PROVOCATIO: Apuntes para una lectura estratégica en la USAC

PROVOCATIO: Apuntes para una lectura estratégica en la USAC

La penetración politiquera que sufrió la Universidad en los años ochenta, tuvo su punto álgido con el gobierno del Frente Republicano Guatemalteco –FRG– (2000-2024) al impregnar casi toda la dinámica estudiantil, docente, laboral y académica, con cuatro Caballos de Troya letales: el oportunismo, la corrupción, la mediocridad y la desideologización de la vida política universitaria.   

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

No entraré en los detalles del fraude consumado en la USAC, pues las redes, artículos de opinión y otras fuentes han sido prolíficas frente al mismo.  Quiero enfocarme en la falta de una conducción estratégica para enfrentar a esa maquinaria criminal que trasciende a un Walter Mafiariegos

Al escuchar y leer los diversos comentarios y posicionamientos de personas, grupos y colectivos de la comunidad universitaria, uno confirma lo que algunos análisis serios y constantes  han evidenciado:  

  1. Hace mucho que ya no existen organizaciones políticas sólidas y sostenibles dentro de la USAC.  La penetración politiquera que sufrió la Universidad en los años ochenta, tuvo su punto álgido con el gobierno del Frente Republicano Guatemalteco –FRG– (2000-2024) al impregnar casi toda la dinámica estudiantil, docente, laboral y académica, con cuatro Caballos de Troya letales: el oportunismo, la corrupción, la mediocridad y la desideologización de la vida política universitaria. 
  2. En su lugar, asistimos a competencias electoreras basadas en plataformas de ocasión, las cuales, están íntimamente ligadas a la política contrainsurgente del Estado guatemalteco.  Las excepciones de preclaros universitarios son el dato que confirman la regla.   
  3. A partir de la era llamada “apertura democrática” (Vinicio Cerezo a nuestros días) los fraudes electorales ya no se consuman tan burdamente como se hacía en la dictadura militar (1954-1985).  Ahora, cuentan con un Estado totalmente cooptado y con hábiles operadores incondicionales que preparan con antelación los resultados que necesitan, ya no solo a nivel nacional, sino, en todos aquellos espacios geográficos, gremiales, políticos, religiosos y académicos que sirven a sus intereses.  En el Día D[i], el proceso ya está consolidado y solo tienen que afinar detalles logísticos y planes de contingencia, de ser necesario.  La cooptación de nuestra casa de estudios lleva décadas planeándose y los resultados están a la vista.
  4. El mesianismo político no ha cambiado en 175 años de vida “independiente”.  Así como la masa tiende a poner sus esperanzas y frustraciones en una sola persona, la comunidad universitaria no es la excepción.  Por un lado, todos los ataques se concentran en una sola persona, como si esta tuviera el poder omnímodo de generarlo todo.  Esto facilita el trabajo del pacto criminal, a quienes, llegada la hora, no tendrían ningún inconveniente para sacrificar torres y alfiles que hagan falta, con tal de mantener el proyecto perverso, aunque fuere con otra cara.  Por otro lado, ese mesianismo también fabrica superhéroes artificiales, capaces de arreglar el universo sin mayor trámite terrenal.  Como ya se ha dicho, estamos frente a un maniqueísmo puro y duro que, imagino, provocará grandes carcajadas a los titiriteros que manejan la consolidación final para la captura de la Universidad de San Carlos.   
  5. En esta vorágine de individualismos, oportunismos y perversidades, quedan relegados los planes serios, alineados a los intereses de una universidad pública enfocada en una reforma radical que produzca una academia al servicio del pueblo, a quien se debe.  En consecuencia, las excepciones terminan por sucumbir e invisibilizarse, poniendo al descubierto (solo a los ojos del análisis serio, por supuesto) la carencia de una estrategia consensuada en los intereses universitarios y no los electoreros.   

Las reflexiones anteriores solo tienen el ánimo de arrojar un poco de luz sobre el escenario, pues de seguir así, las articulaciones bien intencionadas (que son solo eso y no un movimiento) terminarán diluyéndose y cediendo ante el chantaje laboral, económico y político, con graves consecuencias para los pocos que han arriesgado el pellejo.   

Según datos aportados por la administración de la USAC en su última conferencia de prensa, somos alrededor de 228 mil miembros de la comunidad universitaria entre estudiantes, profesores y personal técnico-administrativo.   ¿Qué porcentaje cree usted que está involucrado en la resistencia real? ¿Cuántos cree usted que resistirán hasta el final, cuando el pacto criminal emplee las mil y una armas espurias en su contra? ¿Qué porcentaje de la comunidad universitaria será verdaderamente solidaria ante la descomunal y desproporcionada correlación de fuerzas? ¿Cuántos infiltrados están moviéndose internamente?

A estas alturas, espero que las reflexiones que generen estas líneas, no se circunscriban a la primitiva reacción de: “¡Entonces no hay que hacer nada, que ganen los malos y ya!”.  Asumo que los pocos lectores que me favorecen con su amable atención tienen los alcances para interpretar en forma integral el mensaje y unirse, reflexivamente, a un frente común que trascienda las elecciones y nos prepare para una lucha más fuerte y larga.   

El consenso pírrico que solo gira en torno al fraude electoral evidencia la falta de pensamiento crítico y conducción estratégica, manteniendo las pocas articulaciones existentes en un nivel primario y emotivo que no alcanza para una plataforma estructural unitaria y poderosa.  El lenguaje de campaña debe terminar y abrir espacio para consensos en torno a una agenda mínima en la que el futuro académico de la USAC sea el referente guía.

Si el problema fundamental se reduce a las elecciones, la solución deviene electorera. Repetir las elecciones desde cero o desde la anulación de electores de oposición, provocará los mismos resultados, aserto que tiene su base en todas las consideraciones supra.

¿Abandonar la lucha y acomodarse? JAMÁS.  

Se pide tan solo que las mentes más lúcidas generen una resistencia de carácter estructural, sostenible y autónoma, mediante formas de lucha más inteligentes y estratégicas.   

José Alfredo Calderón E. 

Historiador y analista político


[i] En política, el Día D es como se le denomina al día de la elección (cualquiera que sea) cuando se pone en práctica todo lo previamente planificado.