UNA TIERRA, UN LIBRO, UNA IDEA: J. J. Arévalo, «El candidato blanco»


Esta obra deja claro que la descomposición política dio lugar a un “alzamiento social armado”, una rebelión coordinada entre civiles y militares. (…) No fue fácil ni obra de pocos; unos doscientos nombres menciona Arévalo, describiendo el papel de cada uno.


Franco Sandoval

Hoy la palabra revolución es una palabra triste. Pero la que hubo en Guatemala 1944 fue un huracán.  Lo digo cuando todavía tengo abierto entre mis manos El candidato blanco y el huracán escrito por Juan José Arévalo, el mejor presidente que ha tenido esta nación.

Hoy la revolución de octubre de 1944 es apenas una sombra en el imaginario de los guatemaltecos, inexistente para la mayoría de los jóvenes. Ignoran que olvidar es borrar de la existencia el evento más notable que tuvimos en todo el siglo XX.

Trato aquí de alumbrar ese hecho a partir de lo que en 1976 rememora su más importante actor, aunque en un escrito autobiográfico quien cuenta la historia lo hace a su favor, adornando los hechos con adjetivos y adverbios que aplauden su obra. En todo caso, El candidato blanco y el huracán es un recuento preciso y elegante de los meses previos al 20 de octubre, la defensa de ese movimiento y la llegada de Arévalo a la presidencia.

Esta obra deja claro que la descomposición política dio lugar a un “alzamiento social armado”, una rebelión coordinada entre civiles y militares. En lo militar, la idea y la estrategia fue obra del mayor Carlos Aldana Sandoval, la conducción operativa estuvo a cargo de Francisco Javier Arana y Jacobo Arbenz; en lo civil el único enterado era Jorge Toriello. Los últimos tres conformaron La Junta de Gobierno. Me pregunto si los oficiales militares y los lideres civiles de esta nación tienen conciencia de esa rebelión conjunta para sacar del poder al dictador que se proponía seguir los pasos de Ubico.  No fue fácil ni obra de pocos; unos doscientos nombres menciona Arévalo, describiendo el papel de cada uno.

Pioneros de ese movimiento fueron los estudiantes de la “combativa y gloriosa Escuela Normal” que el 25 de junio salieron a las 9 de la mañana en manifestación de protesta contra el dictador; tres resultaron heridos. A ellos se sumaron otros estudiantes, profesores, gente de los mercados, finqueros y comerciantes. Eran tiempos de hablar quedo, de conversaciones a puerta cerrada. En los cuarteles también había descontento.

Arévalo llega de Argentina como candidato, como doctor en Filosofía y docente en universidades de La Plata, Córdova, Mendoza y Buenos Aires. Al arribar Ydigoras Fuentes le advirtió: “Usted no será presidente, doctor, a pesar de su popularidad. En este país las elecciones son puras fórmulas.” Eso no apaga el incendio porque la ciudadanía estaba lista para el combate, así Arevalo tuviera que vivir escondido, cambiando de casa o exiliarse en la embajada mexicana. Su cabeza tiene precio: 25 mil quetzales. Antes de convocarse las elecciones, en medio de polémicas y adversidades, decidió pasar a la ofensiva mediante caravanas a los departamentos. El grito de “Viva Arévalo” se vuelve himno de batalla, un estruendo popular. En la primera gira, al llegar a Jalapa, a recibirlo llegan jinetes de Jalpatagua, Conguaco, Moyuta, Azulco, Pasaco, El Salamar, burlando tapones o rompiendo cercos. Allí el finquero Ruben Roca lo nombra el candidato blanco, “tan limpio como el agua clara”. Muchos lo repiten. Arévalo habla de “unidad combativa” y a la multitud le promete “sacar a sombrerazos las cucarachas que permanecen en el Palacio Nacional”.

En Antigua y Escuintla la policía se muestra prepotente; en la costa sur la gente se queja de la explotación en las bananeras. Siguen en el occidente, rápidas y concurridas para no dar lugar a emboscadas o A que los detengan los conservadores; el huracán se vuelve indetenible.

En reuniones de trabajo y en los mítines Arévalo perfila su filosofía: socialismo espiritual. Nunca estuvo muy clara: una forma de decir que no es comunista, conservador ni liberal. Habla de un código de trabajo, ruptura de relaciones con Franco, Facultad de Humanidades, autonomía universitaria. “Unidos forjaremos una nueva Guatemala”, se dice a coro.

La última gira, ya como presidente electo, es a la Verapaz e Izabal. Después de apreciar tan majestuoso paisaje lleno de bosques, cascadas y trajes multicolores, Arévalo centra su discurso en prometer “desarrollo de la cultura y asentamiento de la democracia.” En esos recorridos, acompañado de una ferviente comitiva, va el maestro, anotando en su cuaderno el nombre de árboles, pájaros, ríos y cascadas, mostrando a los jóvenes de la Asamblea y de la Constituyente como se conduce un maestro.

La historia oficial se interesa en borrar la figura del mejor gobernante de Guatemala, pero libros como El candidato blanco y el huracán son imborrables. Atrás de él, un hombre que con sabiduría y energía le puso rumbo al país. Ojalá se repita esa historia.