A poco menos de un año de las elecciones 2027…¿MÁS DE LO MISMO?

  • El 27 de junio de 2027 los guatemaltecos debemos ir nuevamente a las urnas… ¿Qué hay diferente con respecto a elecciones anteriores?. 
  • Volverán muchas de las caras conocidas, la papeleta volverá a ser como cartón de lotería, y los partidos políticos seguirán sin mostrar adelanto democrático interno.
  • La causa de muchos males del país es el sistema político fallido, en buena medida por un multipartidismo sin ton ni son.

Redacción Crónica

A pocos meses de que se ponga en marcha de forma oficial el proceso electoral, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha sacudido el tablero político nacional al oficializar el cronograma para las Elecciones Generales de 2027.

La noticia no radica únicamente en la precisión matemática de los días en que los guatemaltecos acudirán a las urnas, sino en la confirmación de una realidad sistémica alarmante: el escenario político vuelve a expandirse hacia una fragmentación histórica, repitiendo los patrones de las últimas cuatro décadas.

Lejos de una evolución democrática o una depuración de liderazgos, el panorama que se avizora para 2027 promete ser la reedición perfecta del más de lo mismo, con una boleta presidencial que parecerá un cartón de lotería y un sistema de partidos consolidado como un archipiélago de franquicias de alquiler.

Según las últimas proyecciones técnicas emitidas por el Departamento de Organizaciones Políticas del Registro de Ciudadanos del TSE, se estima que al menos 34 partidos políticos participarán activamente en la contienda presidencial y legislativa, un número que rivaliza únicamente en América Latina con el crónico colapso del sistema de partidos de Perú.

Mientras tanques de pensamiento locales como la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies) y el Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) evalúan los efectos de esta pulverización del voto desde diferentes prismas ideológicos, la ciudadanía guatemalteca se prepara para enfrentar un laberinto institucional diseñado, no para ofrecer la mejor opción de gobierno, sino para perpetuar el reciclaje de figuras y estructuras vacías de doctrina.


El Cronograma oficial

El banderazo de salida de la magistratura del TSE ha dejado claras las reglas temporales del juego. Con el fin de evitar los atropellos informáticos y los vacíos logísticos que ensombrecieron los arranques de procesos anteriores, la autoridad electoral ha definido una estructura en tres fases estrictas para el 2027:

Fase 1: Convocatoria oficial a elecciones generales 20 de enero, convocatoria oficial al proceso electoral; 21 de Enero: Apertura para inscripción de candidatura; 25 de Marzo, cierre del empadronamiento de ciudadanos; 26 de Marzo, cierre definitivo de inscripción de candidatos.

Fase 2: Campaña Electoral y Primera Vuelta:  29 de Marzo, inicio oficial de la campaña electoral;  25 de Junio (12:00 horas): Conclusión de la campaña (silencio electoral);  DOMINGO 27 DE JUNIO, PRIMERA VUELTA ELECTORAL.

Fase 3: Balotaje y Cierre:  28 de Junio al 20 de Ago., Campaña exclusiva para binomios presidenciales;   • DOMINGO 22 DE AGOSTO: SEGUNDA VUELTA ELECTORAL (BALOTAJE).


El proceso en marcha

El magistrado del TSE encargado de la presentación enfatizó que este diseño busca «acercar el voto a la residencia de los ciudadanos y fortalecer los controles de ciberseguridad junto al Renap», pero en los pasillos de la política nacional la lectura es estrictamente pragmática: el tiempo corre y las maquinarias recaudadoras ya han encendido sus motores.

El mapa de la fragmentación

El fenómeno del hiper-multipartidismo guatemalteco ha pulverizado cualquier intento de representatividad real. Tras la depuración posterior al proceso de 2023, donde el sistema canceló a nueve agrupaciones políticas que no lograron el umbral mínimo del 5% de los votos ni representación en el Congreso —entre ellos nombres destacados como el Frente de Convocatoria Nacional (FCN-Nación), el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), el Partido Humanista (PHG) y Podemos—, el ecosistema no se contrajo. Al contrario, mutó y se multiplicó.

El Registro de Ciudadanos confirmó la inscripción en firme de nuevas fuerzas como Raíces, Jaguar, Partido Verde Guatemalteco y Nuevos Tiempos, las cuales ya lograron superar la valla legal de los 28,083 afiliados y estructurar sus comités ejecutivos nacionales. Adicionalmente, agrupaciones en formación como Revolución, Chapín y Xguate avanzan a paso firme para sumarse antes de que venza el plazo legal.

Sin alma ni ideología

¿Por qué Guatemala produce partidos con la misma facilidad con la que una fábrica emite productos desechables? El análisis histórico de Crónica arroja una constante estructural devastadora: en Guatemala ningún partido político posee una organización democrática interna real ni una base filosófica o ideológica sostenible. Son, en su definición más pura, vehículos electoreros, cascarones jurídicos creados con el único propósito de postular candidatos financiados por capitales oscuros o corporativos interesados en la captura de la obra pública.

Asies ha señalado reiteradamente en sus informes de monitoreo político que las asambleas nacionales de estos partidos son meros trámites notariales. Los secretarios generales actúan como propietarios de la ficha de inscripción, vendiendo las casillas para diputaciones y corporaciones municipales al mejor postor. «El ciudadano no vota por un programa de gobierno porque el programa no existe; vota por una marca publicitaria de temporada que desaparecerá cuatro años después», apunta un analista de dicho centro de estudios.

Esta carencia absoluta de raíz ideológica explica el fenómeno más insólito de la llamada era democrática guatemalteca iniciada con la Constitución de 1985: ningún partido político ha logrado ganar dos elecciones presidenciales consecutivas, ni siquiera alternas. La Democracia Cristiana (DCG), el MAS, el PAN, el FRG, la Gana, UNE, el Partido Patriota (PP), FCN-Nación y VAMOS han sido devorados por el ejercicio del poder. El partido que gana la presidencia se convierte automáticamente en un cadáver político para la siguiente elección, lo que demuestra que los partidos guatemaltecos no nacen para gobernar a largo plazo, sino para saquear en el corto plazo.

La doble vuelta y la eterna Sandra

El diseño institucional del sistema guatemalteco contempla un balotaje o segunda vuelta presidencial si ninguno de los candidatos obtiene la mitad más uno de los votos válidos en la primera ronda. Desde 1985, ningún candidato ha sido capaz de ganar la presidencia en una sola vuelta. La enorme dispersión del voto provocada por el multipartidismo hace que los candidatos punteros pasen a la segunda vuelta con porcentajes raquíticos, que a veces rozan apenas el 15% o 12% del total del padrón.

Este sistema ha construido lo que diversos columnistas denominan el laberinto perfecto: una trampa procesal perfecta que impide el surgimiento de opciones verdaderamente representativas.

El caso más emblemático de esta distorsión es Sandra Torres Casanova, la figura más perseverante y, a la vez, el pararrayos del antivoto nacional. Torres ostenta el récord histórico de haber perdido el balotaje presidencial en tres ocasiones consecutivas (2015 frente a Jimmy Morales, 2019 frente a Alejandro Giammattei y 2023 frente a Bernardo Arévalo).

El sistema político ha utilizado la figura de la líder de la UNE como el espantapájaros perfecto: basta con que Torres clasifique a la segunda vuelta para que el electorado, preso del pánico, vote en masa por cualquier opción que tenga enfrente, sin importar lo precaria o corrupta que esta sea.

Así quedaron las elecciones presidenciales de 2023, cuando por primera vez el voto nulo resultó ganador en los comicios, mostrando la frustración del electorado ante una gran oferta de candidatos, pero poca calidad en los listados.

Sin embargo, el sistema crujió en los comicios pasados cuando se manifestó el verdadero monarca de la insatisfacción popular: el voto nulo. En la primera vuelta del último proceso, el voto nulo superó con holgura a los dos candidatos que terminaron pasando al balotaje. El rechazo fue generalizado, pero el diseño de la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) está hecho de tal forma que, aunque el desprecio ciudadano sea mayoritario, el laberinto obliga a elegir a alguien de las opciones disponibles, coronando una legitimidad de origen severamente desgastada.


El reciclaje de rostros

A un año de la convocatoria, los nombres que se barajan en los corrillos políticos y en los desayunos de hoteles capitalinos confirman que la innovación no es una virtud del sistema. Los «presidenciables» en el ambiente son, en su inmensa mayoría, figuras desgastadas que ya han participado en dos o tres procesos anteriores, esperando que el azar de la lotería electoral los favorezca esta vez:

Las infaltables Zury Ríos (izquierda) y Sandra Torres (derecha), se preparan física, mental y emocionalmente para una nueva contienda. La primera con un partido diferente, mientras que Torres sigue en en su propio barco caudillista, la UNE

Zury Ríos Sosa: Ahora bajo el alero de los unionistas, se dice que la sempiterna carta de la derecha conservadora tradicional buscará de nuevo un espacio, intentando aglutinar a los sectores militares y empresariales bajo la bandera del orden y la familia.

Roberto Arzú García-Granados: Con un discurso estridente enfocado en «hacer grande a Guatemala de nuevo», buscará revancha tras haber sido bloqueado por el TSE en el proceso anterior.

Edmond Mulet: El diplomático y eterno aspirante de centro-derecha buscará presentarse una vez más como la opción de la experiencia y la tecnocracia internacional, aunque su base electoral ha sufrido severos desgastes territoriales.

Carlos Pineda: Hábil en el manejo de redes sociales, este personaje tratará de capitalizar la popularidad que logró crear antes de ser excluido del proceso electoral de 2023.

Neto Bran: Confiando en que desde que está en política solamente ha perdido en el cuadrilátero –noqueado por el ahora diputado Esduín Jerson Javier Javier el Tres Quiebres, el alcalde de Mixco ha decidido dar el paso para librar la carrera presidencial con el partido Creo.

Otros nombres ya conocidos por participaciones anteriores y que ya circulan en medio políticos son los de Manuel Villacorta, Hugo Peña, Julio Héctor Estrada, sin que se descarte algún personaje con cierto nombre que piense que ha llegado su momento para irrumpir en la política. Además, el oficialismo seguramente lanzará a algún candidato en las plataformas disponibles.

Espejismo de Bukele y Trump: la derecha que viene

Para el proceso de 2027, el CIEN y otros analistas advierten un giro discursivo evidente en las facciones de derecha. El electorado urbano guatemalteco, asfixiado por la inseguridad ciudadana y la extorsión diaria, mira con profunda fascinación los modelos autocráticos de la región. El encanto de Nayib Bukele y su política de mano dura, sumado a la retórica nacionalista y anti-inmigrante de Donald Trump, se han convertido en los textos sagrados de la ultraderecha latsinoamericana.

Se espera que surja un candidato outsider o un político tradicional reconvertido que intente mimetizar la filosofía de estos dos líderes. El mensaje será simple y agresivo: seguridad, militarización de las calles, guerra abierta a las pandillas y un desafío abierto a los organismos internacionales.

No obstante, esta estrategia tiene un anclaje internacional de alto riesgo. El trumpismo a la guatemalteca podría desinflarse o caer en desgracia dependiendo directamente de la geopolítica de Washington. Si los republicanos pierden el control de la Cámara de Representantes y del Senado de los Estados Unidos en las elecciones legislativas intermedias, el margen de maniobra de las narrativas autoritarias en el Triángulo Norte se verá severamente acotado por las sanciones fiscales y la presión del Departamento de Estado.

La lotería de la desesperanza

El diagnóstico que arroja el inicio del cronograma electoral del TSE para 2027 es de un inmovilismo estructural preocupante. Guatemala se encamina a gastar millones de quetzales en un ejercicio democrático formal que, en el fondo, carece de contenido democrático sustancial. Treinta partidos, treinta logotipos, un cartón de lotería donde el ciudadano común raspa con la uña esperando que el gobernante de turno no sea peor que el anterior. El laberinto del sistema está intacto, los vehículos electoreros listos para ser abordados, y la promesa de «más de lo mismo» firmada y sellada en el calendario oficial de la nación.

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