- La aprobación a reformas al IUSI –aún pendientes de la sanción o veto del presidente Bernardo Arévalo– son una muestra de la actitud de un Legislativo que, en el fondo, ha tenido pocas muestras de un interés por legislar para mejorar las condiciones de los guatemaltecos.
Redacción Crónica
El ambiente en el Palacio Legislativo ha cambiado de forma radical en cuestión de semanas. La parsimonia habitual y los eternos debates que solían estancar la agenda parlamentaria han sido reemplazados por una inusual y febril productividad. La razón de este repentino amor por el pueblo no responde a un hallazgo de eficiencia técnica ni a un repentino compromiso cívico; la explicación es mucho más simple y pragmática: los diputados han entrado de lleno en campaña electoral.
Aunque la retina ciudadana aún procesa la rutina del periodo ordinario, la clase política ya hace sus cuentas de cara al próximo año. Guatemala se encamina a un nuevo proceso electoral cuya convocatoria oficial, según el calendario previsto, se abre en enero de 2027, dando paso a las elecciones generales a mediados de año. Ante la inminente apertura del evento electoral, los padres de la patria han desempolvado la vieja libreta de recursos populistas para agradar al electorado a costa de las finanzas públicas.
El ejemplo más evidente de este despliegue demagógico es la acelerada discusión para aprobar modificaciones sustanciales a la Ley del Impuesto Único Sobre Inmuebles (IUSI). La propuesta, impulsada con entusiasmo multipartidario, busca dejar sin efecto el cobro del IUSI para todas las propiedades destinadas a vivienda, restringiendo el tributo únicamente a los inmuebles de uso comercial.
Lo más llamativo de este festín legislativo no es solo el fondo de las medidas, sino la inusual velocidad y contundencia con la que se lograron los consensos. Leyes que en tiempos normales habrían tomado meses de acalorados debates en comisiones pasaron en un abrir y cerrar de ojos, aprobadas con abrumadoras mayorías de más de 110 y 120 votos a favor. Bancadas de oposición y del bloque oficialista, habitualmente irreconciliables en el pleno, pactaron una tregua expedita y votaron de la mano.
Esta repentina armonía parlamentaria demuestra que cuando se trata de vender una imagen de benevolencia electoral de cara a las urnas, las diferencias ideológicas y los discursos de fiscalización se desvanecen al instante en favor del beneficio político mutuo.
Pero el menú de regalos no termina en la propiedad raíz. En una muestra de simpatía populista hacia los propietarios de automotores, el Congreso también aprobó a toda prisa una prórroga para el pago del Impuesto sobre Circulación de Vehículos, permitiendo que miles de guatemaltecos aplacen sus obligaciones fiscales con la complacencia de los legisladores.
A este combo electoral se suma la inminente aprobación del subsidio a los combustibles. Aunque la iniciativa original fue enviada desde el Organismo Ejecutivo para mitigar el impacto de los precios internacionales, la bancada mayoritaria en el Congreso se ha encargado de «retocar» y modificar el texto del proyecto. El objetivo de estas enmiendas es puramente cosmético y político: despojar al Ejecutivo del crédito y presentar la medida como un triunfo histórico de los diputados del pueblo, quienes supuestamente rescataron la economía familiar desde el pleno parlamentario.
Así arranca la carrera electoral… y ahora viene la discusión de un nuevo subsidio a las gasolinas y diesel.
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