PROVOCATIO: Aferrarse a la esperanza de lo mágico

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Si queremos que algo cambie, no basta con desearlo, debemos construirlo y mejor si es colectivamente, pues recuerde que solo, quizá avance más rápido, pero con otros y otras, lo hará en el camino correcto.  

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

Suelo colocar provocaciones en redes sociales para generar reflexión y debate o simplemente para comprobar características culturales bien definidas y enraizadas en la psiquis de los guatemaltecos. Algo que siempre me ha llamado la atención, es esa manía de la mayoría por aferrarse a las ideas mágicas. Dudo mucho que, quienes así piensan y actúan, hayan conocido y leído a poetas como Emily Dickinson[i], quien decía:“La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta sin parar”.

La esperanza mágica de la que hablo es cimarrona y tiene que ver con expresiones cotidianas que oímos consuetudinariamente en el trópico. Pareciera un asunto baladí pero ahora sabemos que solo existe lo que se nombra y que la forma como pensamos y hablamos, la mayoría de las veces, define lo que hacemos. La provocación que someto a vuestra consideración ahora se refiere a las expresiones que se acostumbran, especialmente a fin de año e inicio de año nuevo, que hablan con el estilo de esperar lo mejor sin que eso implique ningún esfuerzo o circunstancia: “Ojalá que el año nuevo me traiga cosas buenas” y su variante “nos traiga” (para no ser egoísta, digamos).  “Que el año entrante venga con dicha, felicidad, dinero, amor, trabajo y…” (agregue lo que se le ocurra).  El año que viene se asemeja, entonces, a un bus mágico cargado de dicha y felicidad (o su contrario), en la que mi voluntad y trabajo tienen poco o nada que ver.

Un repaso rápido por la programación neurolingüística nos enseña a identificar y usar modelos de pensamiento que luego –sabemos– influyen sobre el comportamiento de una persona o grupo de personas. Veamos cómo se lee lo anterior con nuestra voluntad y esfuerzo por delante: “Ojalá que el año entrante sea el escenario en el que mis esfuerzos den fruto”, “Ojalá que el año entrante sea el escenario donde nuestros sueños tengan vida”, “este nuevo año me esforzaré porque mi vida sea mejor y ayudaré a otros a lograrlo”, “aún con las adversidades que pueda presentar el nuevo año, pondré mi corazón y mi trabajo para sortearlas”.  Usted puede jugar con las variantes que quiera, pero el asunto toral es que, si usted no se mueve, NADA se moverá. Sin su esfuerzo, sin sus sueños, sin su voluntad, ningún piloto de ningún camión mágico le traerá nada. Y no quisiera sonar pesimista sino realista. Repito, pareciera simple, muy simple y banal, pero no lo es. Los ejemplos abundan pues este pensamiento mágico de esperar sin hacer nada está muy presente en la vida de los guatemaltecos.

Esperamos que las clicas que mal gobiernan este bello paisaje cambien, lo cual no sucederá porque los hampones tienen encarnada la vileza y la perversión, y nosotros, no anteponemos nuestra lucha de calle para cambiarlos: Un país de verdad es lo que la gran mayoría queremos. Ahora bien: ¿cuántos tienen claridad de su aporte y esfuerzo para lograrlo?

Esperamos un mejor trabajo, pero es poco o nada lo que hacemos para conseguirlo: adquirir nuevas herramientas de aprendizaje, aprender o dominar otros idiomas, construir networking y tantas cosas más. Queremos que nuestra pareja cambie, pero quizá quien debe cambiar es uno/a mismo/a. Deseamos y asumimos que nuestros hijos mejorarán en el estudio, pero no les dedicamos tiempo ni nos esforzamos por facilitarles las herramientas para que lo logren. Anhelamos ahorrar para un viaje o una casa, pero seguimos con los malos hábitos de gastar en vicios o en cosas superfluas. Soñamos con ser mejores personas, pero somos incapaces de construir nuestro propio plan de vida, basado en nuestras capacidades y habilidades.

Entiendo que mucha de la “esperanza” se relaciona con la “fe” y tiene que ver con el pensamiento religioso, el cual respeto, aunque no lo comparta. Sin embargo, permítaseme mencionar que fui criado en un hogar católico y formado en colegio también católico, pero recuerdo que, tanto mis padres, como los hermanos maristas, me inculcaron ese tipo de esperanza que tiene que ver más con la espiritualidad que con los dogmas; con esa responsabilidad que da el libre albedrío para estar consciente del papel protagónico que me corresponde en mi propio futuro y que, sin esfuerzo, no se obtiene.

Hace mucho entendí que mis sueños se pueden nutrir de esperanza, pero se concretan con el esfuerzo que proviene de mi férrea pero sensible voluntad. Si queremos que algo cambie, no basta con desearlo, debemos construirlo y mejor si es colectivamente, pues recuerde que solo/a, quizá avance más rápido, pero con otros y otras, lo hará en el camino correcto.

Es tan poderoso el pensamiento y el condicionamiento reflejo que provoca en la conducta, que muchos de los que hemos entrevistado a cientos de personas por cuestiones de trabajo, adquirimos la destreza de saber si el entrevistado tiene o no trabajo actual, aunque no lo diga, si es seguro o inseguro, si es sencillo o altanero, si sabe lo que quiere o solo está buscando chance, mientras le sale una oportunidad mejor. En caso de duda, sobre todo cuando se trata de posiciones de alto rango, bastan dos preguntas para desarmar a muchos:

  1. ¿Cuál es su propósito de vida?
  2. Cuénteme sobre su plan de vida.

Si las personas no pueden contestarlas asertivamente, la entrevista termina en su propio inicio. Los ejemplos podrían continuar ad infinitum, pero la idea central que quiero dejar provocada es que todo plan, proyecto o programa, empieza por uno/a mismo/a y se concreta en la medida que cada quien se prepare y se esfuerce para lograr las metas fijadas. Usted tiene el derecho de creer en lo que quiera y de la forma que desee, pero tenga presente que todo arranca y se concreta en usted mismo/a, a menos, claro, que pertenezca a esa minúscula porción de privilegiados que heredaron mucha plata y estatus. Los simples mortales con dos dedos de frente, no podemos vivir según la frase de las abuelitas: “Suerte te dé Dios hijo, y que el saber poco te importe”.

Recuerde, además, que antes de pedir que los demás cambien, revise si el cambio no debe empezar por su persona, su casa y su ejemplo de vida.


[i] Poeta estadounidense nacida en 1830 y fallecida en 1886. Su poesía apasionada la colocó, según dicen los que saben, en el reducido panteón de poetas fundamentales estadounidenses junto a Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman. La mayoría de sus poemas salieron a luz después de su muerte.


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