ENFOQUE ¿…Y si un día se les ocurre legislar bien?

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Gonzalo Marroquín Godoy

Los legisladores debieran buscar el bien común, para las personas, la sociedad y para Guatemala.  En vez de eso, aprueban leyes por coyuntura e intereses.

Las cifras de niñas y adolescentes embarazadas en Guatemala son abominables: al menos 5,133 menores –entre 10 y 14 años– fueron embarazadas el año pasado. ¡Y no ha pasado nada! Muchas veces pienso que nuestro país es patético. Estamos hablando de niñas que han sido violadas –muchas veces por familiares o personas muy cercanas a la familia–, sin que la justicia intervenga.

Eso significa que 14 niñas inocentes sufren abuso, ¡comprobable!, a diario.  Es una realidad muy fuerte…. Y eso que no se suman todos los abusos que no terminan en embarazo. 

Como sociedad hacemos oídos sordos a esas estadística, mientras que el Estado, que tiene la obligación constitucional de velar por la niñez y la familia, es el mayor cómplice de estos crímenes.

El Ministerio Público (MP), que tanta bulla hace para ganar la simpatía de la población, anunciando a diario un montón de allanamientos para combatir la extorsión –cosa que no logra con eficiencia, pero que es necesario hacer–, no dice ni pío de todo esto que está documentado, en donde ubicar al responsable es relativamente sencillo, si es que el caso se llega a abrir siquiera.

El caso de toda niña menor de edad que da a luz dentro del sistema de salud –público y privado–, debiera de ser objeto de un proceso judicial, porque es claro y evidente que hay un delito que sancionar.  Ahora la identificación de la paternidad por medio del ADN, hace que ese delito sea fácil de perseguir y castigar.

Pero como no pasa nada, los degenerados siguen viviendo en la impunidad, mientras las vidas de esas pequeñas es quebrantada fuertemente, con repercusiones sicológicas que pueden llegar a marcar de por vida a las inocentes niñas que sufrieron la violencia de un ultraje.

¿Sabían los lectores que hay una comisión rimbombante en el Congreso que lleva por nombre Comisión de la niñez y la familia?  Pues como todas las demás ¡no sirve para nada!

¿Qué pasaría si un día esta comisión, que le cuenta mucho dinero al país, se le ocurriera hacer o reformar leyes para que los culpables de estos crímenes tuvieran que pagar con un largo tiempo en la cárcel? Bueno, si el resto del sistema de justicia también funcionara, seguramente los violadores, abusadores y degenerados, lo pensarían bien antes de actuar.

Pero no, en el Congreso les preocupa más como facilitar que los alcaldes puedan gastar el dinero sin controles, o responder con leyes que necesitan grupos de poder e influencia.  Claro que son necesarias las leyes de reactivación económica –porque usan nombres bonitos, pero son más necesarias las que sirven para promover la felicidad y seguridad de las personas.

Lo mismo pasa con la corrupción.  Me entero que hemos caído dos lugares –estamos, como siempre entre los peores–, cuando se mide la capacidad para combatir la corrupción.  ¡Que patético, pero real!

Ni modo, ¿acaso hemos visto que el Congreso legisle para detener la corrupción?  Aquí ser corrupto no se castiga, sino se premia.

También hay una comisión de Transparencia y Probidad, pero al igual que la de la Niñez y la Familia, es una porquería que no sirve para nada, más que para aumentar los desmesurados gastos del Congreso. Qué vergüenza presidir una comisión inútil inoperante, cómplice de los delitos. ¿Alóoo?

La corrupción nos tiene sumidos en porquería y, lo peor, esa porquería sube cada día y ya nos llega al cuello.  No podemos bajar la cara, porque nos ahogamos en ella,

Congreso, Parlacen, la mayoría de ministerios e instituciones del Estado, todos son parte de lo que debiéramos repudiar.  ¿Algún día veremos un brote de dignidad de los padres de la Patria? Nada indica que eso pueda suceder, porque nuestro sistema político está diseñado para embarrarnos, mientras ellos se enriquecen.


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