PROVOCATIO: Quién es quién entre las mafias golpistas


Soluciones para combatir al monstruo hay, el apoyo gringo está (no incondicional, por supuesto) pero se requiere de un liderazgo nacional fuerte y una voluntad política decidida e implacable que no se ha visto en dos años, y de no asumirla hoy, se desperdiciará esta oportunidad de oro para cortar de tajo las causas criminales y no solo sus efectos. Este estado de sitio es una herramienta valiosísima, claro, si se quiere aniquilar a las bestias y a quienes las alimentan.


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

El domingo recién pasado presenciamos una nueva demostración de fuerza coordinada, por parte de las mafias del país. Ya muchos opinaron sobre lo que según ellos pasó, así como los actores que intervinieron, por lo que no me referiré a esas entelequias, aunque sí debo comentar sobre un denominador común:

Medios de comunicación tradicionales, redes sociales y parroquianos de distinta formación y alcance, han emitido todo tipo de consideraciones, coincidiendo la mayoría en:

  • El sensacionalismo, amarillismo y vocación para infundir incertidumbre y miedo, algunos en forma espontánea e inocente, otros, como parte de su rol para generar caos. Por supuesto que los hechos son graves, pero en nada ayuda esa vocación a agrandarlos.
  • Información sesgada y parcializada para defender o atacar según su causa, sea esta súbita o inducida por fuerzas con intereses perversos. El objetivo primario en este caso, es el ministro de Gobernación recién nombrado, pero en el plan desestabilizador se aprovecha para ir contra el gobierno en general y más allá, todo ello, en el marco de la disputa de las elecciones de segundo grado y los comicios en 2027. Esta vieja táctica de aprovechar un tema para luego, rápidamente, pasar a la estrategia escondida, práctica de tinte militar, ya no funciona como antes.
  • Aires de expertise que surgen como hongos silvestres, para explicar lo complejo de forma simple, como si estos fenómenos no tuvieran múltiples aristas y causales.

Para comprender en forma integral el problema, es necesario retrotraerse a un punto sobre el que ya he escrito: la diferencia entre el pacto de corruptos y la alianza criminal. De una asociación coyuntural de diputados y operadores políticos corruptos en el Congreso en 2014, se mutó a un frente mucho más amplio, malvado y poderoso, sumando otros actores que potenciaron la cooptación TOTAL del Estado, provocando este escenario fatal que alinea tres frentes:

1.    Jefes de pandillas: Básicamente, El Barrio 18 y la Mara Salvatrucha. En este mismo nivel también participa el sicariato de maras (gavillas, menos organizadas que las pandillas) criminales “paisas” (no organizados en pandillas) funcionarios y guardias corruptos del sistema penitenciario, así como elementos de la Policía Nacional Civil, tanto los organizados en cárteles, como grupos pequeños que delinquen a su propio favor, sin perjuicio de atender por encargo, algunas acciones criminales.  También se agregan elementos militares (o ex) al servicio de estructuras no institucionales o paralelas.  Estos grupos son el segmento operativo propiamente.

2.    Operadores mafiosos de nivel medio, institucionalizados o no, es decir, pueden ser funcionarios públicos o personajes privados que son parte de las redes criminales, cuyas tareas son el reclutamiento, cooptación, propaganda, enlace con los ejecutores y financistas, así como funcionarios de medio y alto nivel. Aquí confluyen operadores de partidos políticos oportunistas y/o de extrema derecha: UNE, VAMOS, TODOS, VALOR, UNIONISTA, NOSOTROS, ELEFANTE, CAMBIO, así como jefes de organizaciones paramilitares y terroristas como la Fundaterror, Guatemala “Inmoral”, Liga Pro Patria (los verdaderos “ideólogos”) AVEMILGUA y entes similares, con contactos y lazos en las fuerzas de seguridad oficiales, tanto civiles como militares. También se incluye a varios jueces, algunos magistrados, oficiales militares y jefes de policía retirados.

3.    Funcionarios de alto nivel y algunos jerarcas empresariales. Aquí radica el poder decisor institucionalizado y privado: Magistrados de la Corte de Constitucionalidad, Corte Suprema de Justicia y la Jefa del Ministerio Público, con todo y su estructura paramilitar interna. También se alinean en este frente, algunos directivos de cámaras empresariales, sobre todo Industria y Agro, los de línea más dura. Con menor poder, pero siempre importantes, está el usurpador de la USAC, algunos decanos (incluyendo universidades privadas), directivos de colegios profesionales, sobre todo el de abogados, el Contralor y operadores de muy alto nivel, sin más función específica que hablarle al oído a los verdaderos decisores y financistas.  

Mención aparte merece el G-8 (ya también analizado en mis columnas anteriores) la mano que mece la cuna, como yo le llamo, o el jefe de jefes y, sobre todo, el que brinda el océano de dinero necesario para el nivel de planificación, organización, influencia e impacto demostrado por los frentes descritos, tratando siempre, de mantenerse en las sombras, aunque ya no con tanto éxito. Por cierto, la unidad granítica del G-8 ya no es tal, porque algunos ya se dieron cuenta que su participación, ya no tan encubierta, no es buena para los negocios y su relación con los canchones del norte. Lo gastado en los inútiles lobbies en Estados Unidos y la logística cada vez más cara para desestabilizar, obteniendo magros resultados como este último fracaso, asciende a muchos millones de dólares que ya les empezaron a doler.

Soluciones para combatir al monstruo hay, el apoyo gringo está (no incondicional, por supuesto) pero se requiere de un liderazgo nacional fuerte y una voluntad política decidida e implacable que no se ha visto en dos años, y de no asumirla hoy, se desperdiciará esta oportunidad de oro para cortar de tajo las causas criminales y no solo sus efectos. Este estado de sitio es una herramienta valiosísima, claro, si se quiere aniquilar a las bestias y a quienes las alimentan.


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