/PROVOCATIO/ USAC: Un botín estratégico


Con décadas de cooptación (1986 a nuestros días) cualquiera preguntaría por qué sigue siendo tan importante la captura total de la universidad. La respuesta está en que ni la represión, ni la traición de tanto operador interno y de los politiqueros, ni el espurio papel de los distintos gobiernos, incluido el actual, ni el podrido sistema de justicia; han podido eliminar los focos de resistencia de trabajadores, docentes y estudiantes que, aun siendo minoría, mantenemos una posición digna frente a la agresión fascista.


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

La crisis de la única universidad pública del país trasciende a la comunidad sancarlista por distintos motivos. Hay quienes dicen que, siendo un centro de estudios financiado con fondos públicos, debería importarles a todos, aunque quienes más reclaman por ese “gasto” son, precisamente, quienes más evaden impuestos.

Otros critican que la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) ocupe 53 representaciones con voz y voto en diversas instituciones estratégicas del Estado, pero no dicen nada acerca de la representación del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF) que tiene presencia con voz y voto en al menos 58 juntas directivas e instancias del Estado en Guatemala. Esta participación les permite influir en decisiones clave de instituciones públicas, ministerios y comisiones, mientras que la USAC, habiendo sido cooptada, suma a la fuerza empresarial en lugar de ser un contrapeso, como lo era antes.

Otro factor a tomar en cuenta es que, según el Instituto de Estudios de los Problemas Nacionales –IPNUSAC–, en 2022, la USAC contaba con más de 13,000 trabajadores en total. Esto incluye aproximadamente 8,112 profesores y más de 5,169 empleados administrativos y de servicios, teniendo extensiones en toda la República. Aunque las cifras varían según el año académico y las inscripciones en los 22 centros regionales, la Tricentenaria alcanza de 200 a 230 mil estudiantes, con una alta concentración en el Campus Central (53%). Sin ninguna comparación con todas las universidades privadas juntas.  Su presupuesto y estos datos, revisten características que hacen de la USAC, un botín muy importante.

Con tantas universidades privadas que reproducen en forma sistémica el pensamiento dominante, ¿por qué las élites económicas invierten tanta atención por lo que pasa o deja de pasar en la única universidad pública? Para responder esto, debemos acudir a la maestra de todas las ciencias: la Historia.

Durante la guerra interna, la USAC se erigió en la reserva moral del Estado y centro reproductor de pensamiento alternativo, lo cual, tuvo un costo demoledor en términos de vidas humanas. La comunidad sancarlista fue perseguida mediante el ninguneo y la descalificación primero, y luego, fue víctima de miles de desapariciones, exilio y asesinatos. Trabajadores, estudiantes y docentes, sufrieron el terrorismo de Estado ejercido por los gobiernos militares de 1954 a 1985, e incluso, por algunos gobiernos civiles posteriores.

El objetivo estratégico de las élites y de su operador principal, el ejército, fue implantar el miedo, a efecto que las nuevas generaciones descartaran todo espíritu de cambio, así como la adopción de ideas estigmatizadas como “malas”, lo cual abarcaba no solo el marxismo, sino vertientes más conservadoras como la socialdemocracia, el socialcristianismo e incluso, el liberalismo progresista. A toda costa, la USAC debía dejar de ser el faro de luz en el que se irguió por tantos años y, para el efecto, la brutal represión no bastó; era necesario cooptar su administración para que no retoñara el espíritu revolucionario que albergó.

El primer gran paso fue intervenir, solapadamente, las elecciones de rector, en plena efervescencia del conflicto armado; logrando la llegada del Dr. Eduardo Meyer Maldonado el 16 de junio de 1982, quien fue protegido del sistema, como se demuestra con la ridícula condena de 3 años por el delito de incumplimiento de deberes (2012), conmutables a razón de Q100 diarios, por el desvío de Q82.8 millones del Congreso de la República a una financiera (MDF) cuyo gerente Raúl Girón, estaba coludido con Meyer; además, se le impuso una multa de Q1,000.00 por el delito de peculado culposo y de Q5 mil por omisión de denuncia. Por donde se vea, un excelente negocio que no hubiera sido posible, sin el gran servicio de poner en bandeja a la USAC.

La seguidilla de rectores entreguistas consolidó la toma de la universidad, debiendo hacer énfasis en los últimos: Estuardo Gálvez (2006-2014), Carlos Alvarado Cerezo (2014-2018) Murphy Paiz (2018-2021) quien no terminó su período ya que lo encarcelaron por el caso Comisiones Paralelas en 2020, facilitando la llegada del usurpador, quien ostenta el poco honroso mote por la forma fraudulenta en la que tomó a la rectoría en 2022, replicando nuevamente el fraude en 2026, cuyo telón no se ha cerrado, porque seguiremos defendiendo a nuestra USAC, la universidad del pueblo.

Con décadas de cooptación (1986 a nuestros días) cualquiera preguntaría por qué sigue siendo tan importante la captura total de la universidad. La respuesta está en que ni la represión, ni la traición de tanto operador interno y de los politiqueros, ni el espurio papel de los distintos gobiernos, incluido el actual, ni el podrido sistema de justicia han podido eliminar los focos de resistencia de trabajadores, docentes y estudiantes que, aun siendo minoría, mantenemos una posición digna frente a la agresión fascista.

En virtud de la importancia estratégica de la USAC, dejo delineado, cual entremés, estos tres factores base para el análisis serio y profundo que implica su defensa y rescate:

  • 1.    Claridad política para conocer, entender e interpretar la crisis de la USAC, desde lo histórico-estructural.
  • 2.    Organización estratégica estructurada, más allá de la articulación táctica y acciones inmediatistas.
  • 3.    Despojo de intereses personales, gremiales y electoreristas de quienes participen en un frente común por el rescate académico y social de nuestra USAC.

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