Un libro, una idea, un país: ¿Periodismo igual literatura?


La Argentina es un país de ganado, pizzas, arte y creatividad. Y también de locos, se podría agregar. Los guatemaltecos que por cierto tiempo hemos estado allí guardamos una nostalgia memorable. No por casualidad las canciones poéticas de Arjona llenan cinco veces el estadio de River Plate».


Franco Sandoval

Por todos lados vemos que los periódicos están de capa caída. Pocos van quedando, poco nos dicen, pocos se suscriben a ellos. Las revistas van por un camino parecido. Lo impreso decae, lo digital se impone.

Pero hay periódicos y revisten que resisten con éxito ese fatal destino. El New York Times (Estados Unidos) y El País (España) son buenos ejemplos de que se puede sobrellevar la tormenta. Porque el mundo quiere que solo leamos gotas de texto con imágenes escandalosas, que estemos distraídos. En las redes quieren que seamos cautivos de intereses, propaganda y distorsiones.

A esta avalancha hubo magos que se anticiparon haciendo comunicación creativa. En Guatemala, Francisco Pérez de Antón creó un medio alternativo e ilustrado, la revista Crónica, en la década de 1980. En Colombia La Semana hizo algo parecido; en México varias revistas; en Perú Caretas. En gran Bretaña The Economist es insignia de periodismo especializado. Se anticiparon, digo, porque su estilo fue la nota ilustrada y bien escrita.

Estos días me entretengo e ilustro leyendo Zona de obras de Leyla Guerriero. Se trata de una compilación de 40 discursos, ponencias o artículos publicados en una docena de periódicos y revistas de España y América Latina. Como buena argentina (de Junín), ella se jacta de ejercer el periodismo sin haber estudiado ciencias de la comunicación o carreras similares. Haberse formado en Buenos aires equivale a respirar el talento de Carlos Gardel, Borges, Les Luthiers, Facundo Cabral, Los Chalchaleros, Mercedes Sosa y muchos más. Entre estos “más” incluyo a Rubén Darío, quien en Buenos Aires creó el modernismo, una forma literaria que nació en los periódicos y revistas, en particular en La Nación, diario que fue faro hace un siglo.

La Argentina es un país de ganado, pizzas, arte y creatividad. Y también de locos, se podría agregar. Los guatemaltecos que por cierto tiempo hemos estado allí guardamos una nostalgia memorable. No por casualidad las canciones poéticas de Arjona llenan cinco veces el estadio de River Plate.

La especialidad de Guerriero no son las noticias ni los reportajes sino las crónicas nacidas con las botas metidas en el fango y pensadas muchas horas durante varios días. Al final escritas más que con la computadora con el alma. Letras que nos ubican y que pintan con colores la situación de la que se ocupan. Esas crónicas llegan al corazón y al cerebro. Zona de obras es una compilación de columnas, crónicas, conferencias y ensayos publicados antes en diversos diarios y revistas.

 Leyla Guerriero postula esto: “Profeso una fe que dice que el periodismo bien hecho es una forma de arte”.  Uno se pregunta en qué consiste el periodismo “bien hecho”. Leyla responde que “ser cronistas no solo es distinto, sino que es mejor que ser periodistas.” Entonces, ¿qué cosas cuenta un cronista? Lo marginal, lo pobre, lo violento. Esto quiere decir hacer periodismo mirando con carácter para entender el mundo y así producir una nota bien escrita.

Esto supone exigencia con uno mismo, pues los lectores severos son pocos y no multitud. En concreto, el buen periodismo narrativo utiliza recursos propios del cuento, la crónica y la novela: descripciones, diálogos, tonos, escenas. “Con esos elementos monta una arquitectura atractiva”.

Los ojos del periodista-artista, cuando viaja y se desplaza “ve lo que está pero que nadie ve”; mira el desorden y pone orden a la hora de contarle el asunto a los lectores. Esto no equivale a ser Tarzán sino a humildad consciente. Guerriero clama porque no la perdonemos si en nombre de su nombre ella dice cualquier cosa.

Cuando Leila dice “uno siempre es otro, el mismo”, pienso inmediatamente en Cardoza y Aragón y en sus Novelas de caballería, donde él dice cientos de cosas con similar o mayor talento.

“Ningún oficio creativo es endogámico” es una sentencia iluminadora. Esto quiere decir que el pintor debe entender de literatura, el escritor de fotografía, el fotógrafo de danza, el actor de cine, el danzante de poesía. Aquí hay oro puro para los periodistas, los escritores, las escuelas de arte y los verdaderos ministerios de cultura.