Irán esta fijo en el Mundial a pesar de la idea de invitar a Italia

  • La sola idea de que Selección de fútbol de Italia pueda colarse en el Mundial de 2026 por una vía extraordinaria suena más a maniobra mediática que a posibilidad real.

Y desde dentro de la FIFA, el mensaje es claro: no hay base reglamentaria ni voluntad política para alterar un sistema de clasificación que, en este ciclo, además estrena formato ampliado a 48 selecciones.

La propuesta surgida desde sectores en Estados Unidos —aunque nunca formalizada con peso institucional— plantea un escenario tan excepcional como improbable: la eventual exclusión de Selección de fútbol de Irán por motivos extradeportivos y su reemplazo por una selección de mayor peso histórico, como Italia.

Sin embargo, este planteamiento choca de frente con dos principios que la FIFA ha defendido con firmeza en los últimos años: la neutralidad política y el respeto estricto a los procesos de clasificación.

En primer lugar, el caso de Irán. A día de hoy, no existe sanción deportiva que justifique su exclusión. A diferencia de situaciones recientes como la de Selección de fútbol de Rusia, apartada de competiciones internacionales tras decisiones coordinadas con organismos políticos y deportivos, Irán mantiene su estatus competitivo intacto.

La FIFA, además, ha evitado reiteradamente abrir la puerta a decisiones basadas en presiones geopolíticas si no existe una resolución clara que afecte directamente al ámbito futbolístico.

En segundo lugar, Italia. La tetracampeona del mundo arrastra el peso de sus propias ausencias recientes —especialmente dolorosas tras no clasificarse a los Mundiales de 2018 y 2022—, pero su situación actual no admite atajos.

El nuevo formato del torneo, que incrementa considerablemente el número de plazas, reduce aún más cualquier argumento a favor de invitaciones o “repechajes administrativos”. Si Italia no obtiene su cupo en el campo, no hay mecanismo reglamentario que le permita acceder por la vía de la sustitución.

Desde una perspectiva estructural, aceptar una operación de este tipo sentaría un precedente peligroso. Abriría la puerta a decisiones discrecionales que debilitarían la credibilidad del sistema competitivo, justo en un momento en que la FIFA busca reforzar su legitimidad global. Además, pondría en entredicho el esfuerzo de selecciones que sí cumplen con los criterios deportivos establecidos.

También hay un componente político delicado. El Mundial de 2026, organizado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, será un escaparate global en un contexto internacional complejo. Cualquier decisión que implique excluir a una selección clasificada por motivos no deportivos podría generar tensiones diplomáticas y cuestionamientos sobre la gobernanza del torneo.

En este escenario, la postura de la FIFA es lógica: respaldo total a Irán y rechazo implícito a cualquier especulación. La “opción Italia”, más que imposible, es inexistente en términos reales. El fútbol, al menos en este caso, sigue defendiendo una premisa básica: los Mundiales se juegan —y se ganan— en el campo, no en los despachos.

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