Croacia descubre la historia de amor entre dos monjas en un documental

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Marita era monja en una isla croata cuando conoció a Fani, la religiosa que acabaría convirtiéndose en su gran amor. “Simplemente, escuché a mi corazón”, explica la mujer, que dejó la Iglesia Católica, como su amiga.

Su vida ha inspirado un documental que fue presentado recientemente en el festival intencional de cine ZagrebDox, donde logró el premio del público.

“Es la historia de un amor inesperado e inusual pero me concentré más en la cuestión de la libertad individual”, explicó a la AFP la directora Ivana Marinic Kragic.

“Nun of your business”, cuyo título en inglés juega con la palabra “nun” (monja) y la expresión “none of your business” (eso no es asunto tuyo), cuenta la vida de las dos mujeres, desde su infancia en lugares remotos de Croacia hasta su decisión de ordenarse y su historia, que empezó hace diez años.

“Ellas encontraron la fuerza de luchar por su amor, algo que en general no está aceptado en nuestra sociedad”, agregó la directora.

Además, explicó que no quería provocar sino suscitar empatía en una sociedad conservadora, donde las personas LGTBQ (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y queers) son víctimas de discriminaciones y adonde la influyente Iglesia católica considera la homosexualidad como una “discapacidad” y una “perversión”.

Marita Radovanovic, de cabello corto con mechas rosadas, tenía 18 años cuando entró en el convento, en la isla de Korcula, en el sur del país, donde nació. Animada por su deseo de ayudar a los demás, remó en contra de los deseos de su familia, que quería que llevara una vida “normal”.

Desilusión

Conoció a Fanica Feric, a quien llamaban Fani, en el seminario. Pero la relación de amistad que se forjó al principio no mudaría en relación romántica hasta varios años después, cuando Marita ya había abandonado la Iglesia.

AFP / Denis Lovrovic Fanika Feric (izq) y Marita Radovanovic pasean por Zagreb el 9 de octubre de 2020

Fue en el convento donde Marita, de 36 años en la actualidad, fue consciente por primera vez de su homosexualidad y tuvo su primera relación con una mujer.

Por su parte, Fani, de 40 años, siempre supo que era lesbiana pero tenía miedo de decirlo en su pequeño pueblo del este de Croacia. Según cuenta, se sintió atraída por la vida religiosa al oír cantar a unas monjas y a unos niños en un coro.

Con 23 años se hizo monja. “No pensé en el lugar al que iba. En un convento hay muchas mujeres”, comenta, sonriendo.

Pero ambas se vieron invadidas por la desilusión.

Marita se dio cuenta de que la comunidad religiosa no estaba exenta del acoso y de las mezquindades propias de otras comunidades humanas.

“Antes, lo idealizaba todo pero me di cuenta de que el marco [de la Iglesia] no me convenía”, declaró a la AFP. “La consigna de mi orden era ‘Veritas’. Al cabo de un tiempo, decidí ser honesta conmigo misma y con Dios, que es amor”.

“Estrella fugaz”

“Es difícil cuando no encajas porque eres diferente”, sostiene Fani. “Para los católicos, la homosexualidad es un pecado importante. Yo rezaba a Dios para que me curara de mi ‘enfermedad’. Pero más tarde me di cuenta de que si Dios me había hecho así, no había nada que curar”.

AFP / Denis Lovrovic Fanika Feric (izq) y Marita Radovanovic (dcha) posan para la cámara junto a la directora del documental, Ivana Marinic Kragic, el 9 de octubre de 2020 en Zagreb

Las dos mujeres empezaron a hablar regularmente por teléfono después de que Marita colgara los hábitos para estudiar en Split, en 2009.

Pensaba en ella más que en la Biblia”, bromea Fani, que en aquel entonces vivía en Zagreb. Después de una visita fatídica de Marita, Fani le pidió al convento unos cuantos días para reflexionar sobre su situación.

“De joven, cuando veía una estrella fugaz, me decía siempre: ‘Dios, por favor, envíame a alguien como yo’. Ahora ella estaba ahí, así que abandoné el convento”.

La directora Ivana Marinic Kragic tardó siete años en grabar su filme. Tuvo que ganarse la confianza de las dos mujeres y que estas estuvieran cómodas con su nueva vida “civil”.

Tras haber pasado varios años en Zagreb, una trabaja en el sector turístico y otra en restauración. Viven en Korcula, donde la familia de Marita las aceptó tal como son.

Y aunque han perdido la fe en la institución religiosa, mantienen la suya intacta y esperan poder convencer a otros de seguir su propia vía. “Es lo que hice, tanto en el convento cuando me di cuenta de que eso no era para mí, y en lo que respecta a Fani”, recalca Marita.


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