PROVOCATIO: El joven que entregó su corazón al futuro (1ª. parte)

PROVOCATIO: El joven que entregó su corazón al futuro (1ª. parte)

Su niñez y adolescencia marcaron la consecuencia y coherencia de Oliverio. Su actuar y pensar eran auténticos y no podían provenir de otro lugar que no fuesen los valores familiares. Rebeca Alonso, su compañera de estudios y amiga nos refiere: “Muchas de sus cualidades venían de ahí, de la dinámica familiar.  Claro que en la política estaba el discurso, la sensibilización social, pero que se conjugaba con todos esos valores que ya venían de antes…”

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

Este domingo 22 de mayo de 2022 se conmemora el Día del Estudiante Universitario, ocasión más que propicia para recordar un hecho luctuoso y a la vez paradigmático. Me refiero a la ejecución extrajudicial de Oliverio Castañeda De León, secretario general de la Asociación de Estudiantes Universitarios, la cual lleva su nombre como homenaje a su sacrificio. El 20 de octubre de 1978 fue la infeliz coincidencia de un hecho conmemorativo –la Revolución de Octubre– y el inicio de una cacería de brujas que, del asesinato selectivo, pasó a noches de terror que provocaron miles de asesinatos en forma sistemática.

No me referiré a la coyuntura de cooptación de la USAC cuyo corolario –la imposición del nuevo rector– consolida un largo proceso de terror, primero, y luego de enajenación de la única universidad pública. Tampoco hablaré de la carencia de verdaderos liderazgos, el estado actual de las organizaciones estudiantiles y ni la ausencia de claridad política de quienes, por su formación privilegiada, estarían obligados, no solo a tenerla, sino a reproducirla. 

No describiré los detalles de su asesinato ni del entorno político de la época, hoy quiero reivindicar la parte humana del líder universitario que trascendió a su tiempo, a su juventud y a la academia. Quiero tocar esos detalles, que casi nunca conocemos o resaltamos, olvidando que los mártires también fueron personas de carne y hueso, con sentimientos, emociones, peculiaridades y dinámicas personales, familiares y sociales.

Los datos que mencionaré están basados en una investigación inédita que, como parte de mi trabajo investigativo, me correspondió realizar en el año 2003 y me permitió entrevistar a personas muy cercanas a Oliverio, inclusos algunas que rompieron el silencio guardado 25 años después de su muerte. De los testimonios de familiares, amigos y compañeros, se nutren estos pasajes.  En pleno siglo XXI, la investigación tuvo censura y no pudo ver luz pública a pesar del apoyo de la USAC para publicarlo. Se sorprenderían de conocer cuál institución pública autónoma fue la que vetó el resultado de una investigación que ella misma me había encomendado, pero esa, es historia para otra ocasión…

Me queda la satisfacción que es la primera y única resolución condenatoria (en temas de derechos humanos) basada en una investigación histórica científica.

Para su época, era inusual que un joven con solvencia económico familiar, egresado del colegio más exclusivo del país en esa época (el colegio Americano) estudiara en la universidad pública y que además, se preocupara de los problemas de una clase a la que no pertenecía; y, como por si fuera poco, se involucrara en el movimiento estudiantil, social y político, en una época en la que, con tan solo opinar, signficaba poder ser asesinado. Más aún, Oliverio perteneció a la Juventud Patriótica de los Trabajadores –JPT–, órgano juvenil del Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT– Partido Comunista.

Oliverio era el tercer y último hijo de una familia de “clase media alta”. Sus dos hermanos mayores eran Gustavo y Lucila (ambos ya fallecidos), el primero empresario y la segunda médica y comunicadora social.  Su padre era el doctor Gustavo Castañeda, un pediatra de mucho prestigio que, además de su clínica, atendía en el hospital Roosevelt en donde impartía clases a los estudiantes de medicina. Aunque no participaba en política “…bastaba saludarlo y platicar un rato con él para darse cuenta de su sensibilidad y don de gentes.”[1]  Su madre, Chusita De León de Castañeda[2], era un ama de casa entregada por completo a su hogar y familia; 25 años después todavía no se explicaba porqué mataron a su hijo, “…el más pequeño y más querido, su consentido,porqué matar a quien conoció tan de cerca y que nunca le hizo daño a nadie, antes bien, se prodigó hacia los demás.”[3](SIC).

Angélica Alarcón, novia de Oliverio, relataba sobre el entorno familiar: “Don Gustavo era un señor increíble, de una ética intachable; doña Chusita, una mujer tan dulce, tan tierna a pesar del sufrimiento (…) Su físico [el de Oliverio] es la cara de doña Chusita y creo que la ternura de ella.”[4]  Importante conocer el ambiente familiar, pues eso explica en gran parte, la nobleza y el carisma del que representa hoy en día, uno de los íconos más importantes en la historia del movimiento social y político de Guatemala.  Los antecedentes políticos en la familia Castañeda De León eran por el lado del padre, y se limitaban a dos fuentes: el Lic. Vinicio Castañeda Paz, primo del doctor y Oliverio, hermano de su padre.  El primero tenía su bufete de abogado e incluso fue quien lo sacó de la cárcel cuando en marzo de 1982, el papá de Oliverio fue apresado por órdenes del recién instalado triunvirato militar golpista, encabezado por el general José Efraín Ríos Montt.  Varios testimonios refieren que los ocho días de injusto cautiverio del Dr. Castañeda, fueron determinantes en su muerte años después dado los vejámenes sufridos. Este hecho es muy poco conocido y constituye una de las muchas canalladas del mal recordado Ríos Montt, pues la única razón de su detención y escarnio fue el hecho de ser padre de Oliverio, ya asesinado. Don Gustavo jamás militó en política y siempre se dedicó a su noble profesión. El segundo referente, era hermano del doctor y fue asesinado en Nicaragua.  A decir de doña Chusita: “Gustavo se arrepentía de haberle puesto el mismo nombre de su hermano Oliverio, decía que eso lo había marcado en su vida.”[5]

Su madre nos relató cómo la vena social, la preocupación por los demás se evidenció desde temprana edad: “Era un niño encantador, muy dulce, muy tierno, muy caritativo.  Él me decía ‘mamá yo no voy a refaccionar, es que ya regalé mi pan’.  Lo que sucedía es que alguien pasaba pidiendo comida a la casa y él les regalaba su pan (…) Tendría cuatro años cuando yo lo llevaba de la mano en la calle y encontramos un niño descalzo y me preguntó: ‘¿mamá por qué este niño viene descalzo?’, y yo le decía que sus papás eran muy pobres y no tenían con qué comprarle zapatos. ‘Pero yo tengo dos pares’ replicaba Oliverio.”[6]  Pasajes como éste y muchos otros, demuestran la autenticidad en los actos del después líder estudiantil y social.

Su niñez y adolescencia marcaron la consecuencia y coherencia de Oliverio. Su actuar y pensar eran auténticos y no podían provenir de otro lugar que no fuesen los valores familiares. Rebeca Alonso, su compañera de estudios y amiga, nos refiere: “Muchas de sus cualidades venían de ahí, de la dinámica familiar.  Claro que en la política estaba el discurso, la sensibilización social pero que se conjugaba con todos esos valores que ya venían de antes…[7]

Continúa el siguiente jueves.


[1] Calderón Enríquez, José Alfredo.  Interpretación histórico-concreta del asesinato de Oliverio Castañeda De León como producto de la violencia institucional del Estado Contrainsurgente guatemalteco.  Investigación inédita. Guatemala, 2004. Pág. 45

[2] Doña Chusita falleció en julio de 2004.  QEPD.

[3] Ibid. Pág. 46

[4] Idem.

[5] Idem.

[6] Ibid. Pág. 45

[7] Idem.