Ya durante la campaña, al conocer la precandidatura de Arévalo y los listados de nominación a diputados, me extrañó el ingreso de caras que no conocía, por lo que hice las interrogaciones del caso a quienes seguían en el proyecto, para conocer quiénes eran los recién llegados y, sobre todo, cómo habían logrado en tan poco tiempo, sus respectivos nombramientos, haciendo a un lado a varios cuadros capaces que provenían del grupo promotor y que se habían fajado en la constitución del partido.
JOSÉ ALFREDO CALDERÓN E. (Historiador y analista político)
Les he compartido antes algunos pormenores del porqué conozco a muchos integrantes del actual gobierno, empezando por mi ex compañero de promoción 1977, el ciudadano presidente; y de cómo la mayor parte de información que manejo, proviene de las entrañas mismas del ex partido oficial y de funcionarios de gobierno, tanto del Ejecutivo como del Legislativo.
Hay abundante material para poder demostrar que, lo que muchos todavía califican como cobardía, indecisión, inexperiencia y/o torpeza, no fue más que una decisión política, a cambio de una toma de posesión que se veía complicada, por lo que el ego presidencial y los intereses mafiosos, coincidieron en esta coyuntura.
Me permitiré la licencia de generar una breve crónica, a partir de mi cercanía y experiencia. Impartí formación política durante cuatro años ad honorem (2018-2022) tanto para militantes, como para dirigentes de Semilla y si algo favorece a estos procesos, es que nos permite conocer a mucha gente. Así mismo, no siendo afiliado a partido político (nunca lo fui, ni lo soy) y sin ninguna pretensión respecto a cargos de elección popular o de dirección a cualquier nivel, me ha servido para disipar cualquier envidia, recelo o resquemor por parte de quienes participan con la única intención de figurar, obtener nominaciones de cualquier tipo y prebendas politiqueras. Dicho esto, fui visto como alguien que aportaba, de forma sencilla y sin aspiración de protagonismo de ningún tipo.
Mi canal de apoyo inició en la Secretaría de Formación a cargo del ahora diputado Román Castellanos primero, y luego, con Carlos Mendoza, actual titular de SEGEPLAN, ambas personas, de mi alta consideración y aprecio. Dicha secretaría trascendió la temática delineada y ante las debilidades internas, tocamos temas preocupantes sobre comunicación política y estrategia, sin que alguien se interesara mucho por generar una discusión dentro del partido primero, y del gobierno después. Por cierto, me generó inquietud observar que el Comité de Análisis Estratégico, estaba integrado por muchas personas a las que conocía personalmente. Lo interesante es que este tipo de espacios, por razones estratégicas, valga la redundancia, no debería estar formado por más de 5 o 6 personas máximo, y en este cuerpo constaté que eran al menos 22. Ni siquiera intenté acercarme, porque, además, se manejaba como un grupo de “iluminados”, muy por encima de cualquier entidad partidaria.
Una de las falencias que advertí, por haber visto casos similares en otras organizaciones, fue que se debía fortalecer el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) para que se encargara del desarrollo partidario y no se incurriera en lo que finalmente pasó: la desintegración del CEN, al privilegiar disputas personales por nominaciones. La mayoría de sus integrantes empezaron pronto la campaña personal.
Lo anterior y otras desviaciones que fui observando, motivó que en diciembre de 2022 tomara la decisión de salir de la dinámica formativa, comunicacional y de otros aportes. Reuní a un grupo de personas de mi confianza y les trasladé mi decisión y preocupación por el rumbo que estaba tomando el proyecto de Edelberto Torres-Rivas y cómo yo vislumbraba que terminaría todo esto. El partido se dividió en tres: los thelmistas, (seguidores de la ex magistrada y ex fiscal Thelma Aldana, con más oportunismo que talante ideológico); los institucionalistas (socialdemócratas conservadores) que abogaban por un candidato presidencial propio del partido, pero que reconocían que no existía ninguna figura capaz de hacer frente a la señora Aldana (Arévalo aún no era candidato fuerte y carecía de liderazgo al interior de Semilla) y finalmente, un pequeño grupo de socialdemócratas liberales que incluía a algunos cuadros de izquierda revolucionaria. Este último grupo fue atacado desde dentro del partido por las otras dos facciones, lo que culminó en purgas y separaciones importantes.
Ya durante la campaña, al conocer la precandidatura de Arévalo y los listados de nominación a diputados, me extrañó el ingreso de caras que no conocía, por lo que hice las interrogaciones del caso a quienes seguían en el proyecto, para conocer quiénes eran los recién llegados y, sobre todo, cómo habían logrado en tan poco tiempo, sus respectivos nombramientos, haciendo a un lado a varios cuadros capaces, que provenían del grupo promotor y que se habían fajado en la constitución del partido. La respuesta (voz off) de un par de cuadros me dejó helado: “Como no hay plata partidaria para financiar candidaturas, muchos de los que llegaron, lo hicieron con su melón bajo el brazo, obtenido de padrinos diversos y careciendo de una militancia socialdemócrata y, mucho menos, de izquierdas.”
Una de las razones por las que jamás me he afiliado a proyecto político alguno es, precisamente, por las falencias y triquiñuelas descritas. Pero consciente que no podía quedarme de brazos cruzados y que se debía de apoyar ante las debilidades descritas (para no volver a caer en gobiernos nefastos como el de Otto Pérez, Jimmy o Giammattei), una vez ganadas las elecciones y luego, en el propio ejercicio de gobierno, acepté integrar un petit comité que se encargaba de comunicación política y estrategia.
Desde las sombras y con humildad, cinco académicos: la politóloga Simona Violetta Yagenova (QEPD), la psicóloga y comunicadora Silvia Trujillo, el economista y estratega Carlos Martínez, el periodista y comunicador Mario Recinos y su servidor, más la diputada Olga Villalta, quien supuestamente sería el enlace con el CEN, asesores y cuadros decisores. A pesar de los sustanciosos aportes generados, lamentablemente caímos en cuenta de la desconexión existente con dirigentes y órganos de decisión, ya que nuestras sugerencias nunca llegaban a buen destino y los “errores” que notábamos eran cada vez eran más seguidos y graves. La primera en salir fue Silvia, yo le seguí, después murió Simona y el petit se desintegró.
(Continuará en la II parte)
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