- Hacer creer que la gran cantidad de “partidos” y candidatos, es sinónimo de democracia y de la buena salud del mecanismo engaña bobos. La serie de provocaciones mostrando fotos de posibles candidatos, generando dudas sobre con quién irán, cumple un fin sistémico.
Desde que tengo uso de razón, he escuchado el término “campaña anticipada”. Antes de la última Ley Electoral, la proliferación de esta práctica no era como ahora; en esos tiempos, previo a la Constitución vigente (1985), todavía funcionaban los logos partidarios y, como los partidos eran tan pocos, la campaña anticipada se escondía mediante el proselitismo de los emblemas: el mapita de la revolución del Partido Revolucionario, la estrella blanca sobre el fondo verde de la Democracia Cristiana, la daga del Movimiento de Liberación Nacional y la mazorca del Partido Institucional Democrático, el más joven de los partidos. Elegir entre 4 logos no era pedir mucho, sobre todo, para una población con carencias educativas sempiternas.
En aquella época, no existían las ahora dominantes redes sociales y la televisión era la todopoderosa. Con la llegada de la “apertura democrática”, los partidos empezaron a reproducirse como hongos y de 8 que presentó la papeleta de las elecciones de 1985, la última parece un cartón de lotería que no se entiende y que amenaza con aumentar en número para el año entrante. Los nuevos tiempos exigieron legislar sobre la campaña anticipada, pero el abuso desmedido y las artimañas para obviar la ley, provocaron las reformas de 2016, promovidas por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG–.
Debido a los límites impuestos al financiamiento ilícito, la incomodidad de los partidos y, sobre todo, de sus patrocinadores, se hizo sentir y los magistrados del Tribunal Supremo Electoral saliente, dejaron su huella macabra, relajando las normas, a conveniencia de los mismos. Para ampliar esta información pueden visitar este enlace: https://www.prensalibre.com/guatemala/politica/tse-cambia-reglamentos-y-relaja-sanciones-para-la-campana-anticipada/
Generalmente, la población se concentra en la mala praxis de los magistrados del TSE y los operadores del sistema de justicia, pero pocas veces se aborda la irresponsabilidad ciudadana de promover candidaturas que no están respaldadas por ningún partido político, únicos autorizados, por lo menos, a nivel de presidente, vicepresidente y diputados.
Muchos lo hacen por ingenuidad o entusiasmo mal entendido, pero una buena cantidad, maniobran como operadores de mafias de plana mayor. Entre las metas de quienes promueven a Segismundo y medio mundo, está el tanteo, pues no se puede llamar seriamente sondeo, y mucho menos encuesta, a esta práctica. Otra intención puede ser la comprobación del estigma de varios precandidatos para terminarlos de quemar o la promoción de algunos desconocidos a quienes únicamente los reconoce su progenitora.
Sin perjuicio de lo anterior, la pena ajena crece de forma desmedida al comprobar los perfiles de aquellos que anhelan dirigir los destinos patrios como presidente de la República, aunque nunca hayan desempeñado, siguiera, la presidencia de un Comité Único de Barrio (CUB) o un Comité Comunitario de Desarrollo (COCODE). Al respecto, recuerdo una experiencia al revisar las hojas de vida de los aspirantes para dirigir una institución del Estado al más alto nivel. Varias personas inflaban su CV al tener pocas ejecutorias y lo rellenaban con diplomas, no de cursos ni talleres, sino de participación como oyente en conferencias. Algunos llegaban al extremo de colocar aspiraciones fallidas, como haber aplicado a directivas de barrio, asociaciones variopintas y grupos de apoyo en iglesias y que, para mayor vergüenza, no habían sido elegidos.
Un proceso paralelo se desarrolló cuando se popularizaron las universidades de garage, y a partir de esto, surgieron cual voraz virus, maestrías y doctorados que se culminan en tiempo récord y simultáneamente, para obtener los cartones, presumiendo falsamente de talentos y esfuerzos que no existieron.
Entramos de lleno al descanso que nos brinda la Semana Mayor y aunque la mayoría lo dedica al jolgorio mundano y a poner en pausa el peso de nuestra apremiante realidad, de repente estas líneas lleguen a unos pocos que prefieran hacer un alto reflexivo y se pregunten: ¿En 2027, caeré en el mismo engaño o, por primera vez, me plantearé seriamente hacer algo disruptivo para dejar de ser una víctima electorera más?