PROVOCATIO: Las cataratas de la visión ciudadana

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“Una catarata es una opacidad de la transparencia normal del cristalino del ojo. En el caso de las personas que tienen cataratas, ver a través de cristalinos opacos es como mirar a través de una ventana empañada o escarchada.”

José Alfredo Calderón

Historiador y analista político

Como ya es una costumbre, sigo insistiendo que el insumo básico para cualquier análisis y organización de lucha social es la claridad política, pues su carencia, se asemeja a las cataratas en los ojos. No hablo de intrincados ejercicios mentales producto de formaciones académicas sofisticadas. Básicamente, me refiero a un sentido común, claro está, basado en los conocimientos que nos brindan las ciencias sociales en general y la historia en particular. Los títulos académicos no son necesariamente un referente incuestionable, pues he visto casos, por ejemplo, de campesinos y obreros con escasos estudios, pero una claridad política impresionante.

Persisto en el tema porque es preocupante que, incluso los sectores que tuvieron el privilegio del estudio y la formación universitaria profesional, siguen agarrando el rábano por las hojas. El problema se agrava cuando estos personajes devienen en formadores de otros ciudadanos, o bien se erigen en dirigentes sociales, sean electos o autoproclamados. Entre estos, hay dos tipos: Quienes navegan con bandera de babosos y aviesos fines (los más peligrosos) y los que hacen su esfuerzo con buenas intenciones, pero escasa o mala formación política, que es lo que permite tener la ya mencionada claridad política.

La pregunta generadora es: ¿Quién manda y decide en este territorio llamado Guatemala? Para dilucidar este cuestionamiento, se debe recurrir a un mapeo político básico que permita identificar actores y el papel que juegan, con énfasis en su importancia e incidencia real.

Actores de primer nivel

Empresariado organizado, Estados Unidos, cúpula militar, líderes religiosos, alta burocracia y principales proveedores del Estado, dueños de medios de comunicación (mass media), operadores políticos de alto nivel. ¿Quiénes de estos toman las decisiones más importantes? ¿Quiénes diseñan y luego ordenan? ¿Quiénes son comparsas reproductores del poder principal?

Empresariado organizado

Es común el error de meter en un mismo saco a todos los empresarios. Como ya he venido explicando en distintos espacios, existe el capital oligárquico (el más conservador), el capital corporativo transnacional y el capital emergente (el más heterogéneo).

El segundo error más importante, es creer que todos los empresarios organizados en el CACIF son los que toman las decisiones clave en el presente y futuro de Guatemala. Quien parte y reparte el pastel, es la camarilla organizada en los 8 grupos empresariales más grandes y fuertes (G-8), que representan aproximadamente a las 22 familias más poderosas de este país.

Es un grupo esencialmente endogámico, por lo que puede aumentar en número, pero cualitativamente son básicamente lo mismo.  El G-8 tiene un adlátere, una familia sin el pedigrí[i] oligárquico, pero con enormes recursos (capital corporativo transnacional de los Gutiérrez Bosch). En este exclusivo club entra FUNDESA, brazo social del G-8 y que opera como conexión con el CACIF, quien es el que tiene la personalidad jurídica y “representa” política y administrativamente al empresariado. En otras palabras, es la organización que sufre el desgaste, pero las decisiones siempre vienen de la reducida cúpula empresarial, concentrada en un ente sin personalidad jurídica y que pocos identifican, como lo es el G-8.

En el CACIF cabe Segismundo y medio mundo, desde pequeños y medianos, hasta grandes organizaciones, pero los dictados principales los toman los de la foto. En la directiva siempre hay presencia del G-8 pero no como tal; incluso, en ocasiones, admiten un par de empresarios medianos en la directiva para darle mayor representatividad a la asociación formal de las cámaras empresariales.

Otra catarata en la visión ciudadana es la identificación errónea de los actores empresariales principales, creyendo que los más visibles y públicos, son los más importantes. Recurro a un ejemplo: Dionisio Gutiérrez y Felipe Bosch son mencionados continuamente como cabezas del grupo Multi Inversiones, pero el personaje que cuenta con el poder duro es primo del primero y hermano del segundo (dejo la tarea).

Confundir jerarquías y roles es una catarata más, pues a veces se identifica un operador político de alto nivel, que habla en representación de las élites, como si él fuera parte de ese exclusivo grupo sin serlo. Los operadores de este tipo pueden provenir de dos segmentos: Los caciques provenientes de los partidos políticos, financiados y dirigidos por las cúpulas empresariales; y aquellos que, por su capacidad, experiencia y confianza de las élites, se convierten en interlocutores claves: abogados, dueños de medios, colegas empresarios de menor nivel y capital, jerarcas militares y religiosos, por ejemplo.

El gobierno de Estados Unidos

Otro ente mal leído. La Embajada, su reconocida representación político-administrativa en el país, depende de corrientes internas que no siempre están en la misma sintonía. Pentágono, CIA y el Departamento de Estado parten del mismo principio: el Establishment es lo más importante, incluso por encima de los partidos Republicano y Demócrata. Sin embargo, en el camino, las visiones de cada organización difieren en enfoque y forma de abordaje, por lo que una decisión unificada no siempre es posible, ni rápida de tomar.

En ocasiones, cuando la gestión diplomática fracasa o se manifiesta incapaz, las decisiones son tomadas desde el Departamento de Estado, recurriendo incluso a visitas de alto nivel al país para corregir la visión (eliminar cataratas) y afinar las tácticas y estrategia de abordaje de los asuntos más delicados.

Otra distorsión es creer que somos muy importantes para Estados Unidos, ignorando que sus preocupaciones fundamentales siempre tienen que ver con tráfico de drogas, migración y otros aspectos de seguridad regional. El estado de derecho, la democracia y los derechos humanos son importantes en el papel y el discurso, pero la agenda crítica se basa en lo ya mencionado.  

Dejo para otra ocasión a los actores de alto nivel cuya función básica es reproducir las decisiones de los dueños de la fincona y aplicar los métodos que diseña el verdadero poder. La cúpula empresarial ultramontana y Estados Unidos son los factores de poder principales, de donde se derivan los demás poderes fácticos menores.  

Sin embargo, debo insistir en algo básico que aclararía mucho la visión ciudadana: Los políticos, por muy alta jerarquía e influencia que tengan, son reproductores del sistema y fusibles descartables para cualquier momento. Mientras la vindicta ciudadana se concentre en ellos, el sistema se fortalece pues no se tocan sus bases estructurales e históricas. Tan dañino e inútil es atacar un problema desde sus efectos en lugar de las causas, como lo es atribuir a la mal llamada “clase política” el origen de todos los males. Su visibilidad, calaña y descaro los hace jugar el papel de villanos mientras se protege, desde las sombras, a los verdaderos culpables de guante blanco.

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Si no avanzamos en eliminar la catarata ciudadana principal, la población seguirá enfocada en las próximas elecciones de turno. Al respecto, desde el primer fraude electoral post contrarrevolución (1957) a nuestros días, ya vemos como nos ha ido y seguirá yendo.

Dejo una pregunta final: Si asumimos que no es ignorancia ¿Por qué los dirigentes sociales urbanos insisten en seguir culpando a quienes solo operan los deseos elitarios y protegen los intereses de los dueños de este hermoso paisaje? ¡El verdadero enemigo debe identificarse plenamente sin dejar de señalar a sus cada vez más descarados operadores!


[i] Lo que distingue, entre otras cosas, al capital oligárquico y el corporativo, es la conjunción de abolengo y capital en los primeros, respecto de los otros a quienes llaman despectivamente nuevos ricos.