Ricardo Trotti (defensor de libertad de prensa): “El periodismo debe investigar más al poder”

  • En momentos en que la prensa enfrenta grandes retos a nivel global, una voz con experiencia ubica a la profesión del periodismo en su momento actual y Ricardo Trotti, un experto en el tema, mira las oportunidades que se presentan.  En esencia, habla de preservar la profesión haciendo más y mejor periodismo.

Gonzalo Marroquín Godoy

Para entender lo que está sucediendo en el mundo de la prensa, lo mejor es conversar con un experto en el tema.  Ricardo Trotti fue director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y un ferviente defensor de la Libertad de expresión en todas las Américas.

Por esa razón, Crónica ha conversado con él y estas son sus respuestas a nuestras interrogantes.

A finales del siglo XX, la prensa no esperaba cambios tan radicales, aún con el inicio de la era tecnológica. ¿Cree que el balance de esa nueva tecnología –internet, redes sociales y ahora la IA– ha sido más negativo que positivo?: Hasta el momento, el balance es deficitario, a pesar de que la tecnología ha sido y sigue siendo una herramienta necesaria para los medios. Desde finales del siglo XX, con la llegada de internet, la tecnología ha ido erosionando paulatinamente las bases económicas del periodismo. Primero, devoró el modelo publicitario; luego, las redes sociales convirtieron la atención en una «prisión sin rejas» basada en algoritmos que premian la indignación; y hoy, la inteligencia artificial amenaza con completar la expropiación del trabajo intelectual raspando contenidos sin pagar por ellos.

El problema es que las empresas tecnológicas ya no usan la tecnología como una herramienta, se han apropiado de sus fines y operan como una nueva competencia desleal para el periodismo, porque controlan la distribución del mensaje y los sesgos de las audiencias, y lo hacen sin los controles, regulaciones ni límites morales que el periodismo tiene y debe preservar.

Algunos analistas del periodismo dicen que la prensa se equivocó al considerar inicialmente como un “gran aliado” a las redes sociales que, con el tiempo se convirtieron en el vehículo ideal para la desinformación… ¿Esas plataformas de redes sociales ayudan o perjudican la prensa?: Fue un error estratégico considerar aliadas a estas plataformas que operan bajo sus propias reglas, saltándose las que rigen a las demás empresas, incluidos los medios. Las empresas de internet, redes sociales y ahora de IA prometieron una distribución global, pero terminaron erigiéndose en nuevos censores y propietarios de la información que ordenan, sintetizan y empaquetan como propia. Encerraron al público en «jardines amurallados» y priorizaron algoritmos diseñados para explotar emociones como la rabia y el miedo, porque la confrontación y la polarización retienen la atención. Todavía vemos, como en las elecciones de este domingo en Brasil y en las que se avecinan en EEUU, como la tecnología es usada para manipular la conciencia colectiva.

El internet y las nuevas tecnologías de comunicación cambiaron también el mundo de la publicidad, y con ello, golpearon a la industria de periódicos (impresos), que primero tuvieron que recortar sus redacciones y muchos se han visto obligados a cerrar por falta de recursos. ¿Tienen futuro los periódicos?: El papel, como soporte físico, enfrenta una contracción inevitable; es un modelo casi agotado que, tarde o temprano, dejará de existir como medio de comunicación. Pero el periodismo, en cambio, tiene un futuro indispensable, cada vez más necesario, como lo ha demostrado la influencia de la radio desde siempre.

No podemos ahora lamentar el error estratégico de haber depositado la confianza en las promesas que las plataformas hicieron a los medios, con modelos de negocio basados en la publicidad programática o en el click. Para mí, lo peor de todo esto es que los medios, que siempre fueron líderes, terminaron por correr detrás de las empresas tecnológicas que están en otra carrera, muy distinta de la que rige la cultura del periodismo.

La lección es cara. Los medios todavía están pagando un alto precio por haber creído en esas bondades.

El futuro radica en volver a encontrar las herramientas que siempre hicieron necesario el periodismo, entre ellas, la independencia del poder, en este caso, el económico, como lo representan estas empresas tecnológicas, convertidas ya en un poder político y social de relevancia.

No es noticia nueva, pero el acoso de gobiernos autoritarios –más allá de las dictaduras– muestran una tendencia a perseguir periodistas y medios independientes en todas las Américas para silenciarlos por la vía judicial. Además, constantemente desacreditan la profesión y a los medios, causando dudas sobre su credibilidad. ¿Cómo se puede defender la prensa frente a los poderes del Estado?: El riesgo de la hostilidad oficial es que opera por efecto acumulativo y por contagio. La estigmatización, además de incentivar la violencia física, activa el acoso judicial mediante «demandas SLAPP», querellas millonarias diseñadas por políticos y funcionarios para disciplinar al periodismo y forzar su autocensura.

Es difícil luchar contra esto porque los medios tienen recursos limitados y su atención se centra en la defensa de la democracia. Entonces, el periodismo debe responder documentando los atropellos, identificando patrones y escalando las denuncias a las organizaciones pertinentes para elevar el costo político de atacar a la prensa. El periodismo no debe gastar energías en defenderse ni responder al insulto con agravios; debe investigar más al poder.

Recientemente, Trotti recibió un reconocimiento en la universidad de Columbia (EEUU), por su trayectoria en defensa de la libertad de prensa en el hemisferioi.

El caso Watergate, que se destapó con información de los periódicos más importantes de EEUU, ¿es algo que ya no veremos más?: Seguiremos viendo grandes investigaciones del tipo Watergate, pero su metodología ha cambiado. Antes, la investigación consistía en revisar físicamente miles de carpetas polvorientas. Hoy, como se demostró con los Panama Papers, el LavaJato o erl FIFAgate, el periodista utiliza la tecnología para procesar millones de documentos filtrados.

Quizás el mayor reto de estos tiempos, ante el avance de la desinformación y de los algoritmos cargados de sesgos, es la prueba de la verdad. Una parte del público, pese a las evidencias, seguirá ignorando o, al menos, sospechando de la verdad.

El grave problema es que, debido a la crisis de sostenibilidad provocada por las tecnológicas, hay cada vez menos medios con los recursos físicos y económicos necesarios para realizar investigaciones de gran envergadura. El modelo Watergate puede estar agotado, pero el modelo de periodismo transnacional e intermedios tiene grandes oportunidades.

Dicen que las noticias falsas (fake news) corren siete veces más rápido que las noticias verdaderas de los medios serios. ¿Se puede luchar contra esto?: Antes de luchar, hay que comprender las reglas del juego y que, en este campo, estamos en desventaja. Primero, la verdad es compleja, ya que requiere verificación y tiempo; y segundo, la falsedad explota las vulnerabilidades emocionales y resulta adictiva, máxime con los sesgos que impulsan los algoritmos.

Pero esta asimetría es lo que vuelve al periodismo más necesario y relevante que nunca, así que diría que estamos ante una gran oportunidad. La verdad siempre ha sido la materia prima del periodismo, y es esta la que le otorga una ventaja competitiva y comparativa frente a las demás disciplinas.Es decir, los principios tradicionales son la salvaguarda de nuestra profesión.

¿Qué debería hacer la prensa y las organizaciones de prensa para contrarrestar esta situación y volver a calar en la mente de la opinión pública como “los que verdaderamente informan” ?: La credibilidad y la confianza no son automáticas; se construyen con mucho esfuerzo, día a día. Hay que rescatar como prioritarios los principios fundamentales formulados hace más de un siglo por Walter Lippmann, entre ellos la rigurosidad por la verdad y la exactitud y, agregaría en esta época de desconfianza masiva, un alto sentido de la transparencia.

Las alianzas y la solidaridad entre los medios y entre las organizaciones de prensa son más útiles que nunca, ya sea para contrarrestar los ataques del poder, distribuir información o negociar con más fuerza con las plataformas.

Ahora retirado de las actividades al frente de la SIP, Trotti sigue escribiendo una columna, pero además desarrolla su arte: pinta y escribe… En la gráfica una de sus pinturas de la serie «Flores»…

Uno de tus campos de investigación ha sido la IA. Ahora se habla mucho de “aprovecharla”. ¿Qué riesgos y oportunidades hay para el periodismo moderno?

La gran oportunidad es que el periodista evolucione de ser un mero redactor de tareas rutinarias a convertirse en un director de IA. La IA puede liberar el trabajo mecánico, ya sea transcribir, procesar volúmenes masivos de datos, para devolvernos a lo esencial: pensar, investigar y fiscalizar. Lo que no se puede hacer es delegar la responsabilidad en la IA. La supervisión debe ser siempre humana, porque la IA no tiene prestigio ni credibilidad que perder.

Para los medios, hay que distinguir entre lo que la IA aporta y lo que perjudica; son dos caminos distintos. La tecnología puede ayudar a los medios a crear modelos de negocio sostenibles…

Se habla también del uso que hace la IA de los contenidos de los diarios sin pagar nada a cambio. ¿Qué puede pasar con esto? No es fácil pensar que vayan a prosperar demandas contra los gigantes de la IA.: Justamente estamos presenciando el robo de contenidos a escala industrial y la inversión de la cadena de valor. Los medios invierten millones en investigaciones y verificación en el terreno; luego, los motores de IA «raspan» esa información, la sintetizan en «resúmenes” con cero clics y retienen al usuario en sus plataformas sin derivar tráfico ni compensar a la fuente. Chartbeat y la Fundación Reuters acusan de que el tráfico hacia los medios cayó, en promedio, un 43% a nivel global en el último año.

Las demandas individuales de los medios contra las plataformas pueden prosperar, pero serán una gota en el desierto. Creo más bien en la solidaridad de los medios y las asociaciones como la única forma de ejercer presión sobre los gobiernos, para que obliguen a las plataformas a sentarse a la mesa de negociación. Hay ejemplos claros, como Australia, Canadá, Francia y España, en los que las demandas colectivas han tenido un efecto positivo para los medios.

Confío en que la coalición SPUR, que se originó en Inglaterra y hoy ya cuenta con la SIP y otras organizaciones nacionales de América Latina, es el camino correcto. Las plataformas responden a la presión, y SPUR es una forma de ejercerla.

Ahora se olvida lo que la prensa ha sido para la democracia y las libertades de las personas… ¿qué le dirías sobre este tema a un crítico de la prensa hoy en día?: La prensa libre es sinónimo de libre empresa y de que no existen mercado ni democracia que funcionen sin un periodismo independiente que fiscalice el poder. La prensa es un sistema imperfecto, pero es el único mecanismo de defensa de la sociedad frente a la corrupción y el autoritarismo.

Hay que invertir el sentido de la pregunta. ¿Qué pasaría si desapareciera la prensa independiente? ¿Quién auditará las licitaciones públicas de una comunidad? ¿Quién denunciará los abusos de las fuerzas de seguridad o el desvío de fondos en la salud pública?

Los mismos magnates tecnológicos que hacen lobby para oponerse a las regulaciones y que desconocen la propiedad intelectual de los medios necesitan de una prensa libre para que sus propios contratos y sus propiedades se respeten.

Los medios son indispensables para el equilibrio democrático.

¿Sustituirán los “influencers” a los periodistas, aunque su información no pase por un riguroso proceso de verificación?: Los influencers no los sustituirán, solo conviven con los periodistas en el terreno del entretenimiento, la divulgación informal y la captación de la atención.

Los datos del Digital News Report del Reuters Institute muestran cómo figuras del pódcast o de TikTok captan grandes audiencias y cómo los políticos populistas los prefieren porque no les hacen preguntas incómodas.

Un influencer vive de la complacencia de su comunidad, de la monetización de su marca personal y del estímulo emocional. El periodista, en cambio, vive del rigor, de la incomodidad frente al poder y de someter cada dato a un protocolo de verificación y de responsabilidad legal.

No se puede comparar el valor que cada uno tiene en la sociedad.

12. ¿Qué le dirías a los periodistas de un diario hoy en día… cuál debe ser su actitud ante las embestidas de los gobernantes, el desprestigio en redes sociales y la desinformación imperante?

Los periodistas deben abrazar los valores tradicionales e insustituibles del periodismo y actuar y responder con responsabilidad ética.

Los periodistas no deben dejarse arrastrar al fango político de la provocación y deben responder con más periodismo.

Frente al desprestigio en redes sociales, no deben competir en la carrera de la agresividad ni del clickbait. No deben convertirse en activistas, deben seguir ejerciendo como periodistas, porque en estos dos campos hay tanta distancia como la que existe entre el influencer y el periodista.