Mbappé falla cuando más lo necesitaba el Madrid y el Betis derrota a Mourinho

  • La primera derrota de la nueva etapa de Mourinho vuelve a despertar los fantasmas de un equipo que terminó la temporada anterior sin conquistar un solo título.
  • El francés desperdició varias oportunidades y Álvaro Valles le detuvo un penal en el tiempo añadido.

Carlos María Salvado

El Real Madrid encontró en Sevilla su primera derrota de la temporada y también su primera noche de dudas. Después de tres victorias consecutivas, dos de ellas acompañadas por goleadas, el conjunto de José Mourinho cayó 1-0 ante el Betis en La Cartuja, víctima de su falta de contundencia y de una actuación desafortunada de Kylian Mbappé.

El delantero francés tuvo ocasiones suficientes para cambiar el partido, pero no consiguió aprovecharlas. Falló desde distintas posiciones, se encontró con Álvaro Valles y, cuando recibió la última oportunidad para rescatar al Madrid, tampoco pudo vencer al guardameta desde el punto penal.

El lanzamiento llegó durante el tiempo añadido, después de una falta cometida sobre Vinícius Júnior. Mbappé tomó la pelota con la responsabilidad reservada para la principal figura del equipo, pero su disparo fue detenido por Valles. La atajada confirmó la victoria del Betis y convirtió la noche del francés en el símbolo de la derrota madridista.

No fue únicamente un penal desperdiciado. Fue la culminación de un partido en el cual el Madrid produjo suficientes oportunidades para ganar, pero volvió a mostrar uno de los problemas que lo castigaron durante la campaña anterior: la incapacidad de transformar el dominio y el talento individual en resultados cuando el encuentro se complica.

Mucho remate, ningún gol

El Madrid tuvo el 55% de la posesión, efectuó 18 remates y generó 15 oportunidades. Su producción ofensiva alcanzó un valor de 2.67 goles esperados, más del doble que el 1.17 del Betis. Sin embargo, solamente seis disparos fueron dirigidos a la portería y ninguno terminó en la red.

Mbappé fue protagonista desde la primera parte. Encontró espacios, atacó la espalda de la defensa y apareció cerca del área, pero sus remates salieron desviados, golpearon la madera o fueron controlados por Valles. Vinícius Júnior también tuvo aproximaciones y Dean Huijsen estuvo cerca de marcar, pero el Madrid permitió que el Betis permaneciera con vida.

Arda Güler y Jude Bellingham fueron los jugadores más claros del equipo blanco. El turco aportó movilidad y creatividad, mientras el inglés intentó acelerar un ataque que por momentos se volvió previsible. Eduardo Camavinga cumplió como organizador desde una posición más retrasada, pero el equipo perdió precisión conforme avanzó el partido.

Mourinho presentó una alineación poderosa, con Denzel Dumfries y Marc Cucurella en los laterales; Ibrahima Konaté y Huijsen en el centro de la defensa; Camavinga y Federico Valverde en la zona media, y Güler, Bellingham, Vinícius y Mbappé en el frente ofensivo.

Los nombres imponían. El funcionamiento, mucho menos.

El Madrid circuló la pelota con una precisión del 92% y lanzó diez tiros de esquina, pero demasiadas posesiones concluyeron sin profundidad. Cuando consiguió romper el bloque del Betis, volvió a tropezar con su falta de puntería.

Pellegrini resistió y golpeó al final

El Betis planteó un encuentro paciente. Manuel Pellegrini sabía que competir en un intercambio abierto de ataques podía resultar peligroso y organizó a su equipo para resistir, cerrar espacios y esperar la oportunidad que inevitablemente ofrece un adversario volcado al ataque.

Los verdiblancos no se limitaron a defender. Terminaron con once remates y siete disparos a portería, uno más que el Madrid. Courtois realizó varias intervenciones para sostener el empate y evitar que el Betis se adelantara antes.

La recompensa local llegó al minuto 81. Courtois rechazó un primer disparo, pero Troy Parrott apareció atento al rebote y mandó la pelota a la red. El delantero irlandés, ingresado como sustituto, encontró el gol que el Madrid había buscado durante toda la noche sin conseguirlo.

La jugada también dejó expuesta una desatención defensiva del conjunto blanco. Después de dominar territorialmente durante buena parte del encuentro, los jugadores de Mourinho reaccionaron tarde ante el balón rechazado y permitieron que Parrott rematara con ventaja.

El 1-0 obligó al Madrid a lanzarse de manera desesperada sobre la portería de Valles. Mourinho recurrió a su banquillo y Carlos Espí pareció rescatar el empate al minuto 87 con una espectacular definición. La celebración duró poco: el VAR confirmó un fuera de juego milimétrico y anuló el tanto.

Bellingham no pudo ser el jugador letal de los primeros tres partidos.

Todavía quedaba una última oportunidad.

Vinícius penetró en el área durante la prolongación y recibió la falta que terminó en penal. Mbappé había comenzado la jornada con cuatro goles en tres partidos y como la gran referencia ofensiva del equipo. Era el jugador indicado para asumir el lanzamiento, pero esa vez su jerarquía no apareció.

Valles adivinó la dirección, rechazó el disparo y cerró una actuación decisiva. El portero del Betis terminó con seis atajadas y fue el principal responsable de que el dominio madridista no se reflejara en el marcador.

La advertencia que el Madrid ignoró

Mourinho había advertido antes del partido que para derrotar al Betis era necesario ver “a un gran Real Madrid”. En La Cartuja no apareció ese equipo.

El conjunto blanco tuvo dominio, volumen ofensivo y ocasiones, pero careció de contundencia, continuidad y respuestas colectivas. Dependió demasiado de que sus figuras resolvieran las jugadas y, cuando Mbappé tuvo una noche negativa, no encontró otro futbolista capaz de asumir el gol.

La derrota no invalida las tres victorias anteriores ni convierte una cuarta jornada en una crisis. Pero tampoco puede reducirse únicamente a un accidente. El Madrid venía de golear 4-1 a la Real Sociedad y 4-0 al Málaga, resultados que habían creado la impresión de un equipo transformado por el regreso de Mourinho.

La primera salida realmente exigente reveló que el proceso todavía está lejos de consolidarse.

En su segunda visita de la Liga, el Madrid no mostró un progreso claro frente a las dificultades que arrastraba. Volvió a tener problemas para abrir una defensa organizada, volvió a conceder una oportunidad decisiva cuando el encuentro estaba por resolverse y volvió a depender de acciones individuales para intentar corregir sus errores.

Regresan los fantasmas

La derrota despierta inevitablemente recuerdos de la temporada anterior, cuando el Real Madrid terminó sin ganar la Liga, la Copa del Rey ni la Champions. Aquel equipo también acumulaba talento y oportunidades, pero fallaba en los partidos que exigían precisión, disciplina y carácter colectivo.

Mourinho regresó precisamente para evitar que esa historia se repitiera. Sus primeras victorias habían devuelto entusiasmo y permitido hablar de un Madrid más directo, intenso y contundente. La caída ante el Betis obliga a moderar esas conclusiones.

El técnico portugués tiene argumentos para sostener que su equipo hizo méritos para obtener otro resultado. Los 18 remates, las ocasiones desperdiciadas, el gol anulado y el penal detenido respaldan esa interpretación. Sin embargo, los grandes equipos no se miden únicamente por las ocasiones que producen, sino por su capacidad para convertirlas.

Y en Sevilla, el Madrid falló todas.

Mbappé cargará con la imagen más dolorosa porque tuvo la victoria y luego el empate en sus botas. El francés comenzó la temporada como goleador y figura, pero La Cartuja le recordó que su responsabilidad va mucho más allá de marcar durante las goleadas. El Madrid necesita que aparezca especialmente cuando el partido se atasca y el margen de error desaparece.

El Betis celebró una victoria construida con orden, resistencia y eficacia. Pellegrini supo esperar y encontró en Parrott y Valles a los protagonistas de una noche memorable.

Para Mourinho, en cambio, la primera derrota llega antes del inicio de la Champions y en un momento en que el equipo parecía avanzar sin obstáculos. El martes espera el Inter de Milán, una prueba todavía más exigente y con varias ausencias en el mediocampo.

La temporada apenas comienza, pero los fantasmas del último curso ya asomaron en La Cartuja. Mourinho tendrá que demostrar ahora que este Madrid sabe corregir sus errores antes de que una derrota aislada se convierta en una tendencia.