- El título del FC Barcelona ya no es una hipótesis, sino una cuenta regresiva. Nueve puntos de ventaja sobre el Real Madrid con apenas seis jornadas por disputarse convierten la recta final en un ejercicio de administración más que de supervivencia. El conjunto culé se impuso 1-0 al Celta de Vigo con un penalti de Lamine Yamal, quien salió lesionado.
La Liga, salvo un colapso improbable, tiene dueño. La única incógnita real es el cuándo: si será cuestión de semanas o si el destino, caprichoso, lo reservará para una fecha simbólica como el Clásico del 10 de mayo.
Pero antes de proyectar celebraciones, conviene detenerse en el último paso dado: la victoria por la mínima ante el Celta de Vigo. Un triunfo que no solo suma tres puntos, sino que consolida una dinámica implacable: quince victorias consecutivas como local, igualando un récord histórico del club azulgrana. Montjuïc —o el Camp Nou en transición— se ha convertido en un territorio inexpugnable, donde el equipo de Hansi Flick ha construido gran parte de su candidatura al título.
El partido, sin embargo, no fue una exhibición. Fue más bien una muestra de madurez competitiva. El Barsa no necesitó brillar para imponerse, le bastó con controlar los ritmos, minimizar riesgos y golpear en el momento justo. Ese momento llevó la firma de Lamine Yamal, que transformó el penalti decisivo con la serenidad de un veterano. Pero la jugada dejó un peaje alto: el joven talento se lesionó en los isquiotibiales al ejecutar el disparo, encendiendo las alarmas en el tramo más delicado del calendario.
La posible ausencia de Yamal no es un detalle menor. Su irrupción ha sido uno de los grandes argumentos ofensivos del equipo en esta temporada. Desequilibrio, atrevimiento y una capacidad poco común para decidir partidos lo han convertido en una pieza diferencial. Sin él, el Barsa pierde chispa en el uno contra uno y una vía de desatasco en encuentros cerrados. La profundidad de plantilla deberá responder, y nombres como Raphinha o incluso ajustes tácticos cobrarán mayor protagonismo.
Aun así, lo que transmite este Barsa es una sensación de inevitabilidad. No arrasa siempre, pero compite mejor que nadie. Ha aprendido a ganar desde distintos registros: con autoridad cuando el partido se abre, y con oficio cuando el guion se complica. Esa versatilidad es la que explica por qué, a estas alturas, la lucha por el título parece resuelta.
El Clásico del 10 de mayo emerge en el horizonte como un posible escenario de coronación. Sería el golpe definitivo, además con el valor simbólico de hacerlo frente a su máximo rival. Pero incluso si no ocurre ese día, el desenlace parece escrito. Este Barsa no solo gana: sabe cuándo y cómo hacerlo. Y en una Liga larga, esa es la diferencia entre competir… y reinar.
Resultados miércoles
Elche – Atlético de Madrid 3-2
Real Sociedad – Getafe 0-1
Barcelona – Celta 1-0