Cuando Serrano da la sorpresa y gana las elecciones, llega con una debilidad partidaria enorme y con el respaldo de pocos, pero muy influyentes empresarios. Esto lo obliga a utilizar el erario para satisfacer las cada vez más exigentes extorsiones de los diputados hacia el poder ejecutivo. Como era de esperarse, la cuerda se reventó, como pasa con todas las extorsiones, y no le quedó más recurso que perpetrar el autogolpe por el que se le conoce.
José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)
Recientemente, el tema del serranazo volvió a impactar en el imaginario social de los guatemaltecos, ya que gracias al polémico y controvertido juez Fredy Orellana, se le revocaron las órdenes de captura al fallido dictadorzuelo que vive un “exilio dorado” en Panamá.
Al parecer, para dicho juez, la violación de la Constitución Política de la República es poca cosa; y más insignificante aún, si existe de por medio algún beneficio en verdes dólares.
La memoria histórica de los guatemaltecos es de corta duración y el acervo popular se alimenta por noticias de medios tradicionales y/o influencers de escasa o nula profundidad en sus opiniones, o bien, con una tendenciosa y pícara intención. De esta cuenta, solo se retienen elementos superficiales que se resumen más o menos en: Serrano quiso erigirse en dictador y no pudo, gracias a la Corte de Constitucionalidad y la lucha de los sectores civiles. Sin minimizar el papel de la CC, que en nada se parece a la de ahora, y tampoco la lucha de destacados miembros de la sociedad civil, hay aspectos de fondo que, si bien salieron a luz posteriormente, no fueron del conocimiento general.
Desde un enfoque histórico, sistémico y estructural, se debe escudriñar en las motivaciones detrás de los grupos de presión que, para el caso del serranazo en particular, se refieren a las diversas expresiones del capital, correspondiendo el protagonismo al capital corporativo. Los pocos que me leen, ya saben bien a quiénes me refiero…
Para refrescar los antecedentes del autogolpe de Estado, se debe recordar que cinco años antes (mayo de 1988) se había suscitado el primer golpe de Estado técnico contra el gobierno democristiano de Cerezo, el cual se reforzó con el siguiente (el más visible) en mayo de 1989, tan solo un año después. Por si las cosas no hubiesen quedado claras, en agosto de ese mismo año, asesinan al verdadero arquitecto de las pláticas de paz, el exembajador de Guatemala en España, el carismático líder y alto dirigente de la Democracia Cristiana Guatemalteca: Danilo Barillas, a quien muchos lo daban por tácito candidato presidencial de dicho partido para las elecciones, y donde terminó ganando el que para nada era favorito, pues semanas antes de los comicios, aparecía en octavo lugar de preferencias.
Cuando Serrano da la sorpresa y gana las elecciones, llega con una debilidad partidaria enorme y con el respaldo de pocos, pero muy influyentes empresarios. Esto lo obliga a utilizar el erario para satisfacer las cada vez más las exigentes extorsiones de los diputados hacia el poder ejecutivo. Como era de esperarse, la cuerda se reventó, como pasa con todas las extorsiones, y no le quedó más recurso que perpetrar el autogolpe por el cual se le conoce.
Varios empresarios que apoyaron la llegada del expastor protestante, después se erigieron en sus fervientes opositores. El apoyo de su iglesia El Shaddai no fue suficiente y los militares que lo respaldaron en el autogolpe, más pronto que tarde le dieron la espalda, fieles a la historia de deslealtad castrense.
Aunque varios personajes públicos empresariales movieron y manipularon a la INC, hay uno fundamental de quien poco se sabe, pero que, para la época, se decía que “ponía y quitaba presidentes”, el barón de la política, como le llamaban algunos analistas en su oportunidad. Él era quien tomaba las decisiones y urdía los hilos de la confabulación, constituía el poder real, omnímodo y más o menos oculto.
La manipulación era necesaria para esconder el objetivo estratégico que animaba a los empresarios, quienes tenían en la banca nacional, su principal herramienta de dominio. Evitar que el Banco de Guatemala financiara al Estado y que, por supuesto, ellos lo pudieran hacer a través de lo privado y con intereses leoninos, como era su sueño acariciado. En el camino, se lograron otras reformas constitucionales que consolidaban su dominio y escondían el leitmotiv. El serranazo fue la tormenta perfecta y la caída en desgracia del susodicho, porque les facilitaba a las élites responsabilizarlo de lo que fuese, incluyendo el crimen de Epaminondas, cuyo asesinato en abril de 1994 se simplificó como pasa con tantos otros pero que, en realidad, fue producto de un entramado complejo tras bambalinas.
La famosa Instancia Nacional de Consenso unificó, muy puntual y convenientemente, al movimiento social y algunos grupos empresariales «progres», lo que amplió su espectro de acción, erigiéndose en el frente “antidictatorial” por excelencia.
El Acuerdo Legislativo 18-93 de fecha 17 de noviembre de 1993 (Reformas Constitucionales) ratificado en consulta popular del 30 de enero de 1994, se basó en un proyecto redactado por Mario Fuentes Destarac, Luis Beltranena Valladares y Fernando Quezada Toruño, los tres, ligados a las élites y, en el caso de Quezada, hermano del capellán del ejército y posterior arzobispo.
El poder omnímodo de los bancos se catapultó con estas reformas constitucionales y luego se acrecentó, aún más, con el manejo centralizado de las remesas familiares. La crisis no existe para este segmento que, anualmente, ve incrementado su capital.
Serrano comprobó cómo, quienes desde una posición de poder político y económico lo habían puesto en el Guacamolón, pronto lo traicionaron. Misma suerte corrió Alfonso Portillo, quien fue impuesto por los mismos personajes corporativos y ya sabemos cómo terminó.
Epaminondas era disidente en muchos sentidos y eso incomodó a las élites y al ejército, máxime, estando en la presidencia de la Corte Celestial. Con él, pasó lo de Gerardi, después de dar a luz el REHMI, fue brutalmente asesinado. En este caso, dejaron pasar la Consulta Popular que dio legalidad a las reformas constitucionales y en abril de 1994 (un viernes santo), el presidente de la CC tuvo su escarmiento fatal.
La llegada de Ramiro De León Carpio a la presidencia, la depuración gatopardista del Congreso y la CSJ y otros entresijos, fueron el aliño perfecto para encubrir dos cosas vitales para las élites: El empoderamiento iterativo de los bancos que concentran el poder financiero oligárquico/corporativo/emergente, así como la preparación para la puesta en vigor del Consenso de Washington, las medidas de ajuste estructural y la privatización, lo cual llegó con Arzú.
No se entretenga con los detalles, procure escudriñar en lo no visible y compruebe usted mismo cómo han funcionado, y siguen funcionando, las cosas en Xibalbá.
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