La pregunta clave es: ¿Cómo fue posible instalar un sistema de dominación y explotación que ha durado tantos siglos? Para contestarla, recurriremos al mecanismo que define la sostenibilidad de las estructuras de larga duración y su mutación y adaptabilidad. Más allá del parentesco, los miembros oligárquicos siempre han actuado como una corporación blindada».
José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)
En múltiples ocasiones he mencionado que Guatemala solo se puede entender a partir de la historia y la antropología, pues las características con relación a los países del continente americano son muy específicas y distantes de otras realidades que debieran ser similares, por historia común.
No alcanza una columna para explicar lo que lleva varios semestres universitarios desmenuzar y hacer inteligible la realidad nacional desde la Colonia a nuestros días. Al respecto, muchas personas me han consultado sobre qué libros leer para comprender la historia nacional, y la verdad, hay muchos. Sin embargo, hay dos autores que son indispensables que, por su rigor científico, los hace irrefutables, desde el enfoque de la razón, por supuesto.
Uno de ellos es La Patria del Criollo de Severo Martínez Peláez y el otro Guatemala: Linaje y Racismo de Marta Elena Casaús Arzú. Ambos son joyas literarias que explican el complejo entramado de nuestra historia a partir de las élites coloniales, que supieron establecer un sistema de dominio tal, que perdura hasta nuestros días, aunque ahora, con el acompañamiento del narco y otras élites menos primitivas, como lo son el capital corporativo o burgués y el emergente.
El nombre del ensayo de la realidad colonial de don Severo, acuña un término (el nombre del libro) que resume el establecimiento de una patria que no es para todos y que, con la Reforma Liberal de 1871, instaura un Estado racista y discriminador, diseñado e implementado para una élite cuyo “reinado” venía del régimen colonial, hasta el establecimiento de los monopolios decimonónicos: cerveza, cemento, alcohol, tabaco y luego, el azúcar y el pollo. Me refiero, como muchos ya saben, al capital oligárquico que, en su definición básica, son 22 troncos familiares de donde se deriva el verdadero poder económico y político del Estado guatemalteco.
La obra de la doctora Casús Arzú confirma lo dicho por el profesor Martínez Peláez, pero profundiza en los temas del racismo estructural y las redes familiares que se solidifican por medio de los matrimonios endogámicos.
Ahora bien, descubrir el método sistémico-estructural para explicar el por qué somos como somos y seguimos como seguimos, es el propósito fundamental de esta entrega. Sin este paso metodológico, seguiremos viendo solo la punta del iceberg y criticando personajes que únicamente son operadores de los verdaderos dueños del país; unos más importantes que otros, pero al final, todos intermediarios de la mano que mece la cuna.
La pregunta clave es: ¿Cómo fue posible instalar un sistema de dominación y explotación que ha durado tantos siglos? Para contestarla, recurriremos al mecanismo que define la sostenibilidad de las estructuras de larga duración y su mutación y adaptabilidad. Más allá del parentesco, los miembros oligárquicos siempre han actuado como una corporación blindada. A continuación, trataré de resumirlo:
- Fusión de tierras y capitales por medio del matrimonio endogámico, es decir, el casamiento exclusivamente entre sus mismos pares, estrategia exitosa de riqueza cerrada, que continúa hasta nuestros días.
- Alianzas de negocios que permitían que, cuando colapsaba un mercado, toda la red reaccionaba. De esta forma, pudieron pasar de la encomienda al café y luego a los monopolios.
- Exclusión racial, la cual convirtió al indígena en una categoría económica y social basada en una estructura legal y cultural que justificaba su dominación, por razones de linaje y derechos colonizadores.
- Captura total del Estado (La Patria del Criollo). Desde las instituciones y gremios en la Colonia hasta el CACIF de nuestros días. Sus familiares, adláteres y advenedizos, coparon los cargos públicos al más alto nivel para velar por el mantenimiento intocable de sus privilegios. Una vez consolidado este mecanismo, crearon la clase política para dedicarse ellos a los negocios exclusivamente, ya que su poder económico les permitió establecer este segmento y cambiar a sus operadores según su conveniencia.
- Financiamiento de pensadores y escritores (intelectuales orgánicos) para generar las narrativas necesarias que justificaran el sistema de dominación, el racismo estructural y la discriminación. Al quedarse sin intelectuales, operadores palurdos irrumpieron en la escena política, por lo que recurrieron a importar a intelectuales como el peruano Mario Vargas Llosa, que terminó volteándose y al argentino Carlos Sabino que sigue por ahí, sin mayor incidencia y luces, pero que, sorprendentemente, tiene su base de seguidores.
Ante cualquier crisis histórica, las redes familiares se volvieron indestructibles gracias a este largo y elaborado proceso de sostenibilidad de la dominación, en el que el racismo y el linaje forjaron una maquinaria financiera y política que sigue gobernando hasta hoy.
Claro que el desprecio que se siente por diputados, jueces, magistrados, ministros, asesores y muchos funcionarios públicos está más que justificado, pero en realidad, se debe voltear a ver a quienes realmente han causado esta vorágine y, hasta hoy, rigen los destinos patrios.
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