carreteras que las nuestras.  Al solo pasar la frontera el cambio era evidente.  No son autopistas, pero están bien construidas y se ve que reciben su adecuado mantenimiento. De viajar en medio de baches y partes sin asfalto (Guatemala), pasamos a lo que entonces nos pareció un decente país en vías de desarrollo.

El tiempo ha pasado, pero en el ministerio de Comunicaciones se ha vuelto una mecánica que las obras se entregan a quien ofrece la mayor comisión (10 o 15%, o más) y a los amigos preferidos del grupo político que accede al poder cada cuatro años, porque esos sobornos se vuelven un auténtico botín a distribuir en la cúpula.

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En marzo, por invitación de mis hijas fuimos de nuevo a Petén.  Encontramos carreteras en distintas condiciones.  Unas bastante decentes, como la que lleva al Cráter Azul, y algunas, como la ruta a las imponentes ruinas mayas de Yaxá, que ni siquiera han sido asfaltadas, a pesar de su gran valor turístico.

El guía nos comentó que en tres ocasiones diversos gobiernos han inaugurado la obra para asfaltar esa ruta –lo que supondría que hay presupuesto para ello–, pero ninguno la ha llevado a cabo.  No hay que ser un genio visionario para imaginar cómo tendrían en el vecino México una carretera a un centro arqueológico con esas características.

No puedo asegurar que lo que me afirmó el guía sea cierto, pero lo que constaté es que recorrer el corto tramo de una pésima carretera de terracería nos tardó cerca de una hora, contra quince minutos que tomaría si estuviera asfaltada.

Si no hubiera presupuesto porque se está atendiendo la pobreza, la educación, la salud y demás, se podría al menos entender.  Pero no, hay sumas multimillonarias destinadas, supuestamente, para construir y dar mantenimiento a las carreteras. Se gastan anualmente cerca de Q10 mil millones para la red vial.  Esa supuesta inversión no se ve en nuestras carreteras.  ¡Ah! Y recordemos que hasta hay un fondo específico producto de un impuesto a las gasolinas, que se debe destinar al mantenimiento de rutas.

Uno de los lugares más bellos de Guatemala, visitado por chapines y de todas las nacionalidades, es el bello lago de Atitlán, al que se llega por la Ruta Interamericana y la ruta de la costa.  En ambas vías, pero especialmente por la importante Ruta Interamericana, hay grandes tramos de la carretera con enormes hoyos que pueden destruir el tren delantero o trasero de cualquier auto.

De hecho, en estos días ha circulado un video de un motorista que corre irresponsablemente por esa ruta.  En una vuelta se derrapa y pasa a los carriles en vía contraria para ir a impactar con un automóvil.  La tragedia provocó la muerte del motorista y grandes daños materiales.  El tema es que en ese tramo no había bordillo de división, lo que habría impedido que el accidente tuviera tal magnitud.

El tramo entre los pintorescos pueblos de San Juan la Laguna y Santiago Atitlán, hay un tramo de terracería por el que se recomienda no circular, pues se tiene que ir tan lento, que se ha formado una o más pandillas de delincuentes que aprovechan las condiciones para asaltar a quienes se atreven a pasar.

La lista es larga.  Escuché un video con la queja del alcalde de Moyuta, Jutiapa, quien está a la espera de que el ministerio de Comunicaciones asfalte un tramo importante para la comunidad, pero ni el presidente Giammattei, quien según el jefe edil ofreció la obra, interviene favorablemente.

Este ministerio es uno de los focos de mayor corrupción en el Estado.  No solo se cobran sobrevaluadas las obras, sino que además sirve para financiar campañas, tal como lo denunciara un testigo en el caso de la campaña presidencial del actual presidente de la República.

Cuando viaje, si la carretera está en mal estado, piense sobre esto.