PROVOCATIO: Los tiempos de gobierno


Asumiremos solo dos tipos de gobierno para facilitar abordaje: el abiertamente corrupto, carente de cualquier voluntad política y cuyo único fin es enriquecerse y mantener su carrera política con el “partido” que sea. Siendo este tipo, el que predomina históricamente en Guatemala. El otro modelo sería aquel que, aunque no sea del todo honesto y transparente, por lo menos es más recatado en el tema…


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

Todos los gobiernos acusan una tendencia basada en que su largo plazo son 4 años. Las fases del ejercicio político son las mismas, lo que puede cambiar, someramente, es el grado de voluntad política (suponiendo que la haya) y los niveles de corrupción expuestos.

Sale el tema a colación porque a pesar de los “errores”, desgaste y evidencias de una sostenida mala gestión, todavía hay un porcentaje, minoritario eso sí, pero para nada despreciable, que piensa que, a dos años y medio de gestión (62.5%) aún puede suceder un giro dramático por parte del gobernante, asesores y funcionarios actuales. Descartando a quienes por necesidad repiten esta narrativa, nos centraremos en el ciudadano inocente y/o ignaro en los asuntos políticos.

Asumiremos solo dos tipos de gobierno para facilitar el abordaje: el abiertamente corrupto, carente de cualquier voluntad política y cuyo único fin es enriquecerse y mantener su carrera política con el “partido” que sea. Siendo este tipo, el que predomina históricamente en Guatemala. El otro modelo sería aquel que, aunque no sea del todo honesto y transparente, por lo menos es más recatado en el tema; tiene algún grado de voluntad política para resolver algunos asuntos, no estructurales, por supuesto; y que varios de sus personajes protagónicos pretenden sostenibilidad en la política, después de su ejercicio gubernamental, sin cargar a cuestas con señalamientos tan graves.

Veamos, como ejemplo, el primer caso:

Primer año de gobierno: El fin primordial es revisar todas las gavetas oficiales donde pueda haber dinero del cual aprovecharse o comprar voluntades para el mismo fin. Esto les permite un diagnóstico de situación del cual partir para sus aviesos intereses, sea por medio del descarado peculado, la pantalla de las alianzas público-privadas, negocios con proveedores o el inicio de sus propios negocios, de variadas formas. En este lapso, luchan por incrementar el presupuesto, planificar transferencias y afinar los mecanismos de enriquecimiento y extorsión, así como los grandes acuerdos con sus patrocinadores, manteniendo a los empresarios que ya están en la jugada y/o adquiriendo nuevos socios. Los votantes con mediana inteligencia van cayendo en cuenta que se equivocaron, otra vez.

Segundo año: Empieza ya formalmente, la apropiación indebida, la malversación de fondos y la concreción de negocios personales, grupales, gremiales en algunos casos, coludidos con el narco. Una caricatura de voluntad política se asoma en discursos baratos carentes de contenido e intenciones reales. Ya han adquirido el expertise básico para el manejo de la cosa pública en función de sus propios intereses y de sus afines, sean socios u operadores de ellos. En este lapso, también se dedican a mover funcionarios molestos, nombrar en puestos claves a sus aliados, etc. La mayoría que les votaron abren sus ojos y se percatan de otro engaño más, aunque normalmente no se organizan para rechazar al gobierno, sino que buscan formas de lograr algún beneficio personal.

Tercer año: A estas alturas, solo los muy rezagados, cognitivamente hablando, o los corruptos de filiación y/o aspiración, apuestan al gobierno. En este período, se consolidan caletas, se nutren financieramente para la campaña del año siguiente, la cual ya inició, descaradamente. Además, buscan fortalecer y/o consolidar los mecanismos de protección para cuando abandonen la gestión de turno. Sus objetivos son los operadores y funcionarios de la Contraloría de Cuentas, el Organismo Judicial, el Ministerio Público, el ejército, las iglesias, otros partidos que puedan darle cabida y protección y, en casos extraordinarios, hasta organizaciones de sociedad civil que se presten a sus fines.

Cuarto año: La campaña ya iniciada se consolida, y toda su atención se enfoca en los comicios, posibles alianzas, protección de sus fortunas mal habidas y las formas mediante las cuales pueden llegar, nuevamente, a un puesto público, a seguir o convertirse en proveedores del Estado y encontrar los mecanismos de supervivencia política que les permitan sostenibilidad en el negocio.

Por su parte, en el segundo caso, o sea, el modelo menos gansteril de gobierno, no tiene diferencias radicales, aunque sí puede preocuparse por algunas formas. Para estos, el primer año sirve para confirmar que, del discurso a la realidad, hay mucho trecho; que las cuentas del Estado están desfinanciadas, hasta cero en algunos casos. Se dan cuenta que todo lo prometido es imposible de cumplir y que la voluntad política que pudieron tener, es completamente negociable. Al igual que los otros, luchan por el incremento del presupuesto, pero a diferencia de los primeros, tratan de dejar algo para la obra o servicio social, sin mucho éxito por su inoperancia y las presiones de los grupos avorazados y otros actores.

En el segundo año, se percatan del capital político que perdieron por su inefectividad y las muestras de ser más de lo mismo. Se enfocan en escenarios de pan y circo, tratando de lavarse la cara, pero sin olvidar que el patrimonio personal y grupal es primero. La ineficiencia trata de esconderse bajo el discurso de: “No somos como los anteriores, por lo menos no tan corruptos”.

En el tercer año, ya entendieron que lo que no se hizo en dos años, no se hará en el resto del período, por lo que la prioridad es mantener la pequeña o mediana fortuna lograda y, sobre todo, garantizar que al final del gobierno, no los persigan y procesen.  Si el desgaste del gobierno es mucho, es el momento de partir y buscar alianzas o puertos políticos más seguros. Igual que el otro segmento, la sostenibilidad es importante, pero ya no tanto para sus ambiciones políticas, sino para la supervivencia legal.

En el cuarto año, la campaña lo es todo y la cuestión pública no importa y no interesa.

Desearía que el estimado lector se haya percatado, al menos, de cuatro cosas:

1.    Ya en el ejercicio de gobierno, todo cambia, sin excepción.

2.    Cuatro años es un período corto para hacer cambios reales y trascendentales, si hubiese verdadera voluntad, sin perjuicio que el sistema está blindado para que esto no suceda.

3.    El político nunca cambia, solo se disfraza. Se vista de azul, rojo, verde, amarillo o cualquier color, sus intereses personales JAMÁS los subordinará al bien común.

4.    Si un gobierno no da muestras de cambio en los primeros 100 días, luego en un año y, como máximo, dos años, tenga la certeza que es más de lo mismo y que es imposible que tenga un giro dramático en el poco tiempo que le queda.

PD: Este humilde ciudadano JACE se tomará unas vacaciones de refresco.  Los artículos quedarán en pausa, hasta el miércoles 2 de septiembre.


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