- El equipo de Álvaro Arbeloa volvió a dar una imagen paupérrima y apenas empató 1-1 con el Girona. Valverde anotó por los blancos (50) y Lemar por Girona (61). Si mañana gana el Barsa el Real estará a 9 puntos en la tabla de posiciones.
El partido comenzó con el guion esperado: un Madrid volcado al ataque, consciente de que no había margen de error. Kylian Mbappé y Vinícius Júnior intentaron desbordar constantemente por las bandas, pero se encontraron con un muro defensivo liderado por un excelso Paulo Gazzaniga.

El Girona, lejos de amedrentarse, aprovechó la velocidad de Viktor Tsygankov para castigar las espaldas de la adelantada zaga blanca.
La sorpresa saltó en la primera mitad cuando el conjunto catalán, en una transición rápida perfectamente ejecutada, logró batir a Andriy Lunin, silenciando el feudo madridista. El Madrid reaccionó con más corazón que fútbol, logrando la igualada gracias a un chispazo de calidad individual, pero la falta de precisión en el último tercio y el cansancio acumulado tras la reciente eliminatoria de Champions ante el Bayern Múnich pasaron factura.
El análisis de este empate revela dos realidades opuestas:
La fragilidad blanca: El equipo de Arbeloa parece haber perdido la frescura física en el tramo decisivo. Con este resultado, el Madrid se queda con 70 puntos (tras 31 jornadas), viendo cómo la distancia con el Barcelona (76 puntos) se mantiene o incluso se amplía, complicando el sueño de la remontada.
La resiliencia del Girona: El equipo de Míchel volvió a demostrar por qué es el «matagigantes» de la competición. Con un bloque medio-bajo muy compacto y salidas explosivas, desquiciaron a un Madrid que terminó lanzando centros laterales sin éxito.
Para el Real Madrid, este empate sabe a derrota. Tras el reciente golpe sufrido ante el Mallorca y el desgaste europeo, el equipo parece haber llegado al límite de sus fuerzas. El Girona, por su parte, suma un punto de oro en el Bernabéu que refuerza su posición en la zona media de la tabla y confirma su madurez competitiva.
La Liga 2025-26 se tiñe cada vez más de azulgrana, dejando al Madrid con la obligación de apostarlo todo a la épica en la Champions League para salvar la temporada.