ENFOQUE: Reflexiones de una vida paralela

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Durante la mayor parte de mi vida he podido ver de cerca el quehacer político.  He visto gobiernos de todos los colores y sabores… con resultados muy parecidos.

Gonzalo Marroquín Godoy

Esta semana arribé a los 67 años.  Lógicamente una oportunidad para reflexionar un poco sobre todo.  Éxitos, logros, fracasos y sobre todo la vida familiar y aspectos personales.  El balance es que tengo mucho que agradecer a Dios por estas casi siete décadas de vida intensa. 

Pero también me sirvió para pensar en algo que compartir con mis queridos lectores, pues es un largo período de la historia de Guatemala y han pasado muchísimas cosas, tantas, que daría para escribir un libro apasionante.  Pero como el espacio es limitado, haré un repaso a vuelo de pájaro de lo que ha sido la historia política de nuestra bella Guatemala.

Nací en un año trascendental. En 1954 el país tenía el Segundo Gobierno de la Revolución, y el presidente Jacobo Árbenz Guzmán, estaba ya al borde de un precipicio que marcó el inicio de las divisiones ideológicas en el país.  El mundo estaba enredado en la llamada Guerra Fría, y Estados Unidos intervino en Guatemala por medio de la CIA para derrocar al mandatario, bajo el pretexto de que estaba por abrir las puertas al comunismo en el continente americano.

El coronel Carlos Castillo Armas le sucedió en el poder y luego fue asesinado en circunstancias que nunca se esclarecieron.  Ya entonces había pobreza y amplios sectores de la población, principalmente indígenas, permanecían marginados. 

A Castillo Armas le sucedieron tres gobiernos en menos de un año, hasta que Miguel Ydígoras Fuentes gana las elecciones y empieza un período de gobiernos militares, con un breve paréntesis con un presidente civil, Julio César Méndez, (1966–1970).

A Ydígoras, los mismos militares le dan golpe de Estado porque se había dado el surgimiento de la guerrilla izquierdista y había mucha ebullición social.  Yo patojo, escucho por primera vez eso de dar un golpe.

Ya con el coronel Carlos Arana Osorio en la presidencia (1970), principio a dar mis primeros tanes en el periodismo.  No recuerdo haber realizado alguna cobertura periodística importante en aquel tiempo, pues era bisoño en la profesión.

Luego, conocí y traté periodísticamente a todos los mandatarios de la era militar.  Los generales Kjell Eugenio Laugerud, Romeo Lucas, los golpistas Efraín Ríos Montt y Oscar Mejía Víctores.  La pobreza, mala educación, deficiente sistema de salud, inseguridad y violaciones a los derechos humanos eran nota destacada.  Cambiaba el estilo, pero no los resultados.

Llegó la era demócratica con Vinicio Cerezo, Jorge Serrano –golpista contra Congreso y Corte–, Ramiro de León Carpio, Álvaro Arzú, Alfonso Portillo, Oscar Berger, Álvaro Colom, Otto Pérez, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei.  A la mayoría de ellos les conocí previamente a nivel personal.  Todos en campaña ofrecieron cambiar el país.  Todos reconocían que había que combatir la pobreza, mejorar educación, salud y seguridad.  Todos, durante su gestión, hablaron –y hablan– de las maravillas de su gobierno.  Cada uno asegura haber hecho más que todos los anteriores juntos.

El resultado es el mismo.  Guatemala se ha modernizado en muchos aspectos, la macroeconomía se ha mantenido, pero durante las últimas dos décadas ha sido principalmente por los pobres, los olvidados, los marginados, aquellos que se van expulsados como migrantes a USA y envían remesas familiares.  Mandan tanto dinero, como todas las exportaciones del país juntas.

La reflexión en este breve espacio es simple: muchos gobiernos en estas siete décadas, pero pocos cambios sustanciales para el país.  Canciones, símbolos, un montón de partidos de izquierda, derecha y centro, pero siempre lo mismo.  Tenemos un Estado fallido. ¡Ni qué decir de la corrupción!


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