- El debate sobre quién ostenta el título de “El más grande de todos los tiempos en el fútbol” es, posiblemente, el único partido que nunca tendrá un pitazo final.
Hablar de Pelé es hacerlo sobre el inicio del espectáculo moderno. En una época donde el fútbol se veía en blanco y negro y la protección arbitral era una utopía, «O Rei» floreció».

Hugo Castillo Aragón
Es una discusión que trasciende lo estadístico para entrar en el terreno de la mitología, la nostalgia y, por supuesto, la evolución técnica del deporte. Sin embargo, cuando se pone sobre la mesa el nombre de Edson Arantes do Nascimento, Pelé, el argumento suele cerrarse con una cifra que parece imbatible: tres Copas del Mundo.
Hablar de Pelé es hacerlo sobre el inicio del espectáculo moderno. En una época donde el fútbol se veía en blanco y negro y la protección arbitral era una utopía, «O Rei» floreció. Ganar tres mundiales (1958, 1962 y 1970) no es solo una proeza de longevidad, sino de impacto.
En Suecia 58, con apenas 17 años, Pelé no fue un acompañante sino el elemento que borró el trauma del Maracanazo que no fue poca cosa para la sociedad brasileña. Su figura representa la perfección atlética de su tiempo con un cabeceo extraordinario, potencia en ambas piernas, una visión de juego periférica y la capacidad goleadora que, según las crónicas de la época, superó los mil goles.
Para muchos, Pelé no solo jugaba al fútbol, además inventó jugadas que el resto del mundo tardaría décadas en replicar. Si el fútbol es arte, Pelé fue el renacimiento.
Pero la entrada de Diego Armando Maradona en la escena cambió la naturaleza del debate. Si Pelé fue la perfección del sistema, Maradona fue la rebelión contra el mismo.
Diego no necesitaba tres Mundiales para validar su grandeza; le bastó con México 86 para elevar el fútbol a una categoría mística. La comparación entre ambos suele dividirse en dos vertientes: La estética contra la efectividad.
Mientras Pelé era la eficiencia máxima en el área, Maradona era el conductor total, capaz de ganar un partido (y un torneo) arrastrando a un equipo entero desde el mediocampo.
A diferencia de Pelé, que desarrolló toda su carrera de élite en el Santos y el recordado Cosmos de Nueva York, Maradona conquistó Europa, transformando a un modesto Napoli en el epicentro del fútbol italiano, desafiando a los gigantes del norte.
Y en la era contemporánea el debate se complica aún más cuando miramos hacia el presente.
Aparecen figuras como Lionel Messi que ha introducido una variable que Pelé y Maradona no tuvieron: la constancia absoluta durante dos décadas en el nivel más alto de la historia del fútbol de clubes. Con la obtención del Mundial de Qatar 2022, Messi cerró para muchos el círculo, combinando la longevidad de Pelé con la magia creativa de Maradona.
Incluso nombres como Johan Cruyff o Cristiano Ronaldo entran en la conversación por motivos distintos: el primero por cambiar la arquitectura del juego y el segundo por llevar la capacidad física y el hambre de gol a límites casi inhumanos.
¿Es injusto comparar eras? Me parece que el gran pecado de los que opinamos y analizamos sobre el deporte es ignorar el contexto. Comparar a Pelé con las estrellas actuales es, en cierto modo, un ejercicio de ciencia ficción.
En los años 60, los balones pesaban el doble cuando llovía, los campos no eran alfombras y las defensas cazaban piernas con total impunidad. Por otro lado, el fútbol actual es más rápido, táctico y físico. Un jugador de hoy tiene acceso a una nutrición y tecnología que Pelé ni soñaba. Pero ahí reside la grandeza del brasileño porque estableció el estándar. Fue el primer icono global en un mundo que apenas empezaba a interconectarse.
¿Hace que ganar tres Mundiales a Pelé sea indiscutiblemente el mejor? Si nos ceñimos a la gloria máxima del deporte, la respuesta es sí. Nadie ha dominado el escenario más importante de la Tierra con tanta frecuencia. No obstante, el fútbol es un sentimiento, y para un napolitano o un argentino, el «mejor» siempre será quien les dio esperanza en tiempos difíciles, no quien acumuló más trofeos en una vitrina.
Al final del día, Pelé es el crack de oro. Puede que otros hayan bailado de forma más hermosa con la pelota o que otros hayan marcado más goles en la era digital, pero «El Rey» siempre será el punto de partida.
Todos los que vinieron después, desde Maradona hasta Messi, pasando por CR7 o Zidane jugaron en el jardín que Pelé ayudó a construir. Quizás la respuesta no sea elegir a uno, sino agradecer que el fútbol, en su infinita generosidad, nos ha permitido ser testigos de tantas estrellas distintas en un mismo siglo.
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