LA RED:  ¿Chinchilete?… ¡Yo machete!


(Frase utilizada cuando alguien quiere dar o repartir algo entre amigos.  Pregunta: ¿Chinchilete?  El más chispudo responde: ¡Yo machete!…  Y se queda con todo)

Crispino Picón Rojas

Una canción uruguaya de protesta dice en una parte de su letra lo siguiente:  En mi país… que tristeza, la pobreza y el dolor.  Muy bien puede aplicarse a Guatemala, un país en donde la pobreza y el dolor rondan por todas partes.  No por nada estamos en el segundo escalón de la pobreza en Latinoamérica, solo superados por Haití.

Pero ¿a qué viene tanto drama?  Lo que sucede, es que resulta muy dramático comprobar que Chapinlandia, este bello país con enormes riquezas naturales y arqueológicas, gente trabajadora y pujante, ubicado además en el corazón de América, no tiene la suerte de encontrar políticos sanos, inteligentes, capaces, honestos y decididos a sacarnos adelante.

En vez de eso, cada vez más, quienes llegan a los cargos públicos, en vez de ser servidores y dar lo mejor de sí por su país, se sirven de él, lo toman como si fuera piñata.  Todos prometen hacer algo para que la pobreza termine y sí, es cierto que algo hacen, porque al menos sus familias dejan los niveles socioeconómicos e, d, y c, para convertirse en ese menos del 6% que está en la cúpula de los ricos y pudientes.

Sin embargo, al parecer no saben otra receta para pasar de pobre a rico, que la de llenarse los bolsillos con el dinero del erario, cobrando sueldos estratosféricos o, en los casos peores –pero muy comunes– llenando sus cuentas bancarias y caletas con negocios turbios en carreteras, medicinas, alimentos y demás.  No importa si se trata de autorizar, supervisar o simplemente de influir. De todas maneras, cobran su tajada… ¡o soborno, pues!

Tampoco importa si el cargo es de presidente, vicepresidente, ministro, diputado o alcalde, y hasta dirigente deportivo.   Ni siquiera importa si se trata de un pinche burócrata, lo que cuenta es que esté invitado a la piñata, y pueda recoger, al menos, algún dulcito por aquí y por allá.

¿Recuerdan la catizumbada de funcionarios que la CICIG empezó a meter al bote?  Fue un ejemplo mundial que llevaran al presidente Otto Pérez Molina y a su queridísima vice, la Roxi Baldetti al Mariscal Zavala y, con ellos, a un montón de su círculo más cercano, incluso aquellos que alguna vez le regalaron a Pérezun helicóptero en su cumpleaños y a la Dos un bello chalet en Roatán.  Ni modo, si permitían que todos vaciaran las arcas de sus dependencias y era una forma de devolver el favorcito.  A ese caso se le llamó La Cooperacha, y la CICIG lo dejó bien documentado, pero ni modo, doña Cony Porras y el también tristemente célebre Rafael Currupchice se encargaron de desmontar y tapar este y otros casos.

Esa fue la época de oro de la pregunta-respuesta: ¿Chinchilete? ¡Yo machete! Ah, pero no la última, porque la piñata continuó durante los gobiernos de Jimmy Morales y Alejandro Giammattei, este último, de la mano con su parejita, Miguel Martínez, también conocido cariñosamente como Miguelito, quien, sin ser médico –su presisí lo era– se encargó de cerrar el fabuloso negocio de las tristemente célebres vacunas rusas, las Sputnik V, que llegaron tarde y mal, para que se desperdiciaran cerca de ocho millones de pinchazos, que bien hubieran salvado más de una vida.

Pero a la pareja presidencial de aquel momento le atraía cualquier trama rusa, porque también recibieron en la noche y en secreto –¿por qué?– a una delegación de rusos que vinieron al rescate de una mina de níquel.

Dicen las malas lenguas, pero muy bien informadas, que los billetes que entraron en la residencia presidencial en una alfombra mágica, eran en realidad muchos, pero muchos, dolarucos.

Si presidentes, ministros, diputados, alcaldes –con su retahíla de concejales–, y dirigentes deportivos, cobraran esos altísimos sueldos, pero trabajaran con honestidad, a nadie le importaría que sus chequeras engordaran tanto.  El problema es que cobran exageradamente bien y trabajan poco… eso, suponiendo que, en el mejor de los casos, no roben o reciban sobornos.

¡Ay!… en mi país, que tristeza, la pobreza y el dolor.  


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