Cuando la 'ideología' del Estado es la corrupción - Crónica

Cuando la ‘ideología’ del Estado es la corrupción

  • Al hablar de ‘ideología’, no hay que limitarse al plano político, porque de manera más amplia se aplica a la forma de pensar y actuar de una persona, grupo… o el Estado.

Gonzalo Marroquín Godoy

En términos generales, cuando hablamos de ideologías, solemos hacerlo en referencia a las ideologías políticas: izquierda, derecha, socialismo, socialdemocracia, autoritarismo, comunismo, totalitarismo, conservadora y cualquier otra que se pueda aplicar a la actividad política.  Sin embargo, hay otras ideologías que aplican a la forma de actuar de las personas y grupos que ejercen el poder.

En Guatemala, nos han querido vender la idea de que todo gira en torno a las ideologías de derecha (conservadores) e izquierda (radicales), y tratan de encasillar en esas dos ideologías políticas, el quehacer público.  Esto, por supuesto, es una excelente cortina de humo para llevar al engaño a muchos incautos, que retienen en su mente la guerra fría del siglo pasado.

Veamos lo que tenemos en realidad en este momento.  El presidente Alejandro Giammattei ubica a su administración en la derecha, y le añade aspectos conservadores para crear mayor confusión y ganar adeptos.  Sí, se presentan como pro vida, pro familia y muy religiosos. Hablan a los sectores conservadores del país para encontrar un nicho de respaldo.

Por supuesto que añade algunas prácticas pro empresarios para hablar del mayor desarrollo del país, dizque fomentar la inversión y apoyar determinados proyectos de infraestructura.  Pero todo esto no es producto de una ideología profunda de derecha, es parte de una estrategia de comunicación para esconder la verdadera ideología de la poderosa alianza oficialista que ha construido.

En cualquier país hay casos de corrupción.  Eso es indiscutible.  El problema es cuando la mayor parte de los negocios que se hacen desde el Estado se convierten en un saqueo y explotación de los bienes que debieran ser utilizados para el desarrollo de la población y además no se persigue a los corruptos.

Al responder una batería de preguntas podremos identificar la auténtica ideología que promueve esta alianza oficialista:

¿Es casualidad que se sigan utilizando a empresas señaladas de corrupción para llevar a cabo obras de infraestructura?; ¿Será que todos los amigos o cercanos al presidente, diputados y políticos en general, son tan eficientes para darles obras o empleos?; ¿Por qué la fiscal general, Consuelo Porras se niega a investigar casos en contra del gobernante o su círculo cercano?

Pero hay más: ¿Por qué se persigue con tanta insistencia a quienes investigaban –bien o mal– casos de corrupción?; ¿Por qué la justicia se aplica implacable a los opositores o enemigos, y protege a los oficialistas?; ¿Por qué –si se piensa actuar correctamente– se hizo tanto esfuerzo para controlar las instituciones como la CC, CSJ, magistrados, TSE, MP y PDH?; ¿Por qué se destrozó el mandato constitucional de mantener la independencia entre los tres poderes del Estado?

Podríamos seguir, pero al responder esto veremos que no es algo que tenga que ver con la ideología de la derecha.  Sin embargo, debo reconocer que se trata de una ideología definida: la ideología de corrupción, que además es antidemocrática.

Recuerdo que el exembajador estadounidense, Stephen McFarland, en un informe enviado al departamento de Estado, calificó al partido UCN como partido de ideología narco, y hoy es uno de los aliados más importantes del oficialismo.

Menciono este detalle, para hacer ver que no siempre los políticos criollos tienen o practican una ideología política. Casi todos llegan al poder para servirse y no para servir.  Hay un refrán popular que dice: dime con quien andas y te diré quién eres. Sería largo enumerar a los partidos políticos aliados en el Congreso, pero como casi todo el montón de partiditos que hay en el país, tienen una cola mas larga que cualquier masacuata.

En la Lista Engel –que por cierto, no me había equivocado al citarla hace ocho días– se puede apreciar la tendencia dominante en las élites de poder del país.  Hay diputados, magistrados de las altas cortes, jueces, la fiscal general y el fiscal de la FECI, exfuncionarios y empresarios.  No creo que se les pueda calificar de personajes de derecha, pero Estados Unidos los llama corruptos y antidemocráticos.

Faltan alcaldes, y funcionarios, pero no hay que descartar que más adelante se sumen otros nombres relevantes que aparecen en las noticias vinculados al saqueo de las arcas del Estado.

Es evidente que la corrupción no tiene que ver con la ideología política, pero sí es una ideología que ha cobrado demasiada fuerza en Guatemala.  La impunidad es tan grande, que invita a muchos a meterse al grupo de la corruptela.

Pero como los guatemaltecos ya estamos por iniciar un proceso electoral, es claro que debemos ser cuidadosos con nuestra elección.  Termino con un chiste que refleja nuestra realidad: En las próximas elecciones sería bueno que votáramos por un partido en el que el candidato fuera Alí Babá y que con él estén sus 40 ladrones.  Así solo serían 41 funcionarios saqueando al país, en vez de la camarilla que ahora se puede contar por cientos.

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