- Se firma convenio para reactivar el ferrocarril: en la primera etapa, será un ramal desde Puerto Quetzal hacia Escuintla.
El Gobierno del presidente Bernardo Arévalo firmó un acuerdo con Estados Unidos para impulsar la reactivación del servicio ferroviario en el país, con un primer proyecto que busca conectar las instalaciones portuarias de Puerto Quetzal con un nodo logístico en las afueras de Escuintla, como punto de partida para recuperar el tren como alternativa estratégica de transporte de carga.
El convenio se formalizó mediante una Carta de Aceptación (Letter of Acceptance, LOA) suscrita por el ministro de la Defensa, Henry Sáenz, y el embajador de Estados Unidos en Guatemala, Tobin Bradley, con participación del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU. (USACE).
Según información oficial, el objetivo es desarrollar estudios y capacidades para reconstruir un tramo ferroviario clave y fortalecer la infraestructura que sostiene la competitividad del país.
Además del componente ferroviario, la cooperación incluye un paquete de obras y asistencia valorado en US$110 millones, que contempla también infraestructura vial y portuaria. El Gobierno ha enmarcado el proyecto dentro de una agenda de “conectividad” para modernizar rutas logísticas y responder a cuellos de botella históricos en transporte.
El regreso de un tren que Guatemala dejó morir
La firma del acuerdo revive un tema que Guatemala arrastra desde hace casi tres décadas: la desaparición práctica del ferrocarril tras su privatización. En los años 90, durante el gobierno de Álvaro Arzú, el sistema entró en la lógica de concesiones y usufructos que, con el tiempo, se volvieron sinónimo de opacidad, disputas legales y abandono.
Uno de los puntos centrales fue el Contrato 402, un usufructo por varias décadas que otorgó a Ferrovías Guatemala el control de bienes y derechos ferroviarios. Aunque el país necesitaba inversión real para rehabilitar líneas, el modelo fue cuestionado por su falta de resultados, y el ferrocarril quedó reducido a promesas recurrentes de reactivación, sin convertirse en un sistema funcional y moderno.
En la práctica, el tren dejó de ser una opción competitiva y el país se volcó —casi por completo— al transporte de carga por carretera, con consecuencias evidentes: saturación vial, altos costos logísticos, dependencia del transporte pesado y deterioro constante de la red.
¿Qué significa este acuerdo?
El anuncio no implica que el tren “regrese mañana”, pero sí abre una ruta técnica y política que no existía desde hace años: estudios, planificación operativa y apoyo institucional externo, con una primera conexión Puerto Quetzal–Escuintla como tramo estratégico de arranque.
Para Guatemala, el mensaje de fondo es claro: si el país quiere hablar en serio de competitividad —y no solo de discursos sobre inversión— necesita volver a pensar en infraestructura de largo plazo. Y el ferrocarril, enterrado por decisiones políticas y contratos fallidos, reaparece ahora como símbolo de una urgencia nacional: mover carga de manera más eficiente, segura y moderna.