- El rector de la USAC, Walter Mazariegos votó por cada uno de los 20 candidatos que se incluyeron en la lista para la elección del Congreso.
Lo que debió ser un proceso de decantación de los mejores perfiles para resguardar la democracia, terminó siendo un ejercicio de aritmética de cuotas. La Comisión de Postulación para magistrados del Tribunal Supremo Electoral (TSE) entregó una nómina de 20 candidatos que ha sido bautizada en los pasillos legislativos como «La Lista Gris».
A pesar de que entre los 170 aspirantes originales figuraban expertos en derecho electoral, exmagistrados y técnicos con décadas de experiencia en el funcionamiento del sistema, la Comisión —en una maniobra que priorizó la lealtad sobre el currículum— decidió ignorarlos.
El dominio del «Factor USAC»
Para entender por qué el país se enfrenta ahora a la posibilidad de tener el TSE con menos experiencia de su historia, hay que mirar quiénes manejaron los hilos del proceso. La Comisión estuvo bajo el control absoluto de la Universidad de San Carlos (USAC):
- El Rector Walter Mazariegos como Presidente: La presidencia de la Postuladora recayó en el Rector de la USAC, quien marcó el ritmo de la agenda. Él voró por cada uno de los postulados.
- El Decano Henry Manuel Arriaga, como Segundo Voto: Con la presencia del Decano de la Facultad de Derecho, la universidad estatal aseguró un bloque de mando que facilitó el filtrado de nombres.
Esta alianza académica permitió que candidatos con tachas o con hojas de vida limitadas en materia electoral superaran a expertos de carrera.
Por la forma en que votaron los miembros de la Postuladora, es evidente que Mazariegos macró la línea, ya que todos los seleccionados recibieron el voto del rector de la USAC.
Análisis de la Nómina: ¿Quiénes son los 20 de la «Lista Gris»?
De acuerdo con el monitoreo realizado sobre los candidatos finalistas, se observa un mosaico de desconocidos y figuras con trayectorias alejadas de la logística y el derecho electoral, sobre todo para dirigir una institución tan importante para la vida democrática del país.
Las hojas de vida de la mayor parte de aspirantes los muestra como abogados con cero experiencia o conocimiento del tema electoral.
- Esmeralda Judith Orozco Navarro
- Giovanni Francisco Soto Santos
- Wilber Estuardo Castellanos Venegas (Magistrado de Apelaciones, perfil judicial pero no electoral)
- Juan José Bolaños Mejía
- Mario Alexander Velásquez Pérez
- José Alberto Godínez Rodríguez
- Lesther Castellanos Rodas (Figura política y de choque; sin experiencia electoral)
- José Luis Samayoa Palacios
- Rafael Estuardo Morales Gómez
- Rafael Morales Solares
- Rosa Mariella Jocabeth Rivera Acevedo
- Eva Marina Recinos Vásquez (Jueza de carrera; su fuerte es lo penal, no lo electoral)
- Joaquín Rodrigo Flores Guzmán
- Selvin Guadalupe Guevara Farfán
- Francisco Javier Puac Choz
- Karin Virginia Romero Figueroa
- Quelvin Otoniel Jiménez Villalta
- Sergio Amadeo Pineda Castañeda (Cercano a las redes de las cortes, ajeno al TSE)
- Julio César Recinos Fabián
- Alfredo Skinner-Klée Arenales (Diplomático; conocedor de leyes pero no de la administración electoral)

Una institución en riesgo
El riesgo es inminente: con esta lista, el Congreso no tendrá posibilidad de mejorar la calidad de los magistrados. Ciertamente desde hace algunas magistraturas del TSE se ha visto un deterioro en la calidad de los elegidos por las postuladoras y el orpio Congreso.
Guatemala tendrá un Tribunal integrado por magistrados que deberán llegar a «aprender» cómo se organiza una elección de 2027. Además, esta misma magistratura deberá organizar las elecciones de 2031, lo que hace más peligrosa para la democracia la selección.
La falta de perfiles como los de exdirectores electorales o especialistas en la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) que fueron rechazados, deja al TSE vulnerable ante las presiones de los partidos políticos que los elegirán.
Análisis de Crónica: «La USAC y los comisionados han servido en bandeja de plata una nómina diseñada para la docilidad. Al expulsar la experiencia técnica, han dejado el camino libre para que el próximo árbitro electoral sea, más que un juez, un espectador, cómplice o propiciador de lo que podría ser un caos electoral.