PROVOCATIO: Los mitos sobre la ideología


Una persona puede haber construido su propia ideología a partir de la influencia de distintas corrientes de pensamiento o, simplemente, adoptar la que considera mejor, o acudir a la mezcla de varias para delinear un pensamiento propio.


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

Cuando oigo o leo los estribillos “viralizados” –cual coro desentonado– sobre la inexistencia actual de las ideologías, no dejo de sentir alipori, pues expresarlo implica desnaturalizar al ser humano.

Las ideas están implícitas en las mentes incluso antes de tener consciencia de ello. Algunas frases giran en torno a esta dinámica: “La lucha contra la corrupción no tiene ideología” o joyas similares al estilo de: “luchemos contra la corrupción, pero sin ideologías”, “las ideologías estropean todo, seamos solo nacionalistas”, “las ideologías son cosas del pasado y nos confrontan”, como si la confrontación misma no fuera parte de la historia y una constante, desde la comunidad primitiva a nuestros días. La evolución de la humanidad no pudiera explicarse sin estas luchas de ideas contrarias, las que, muchas veces, se tornaron violentas.

Si quienes defienden este discurso fueran carentes de instrucción, lo entendería, pero muchos, incluso, cuentan con estudios universitarios, y aún más, con estudios de posgrado (y en el área social para más INRI). El problema se acrecienta cuando las personas que tienen acceso a cualquier medio de comunicación, repiten cual mantra este tipo de frases y logran una diseminación sin sentido. Esto explica, en parte, la carencia de una masa crítica y reflexiva, propiamente de ciudadanos y no solo de habitantes.  

Un ejercicio que permite demostrar la falsedad, ingenuidad y, en muchas ocasiones, la perversión de tales aseveraciones, es evitar la palabra “ideología” y simplemente preguntar a nuestros interlocutores qué opinan sobre diferentes tópicos acerca de cómo debieran ser los servicios de educación y salud, o cómo deberían ser las elecciones o si debiese prevalecer lo público sobre lo privado, ¿hay racismo en Guatemala? ¿La religión debería ser obligatoria? Podríamos describir un sinnúmero de variables y todas las respuestas, sin excepción, conllevan un contenido ideológico, sea consciente o inconscientemente. Que no les guste o no les convenga, no quiere decir que no exista.

Otra variante en el discurso es afirmar que las ideologías de izquierdas y derechas han desaparecido, ahora todo se reduce a si se es corrupto (sinónimo de mala persona) o no corrupto (buena persona). Este maniqueísmo simplifica, a sus niveles más primitivos, la explicación de las complejas dinámicas sociales, culturales y políticas de la sociedad. Por supuesto que esta mecánica encierra cierta perversión, según el interlocutor del que se trate. La pretensión es que no se hable de desigualdades sociales y económicas, ni de causas estructurales de los problemas y, por supuesto, para el efecto, conviene demonizar y criminalizar a quienes digan lo contrario, por más razón que tengan.

Una persona puede haber construido su propia ideología a partir de la influencia de distintas corrientes de pensamiento o, simplemente, adoptar la que considera mejor o acudir a una mezcla de varias, para delinear un pensamiento propio.  Hay quienes dicen que son liberales en lo social, pero conservadores en lo económico, para citar tan solo un ejemplo. Este segmento de personas son una minoría, pero tienen el privilegio de gozar de un criterio propio y, por lo tanto, son más difíciles de manipular.

La mayoría, la masa, reproduce la ideología de otros, aunque no perciba este fenómeno claramente. Son quienes privilegian el uso de términos con una connotación despectiva, tales como “chairo”, “comunista”, “indio”, “muco” o “hueco”, con el fin de descalificar a otros, porque ha oído de sus referentes (tan limitados como ellos) que siempre existe un enemigo o un tercero a quien criminalizar, aunque sean de su misma clase o condición.

Al final, el mecanismo inconsciente de repetir que ya no hay ideologías, se deriva de las dinámicas implantadas por quienes urden los hilos sistémicos y así, manipular la mente de los más débiles. La lógica, según ellos, es que la ideología es malvada y no hace más que confrontar a los hermanos guatemaltecos y crear diferencias. Ergo, no es bueno que usted tenga una     –aunque la tenga– y menos, decirlo públicamente. En consecuencia, las pocas personas que se jactan de tener un sistema de creencias y valores bien cimentada, ahora resulta que son malas personas, que buscan la división y hay que condenarlas, con todo lo que esto implica, en un país tan violento como el nuestro.

Recuerde o aprenda, según corresponda: las ideologías son herramientas teóricas para entender e interpretar la realidad social, política, cultural y económica de las sociedades.  Algunas abogan por conservar el statu quo, otras por transformarlo.  Cuando usted emite opinión, lo hace desde su experiencia personal, económica, cultural y social, lo cual refleja sus niveles de inteligencia, sentido común y valores.

No se necesita ser académico o intelectual, para entender que ningún ser humano puede deambular por el mundo sin un sistema básico de ideas, propias o instaladas, elaboradas o rústicas; es decir, basado únicamente en instintos pavlovianos, sexuales y depredadores.


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