LA RED: ¡Desmoche!

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Por Crispino Picón Rojas

¡Desmoche!

(Dícese del momento en que se vuelan cabezas; quitar personas incómodas de en medio)

Uno a uno fueron entrenando los comensales: diputados, ministros, secretarios, chafas y uno que otro mesero –mis cuates informantes–, para pasarles un par de frías, wiskis, botanas y luego el suculento almuerzo, preámbulo del brindis para celebrar anticipadamente la tarea que se propondrían: llevar a cabo un desmoche de altos vuelos.

Lo que me dicen mis informantes, es que todos parecían saber de antemano a las conclusiones que llegarían.  El presi, Alejandro Giammattei, esperó que todos estuvieran cómodamente sentados y bien atendidos –¡salud!–, para hacer acto de presencia, acompañado nada menos que por Miguel Martínez,  el amo y señor del Centro de Gobierno, esa instancia que nadie entiende, pero sirve para que el joven genio dicte órdenes y ponga en cintura a funcionarios, empresarios y políticos.  En otras palabras, el poder tras el trono

Al pobre que le hubiera dado un chucaque si lo invitan, es al doctor Edwin Asturias, porque a todos los presentes les valió madre el uso de la mascarilla para que no les diera covid-19 y rempujaban gritos a diestra y siniestra, lanzando todo tipo de las peligrosas gotículas.  Dicen las malas lenguas –pero a nadie le consta–, que fue allá donde se contagio Allan Rodríguez, el antipático gordito que presidente el Congreso.  En todo caso, volviendo al tema que nos ocupa, pues resulta que Miguelito fue el encargado de declarar abierta la reunión y darle párrafo a cada uno, pero puso los puntos sobre las íes: — Gracias por venir.  Tenemos una agenda extensa, pero es claro que todos presentes comprendemos la urgente necesidad que hay de poner en orden la justicia, algo que no le gusta a don Jordán Rodas, como tampoco a los magistrados de la CC.

Astutamente, el presi dejó que despotricaran todos los presentes.  Se desgarraron las vestiduras uno a uno.  El más contundente fue Felipao Alejos, quien se pronunció como todo un patriota. — Bien decían Jimmy y el insigne padre de Alvarito (Arzú): hay que terminar con las ratas antes de que se vuelvan plaga.  Por eso, no debemos escatimar fuerzas para sacar a Amparito llamando así al PDH se mete en la bolsa al presi– y a esas lacras de la CC, que ya se creen más poderosos que nuestro noble Congreso, máxima representación del pueblo.

Arrancó aplausos con su discurso.  La mesa estaba servida –en todo sentido–.  Hay unanimidad para llevar a cabo el desmoche.

Con lo que no contaban los nobles padres de la patria, y demás funcionarios, es que pronto el chisme estaba saliendo para la prensa.  Más rápido que ellos volvieran a Guate, ya se sabía de la conspiración.

Cuando Miguelito supo que se había destapado la olla, le recomendó a su jefe que llamara al asesor Poll Anria, quien les aconsejó crear un ambiente de incertidumbre y confusión. — Hay que inventarse que hubo otra reunión, con más o menos la misma gente, pero para tratar temas del covid-19. ¡Brillante!  Seguro que pronto dará otra conferencia para contar al mundo como fue de genial para sacar del clavo al presi.

Solo que esta vez no se baboseó a nadie y el asunto está vigente, aunque se hayan debilitados las fuerzas que ya daban por sentado  pronto a Rodas y a los magistrados.

En el camino a casa desde la finca presidencial, Gammattei y Migfuelito, repasaron el músculo que podían tener para llevar a cabo el desmoche.  Se sentían confiados y satisfechos.  Sintiéndose triunfadores, exclama el presi que hay otra parejita a la que ¡ya no aguanto! y menciona nada menos que al vicepresidente Guillermo Castillo, y a Carlos Contreras, el mero tenazudo del IGSS. 

Al primero lo ha borrado hasta de los chats del Gabinete, y al segundo lo trae entre ceja y ceja –y vaya si eso no es peligroso–, porque nunca hace lo que le pido. Por eso, le pide a su secre particular, que los agregue a la lista de los descabechables. Nada de alta política, nada de actitudes de estadista.  ¡No!, el presi se les tira a la yugular a quienes no le dicen a todo lo que quiere, ¡amén!


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