- Lo primero: no es solo una zapatilla. Es una declaración de poder en la era tecnológica del maratón. La Adidas Adizero Pro Evo 3, con sus apenas 97 gramos, representa el punto más extremo —hasta ahora— de una evolución que ha cambiado para siempre la forma de correr y, sobre todo, de competir.
Lo conseguido por Sebastian Sawe no puede entenderse sin este contexto. No porque la zapatilla corra por él —esa narrativa simplista es peligrosa—, sino porque hoy el rendimiento de élite es el resultado de una ecuación donde el atleta y la ingeniería van de la mano. Y en esa ecuación, Adidas acaba de dar un golpe sobre la mesa.
Durante años, Nike marcó el paso con su revolución de las placas de carbono. La irrupción de modelos como los Vaporfly y Alphafly, utilizados por Eliud Kipchoge, no solo rompió récords: cambió la percepción de lo posible. Aquella barrera de las dos horas —aunque lograda en condiciones controladas— abrió un debate que aún no se cierra: ¿cuánto es mérito del atleta y cuánto de la tecnología?
Adidas respondió tarde, pero no mal. Y ahora, con la Evo 3, parece haber alcanzado —o incluso superado— ese estándar. El dato del peso no es anecdótico: es estratégico. Cada gramo menos implica menor gasto energético acumulado en 42 kilómetros. Pero lo verdaderamente disruptivo está en la combinación: una placa más ligera, una espuma optimizada y una estructura pensada exclusivamente para correr rápido… no para durar.
Ahí está uno de los puntos clave del análisis: estas zapatillas no están diseñadas para el consumidor promedio, aunque se vendan al público por unos 500 euros. Son, en esencia, prototipos de competición disfrazados de producto comercial. Su vida útil es limitada, su uso es específico, y su verdadero objetivo es uno: ganar.
Esto nos lleva al terreno incómodo: la “guerra” tecnológica. Lo que vimos en Londres no es solo la victoria de Sawe, es la victoria de Adidas en un capítulo más de una disputa industrial multimillonaria. Las marcas ya no compiten únicamente por patrocinio o visibilidad, sino por quién logra optimizar mejor el cuerpo humano a través de la innovación.
¿Es esto bueno para el deporte? Depende desde dónde se mire.
Por un lado, el espectáculo crece. Los tiempos bajan, los límites se rompen y el maratón vive una edad dorada en términos de rendimiento. Pero por otro, se abre una brecha. No todos los atletas tienen acceso a la misma tecnología, y aunque las regulaciones intentan poner límites, la realidad es que la innovación siempre va un paso adelante de la norma.
Además, se redefine el concepto de mérito. Antes, el relato del maratón era casi mítico: resistencia, sufrimiento, épica pura. Hoy, sigue siéndolo, pero con un matiz distinto. La épica convive con la ciencia. Y eso incomoda a los puristas.
Sin embargo, sería injusto restarle valor a lo hecho por Sawe. Porque, con o sin Evo 3, lo que ocurrió en Londres exige un nivel fisiológico, mental y táctico que ninguna zapatilla puede fabricar. La tecnología potencia, pero no sustituye.
Lo que sí queda claro es que el maratón ya no volverá atrás. La frontera no es solo humana: es también tecnológica. Y en ese escenario, Adidas ha demostrado que no solo puede competir con Nike, sino liderar.
La pregunta ahora no es quién ganó esta batalla, sino hasta dónde están dispuestas a llegar las marcas. Porque si 97 gramos ya parecen una locura, lo verdaderamente inquietante es pensar que quizá esto recién empieza.