PROVOCATIO: Fin de la luna de miel


«No hablamos de un proceso eleccionario más, sino de la ruptura de la luna de miel del gobierno de Arévalo con el gobierno norteamericano. Así mismo, algunas élites que apoyaron estos primeros 2 años al gobernante, prefieren cerrar filas con el resto de empresarios más obtusos, pues aún con contradicciones secundarias, los intereses de la clase dominante van primero, SIEMPRE».


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

En poco tiempo, de ser el mejor aliado y consentido del secretario de Estado Marco Rubio, Arévalo cede su lugar al nuevo protagonista en la región, Nayib Bukele.

Al igual que pasa con los comicios generales, cuando se acerca un nombramiento o designación de candidatos a los cargos de elección de segundo grado, la esperanza vuelve a apoderarse de la ciudadanía.

Como en las “alegres elecciones”, a pesar de la historia y el cúmulo de decepciones, los guatemaltecos se resisten a ver más allá de lo que las redes y medios nos inducen a “pensar” y a dar por cierto. Quizá este aire esperanzador coincidió con la concentración de cinco elecciones este año, más las designaciones del presidente del Banco de Guatemala y de la Superintendencia de Bancos.

El primer resultado fue con relación al Tribunal Supremo Electoral (TSE) con una lista final de 20 candidatos no idóneos, salvo alguna extraña excepción que se haya colado, más para aparentar que para ser verdaderamente elegible. El pacto criminal sabe que, según su plan perverso, todos los caminos conducen a Roma; por eso, ahora se dan el lujo de cambiar los fusibles más quemados y, en su lugar, colocar personajes poco conocidos pero que, con su padrinazgo, confirman que son parte del contubernio ultraconservador. Luego, siguieron avanzando de acuerdo a su hoja de ruta, con el Ministerio Público (MP) y la Corte de Constitucionalidad (CC).

Al igual que con la comisión postuladora para el TSE, la presidencia de su par para el MP, está a cargo de cuestionados personajes: el que usurpa el cargo de rector en la USAC y la nueva presidenta de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) sancionada por EE.UU. A diferencia de los sectores democráticos, ellos sí son estrictos en la planificación y pulido de cada detalle con mucha anticipación. Una de las primeras acciones de la comisión para el envío envenenado de seis candidatos, fue cambiar la tabla de gradación. El mecanismo del amparo sigue funcionando para dar apariencia de funcionamiento idóneo del sistema de justicia. Con la anterior tabla o la nueva, igual proceden de acuerdo al guion, pero guardan ciertas formas que ya solo convencen a los más incautos.

Con relación al proceso de la CC, no contaban con la actitud digna que mostraron miles de votantes del Colegio de Abogados (CANG) y se les coló una pareja de moderados honestos, lo cual asustó a muchos, pero no a quienes manejan los hilos de la trama. Seguramente, Astrid Lemus y Luis Bermejo serán los ojos y oídos ciudadanos, aunque con escasa incidencia final. Posteriormente, el Consejo Superior Universitario equilibra la balanza y nombra a dos cuestionados personajes: Julia Marisol Rivera y José Luis Aguirre Pumay. De acuerdo al plan, la CSJ elige a una pareja conocida y la balanza se inclina al lado oscuro en un 2 a 1.

Para sellar, el Congreso elige a la CC a Roberto Molina Barreto y Luis Rosales, de credenciales eferregistas muy conocidas. El marcador se pone 3 a 1, por lo que el único nombramiento pendiente (del Ejecutivo) ya no tiene mucho peso, pues solo alcanza para un 3 a 2 relativo, y si el hilo sigue como lo previsto, muy posiblemente el presidente designe a Gabriel Orellana, con lo que se completaría una trinca riosmontista en la Corte Celestial. El ADN de las personas no cambia y tarde o temprano, responden a su esencia conservadora.

Ahora bien, show aparte, la elección del Congreso desnudó algo que se venía fraguando a puro cañonazo en verdes dólares. La descarada intervención del procónsul y encargado de la embajada gringa John Barret, a favor de Molina Barreto. Para coronar, el lunes 2 de marzo se elige a Estuardo Ralón, caballo de troya de las élites ultraconservadoras de este bello paisaje, como presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Como si lo anterior fuera poco, se acaba de conocer la designación de Juan Rodríguez, un cubano-americano conservador de Florida, como nuevo embajador de EE. UU. en Guatemala. El cerco se completa.

No hablamos de un proceso eleccionario más, sino de la ruptura de la luna de miel del gobierno de Arévalo con el gobierno norteamericano. Así mismo, algunas élites que apoyaron estos primeros 2 años al gobernante, prefieren cerrar filas con el resto de empresarios más obtusos, pues aún con contradicciones secundarias, los intereses de la clase dominante van primero, SIEMPRE.

Para cerrar el telón macabro, lo que debió celebrarse como una omisión positiva, termina de dejar solo a Arévalo. Me refiero al hecho de ser excluido de la reunión del “escudo de las américas” (con minúsculas).  En poco tiempo, pasó de ser el mejor aliado y consentido del secretario de Estado Marco Rubio, a cederle su lugar al nuevo protagonista de la región, Nayib Bukele. En el vídeo de la foto grupal, basta ver cómo Javier Milei y José Antonio Kast (presidentes de Argentina y Chile) se colocan a la par de Trump y rápidamente son reubicados para darle el espacio a Bukele, el nuevo alumno distinguido de la clase.

En lo nacional, para más INRI, al quedar descartadas figuras como Leyla Lemus, Nester Vásquez y otros del pacto, podría suscitarse otro escenario peor: que los amparos repitan algunas convocatorias y designaciones, dada la integración ilegítima del CSU, lo cual podría afectar también el proceso de elecciones en la USAC y cortar el avance de la digna resistencia universitaria.

Lamento, una vez más, desilusionar a muchos buenos guatemaltecos que esperaban que las cosas cambiaran mágica y radicalmente, pero sin tocar al sistema. Me entristece, aún más, que en 2027 el noble y sufrido pueblo guatemalteco pretenderá volver a votar (no elegir) al menos peor, en esta eterna rueda de caballitos que nunca cambia de escenario, de acuerdo a su naturaleza.


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