- El actual magistrado de la CC es considerado cercano a las fuerzas que han mantenido cooptada la justicia durante los últimos años. El podría inclinar la balanza para que no cambie la tendencia de la «corte celestial».
Redacción Crónica
Este martes, el Palacio Legislativo se convierte en el epicentro de la política nacional. La instancia de Jefes de Bloque ha sido clara: el primer punto de la agenda de la sesión ordinaria es la elección de magistrados para la Corte de Constitucionalidad (CC). En un tablero donde la justicia se juega su última carta de independencia, el nombre de Roberto Molina Barreto resuena con una fuerza que parece inclinar la balanza.
Molina Barreto no es un rostro nuevo, pero su estrategia sí lo es. Fuentes parlamentarias confirman que el magistrado ha ganado un terreno considerable en las últimas horas, posicionándose como el favorito para lograr la reelección, una hazaña que sus pares no han logrado en las elecciones del Consejo Superior Universitario de la USAC y el Colegio de Abogados (CANG).
El «Hombre de la Embajada»: ¿Lobby o Realpolitik?
El dato que ha sacudido los pasillos del Congreso es el supuesto respaldo internacional. Diputados de diversas bancadas han comentado bajo reserva que «Molina Barreto es el hombre de la embajada de Estados Unidos». Este giro narrativo surge tras el reciente viaje de un grupo de políticos guatemaltecos a Washington, donde habrían realizado un intenso lobby para «vender» la figura de Molina Barreto como un factor de estabilidad.
La ironía no pasa desapercibida: un magistrado históricamente vinculado a sectores conservadores y señalado por sectores sociales como parte del engranaje antidemocrático, ahora aparece envuelto en la bandera del pragmatismo diplomático.
¿Por qué Molina Barreto gana terreno donde otros fracasan?
- Memoria Institucional: Conoce los expedientes de todos los diputados y figuras de poder.
- Vínculos Empresariales: Es el puente confiable para el sector privado tradicional que teme a la incertidumbre.
- Pragmatismo: A diferencia de otros actores que chocan frontalmente, Molina sabe cuándo ceder para luego ganar.
Este martes, Molina Barreto no solo se juega una magistratura. Se juega la validación de un modelo de justicia donde la política y el derecho son una misma cosa. Si el Congreso le otorga el voto, habrá demostrado que, en Guatemala, el «sistema» siempre encuentra la forma de reelegirse a sí mismo.

El tablero: Fuerzas en pugna y alianzas bajo la mesa
La configuración de fuerzas en esta elección presenta un empate técnico que solo se romperá con los votos de las bancadas mayoritarias. Hasta ahora, el panorama se divide así:
- El bloque de la independencia: Impulsado principalmente por el CANG, busca perfiles que rompan con el control tradicional sobre las cortes.
- El bloque del continuismo: Anclado en la USAC y ciertos sectores de la justicia, donde Molina Barreto es la pieza maestra
Eso significa paridad entre las fuerzas, que dominará la corriente que logre tres votos.
Para lograr los votos necesarios, Molina Barreto cuenta con un bloque que parece ya alineado: Vamos, Unionistas, Valor y la UNE. Estos partidos, que históricamente han mostrado inclinación hacia las fuerzas que controlan el sistema judicial, ven en su reelección una garantía de status quo.
En el Ejecutivo la noticia no ha caído bnien y fuentes de la cancillería, que pidieron no ser identificadas, señalan que «se hacen los esfuerzos ante el gobierno de Donald Trump para que no haya ningún tipo de apoyo, y menos a un candidato como Molina Barreto». Se dijo que no se hará ninguna comunicación oficial sobre el tema.
¿Reelección histórica o captura institucional?
Si el Congreso ratifica hoy a Molina Barreto, se sentaría un precedente en la actual magistratura. Mientras que en la USAC los grupos antidemocráticos sufrieron un revés y en el CANG la batalla sigue abierta, el Congreso podría ser el puerto seguro para quienes buscan perpetuarse en la máxima corte del país.
La sesión de este martes no solo define un nombre; define el tipo de blindaje que tendrá el sistema de justicia frente a las presiones del Ejecutivo y las demandas de la ciudadanía. Con la agenda pactada y los acuerdos de pasillo ya maduros, el Legislativo tiene la palabra.