En Portugal nada funcionaría sin inmigrantes

  • Cerca de 1,5 millones de extranjeros viven en Portugal. La extrema derecha ahora hace campaña en su contra. Sin embargo, en el país las cosas no irían bien sin el trabajo de los inmigrantes.

Noticias DW

«No se debe permitir que los inmigrantes vivan de las ayudas sociales», proclaman los carteles propagandísticos del partido de ultraderecha Chega. Portugal está promulgando nuevas leyes de inmigración extremadamente estrictas, y un número creciente de ciudadanos piensa que ese es el camino correcto.

Los extranjeros son alrededor de 1,5 millones, casi todos trabajadores con empleo, y constituyen el 14 por ciento de la población del pequeño país europeo. Sin embargo, la xenofobia se expande por todo Portugal, a pesar de que las cifras demuestran que el país no puede sobrevivir sin extranjeros. Los inmigrantes no reciben más prestaciones sociales que los portugueses, y el sistema social presentaría serios problemas de financiación sin ellos. Y eso, sin mencionar los puestos que quedarían vacantes.

Un estudio del Observatorio Portugués de Migración demuestra la importante contribución de los trabajadores migrantes a los sistemas sociales del país. En 2025, aproximadamente 1,1 millones de extranjeros cotizaron en la seguridad social porque trabajaban legalmente en Portugal. Esto supone un notable aumento del 447 por ciento en comparación con 2015. Los aportes al sistema, por su parte, han crecido un 763 por ciento en el mismo lapso, hasta llegar a los 4.200 millones de euros, el 14 por ciento del total de las cotizaciones.

Los inmigrantes mantienen al país en marcha

Portugal necesita los ingresos de los trabajadores extranjeros, dice el sociólogo Elísio Estanque, experto en el tema. «Portugal es uno de los países con mayor población de la tercera edad de la Unión Europea. La seguridad social debe pagar cada vez más pensiones y también han aumentado considerablemente los costos sanitarios. Los extranjeros ayudan significativamente a paliar estos problemas», explica.

Pero eso no es todo. Prácticamente mantienen funcionando al país. «El grupo de inmigrantes más numeroso, el brasileño, se emplea principalmente en los sectores del comercio y los servicios», explica el sociólogo. «Trabajan en Uber, reparten comida a domicilio y casi no hay negocio donde no trabajen brasileños».

Un ejemplo es Verónica Santos. Llegó a Portugal hace tres meses y trabaja en un restaurante de Leiria, una ciudad del centro del país. Su marido es obrero de la construcción y ninguno de ellos tuvo dificultades para encontrar empleo. «Ganamos bien aquí», dice Verónica, quien asegura que la decisión de emigrar a Portugal fue la correcta.

Un nepalés trabaja en la cocina de un restaurante en Odemira, al sur de Lisboa.

En Brasil no solo ganaría menos, dice la joven. «También la inseguridad es muy elevada. Portugal es mucho más seguro». Ella y su marido se sienten a gusto en su nuevo hogar. Respecto a la xenofobia, Verónica responde con diplomacia. «Racistas hay en todas partes. Probablemente no podamos hacer nada al respecto».

Los inmigrantes como chivos expiatorios

Partidos de ultraderecha como Chega culpan a los inmigrantes de la precaria situación del país, señala João Neves, profesor de economía de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Leiria. Pero estos eslóganes populistas no tienen asidero, añade. «Sin trabajadores inmigrantes, sectores enteros de la economía irían a la quiebra. Hay escasez de trabajadores portugueses. Y no se les encontraría ni siquiera aunque los salarios subieran drásticamente».

La industria del turismo, por ejemplo, que representa el 20 por ciento del PIB del país, depende de la mano de obra extranjera barata. Sin ella, muchos hoteles tendrían que cerrar. Muchas empresas agrícolas, especialmente las que exportan frutos, también dependen de los inmigrantes y no sobrevivirían sin trabajadores asiáticos.

Y además, el sistema de seguridad social tendría que tapar un enorme agujero: en 2025, la diferencia entre ingresos y gastos de los asegurados extranjeros ascendía a la impresionante cifra de 3.300 millones de euros, un superávit que es usado principalmente para pagar pensiones, prestaciones de desempleo y bajas por enfermedad de los portugueses de mayor edad.

No hay política de inmigración a largo plazo

Aunque los trabajadores extranjeros solo aportan beneficios al país, el resentimiento y los prejuicios siguen creciendo en Portugal. «En los últimos años, ha sido muy fácil para los extranjeros venir al país a trabajar. Fue una afluencia descontrolada, no había política de integración. Surgieron focos de discriminación, lo que provocó un creciente temor a los extranjeros», recuerda el sociólogo Elísio Estanque. Pero los errores del pasado han dado paso a nuevos errores.

«Las propuestas de la ultraderecha, a la que el gobierno se ha alineado cada vez más, son inhumanas, nefastas y no ofrecen ninguna solución a los problemas del país», apunta Estanque. Intentar limitar la duración de la estadía de los extranjeros, idealmente a seis meses, solo crearía nuevas dificultades.

La propuesta, indica el sociólogo, «aumenta aún más la predisposición a ser explotados, porque los inmigrantes querrán ganar la mayor cantidad de dinero posible durante su estancia para tener una vida mejor en sus países de origen». Por tanto, eso los vuelve más vulnerables y, a la vez, no resuelve nada.

(dzc/mn)

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