España-Argentina: la final que puede decidirse en los banquillos

  • La gran final (1:00 PM) de la Copa del Mundo se juega entre dos selecciones diferentes, pero que han tenido los méritos suficientes para disputar el título.
  • El partido puede decidirse por detalles técnicos… o por el genio de Messi, que aspira despedirse de los mundiales con el bicampeonato en la mano.

Carlos María Salvado

Llegó la hora de la verdad. Después de 103 partidos, el Mundial 2026 baja el telón este domingo con una final inédita entre España y Argentina (1:00 PM), dos selecciones que llegan al último partido por caminos diferentes, con estilos distintos y con dos entrenadores que podrían terminar siendo tan decisivos como las grandes figuras que estarán sobre el césped.


PROBABILIDADES DE GANAR

  • España • 55%
  • Argentina • 45%

España llega como ligera favorita. No solo por lo mostrado en este Mundial, sino porque ha sido el equipo más consistente: está invicta, acumula una extraordinaria racha de 37 partidos sin perder y apenas ha recibido un gol en todo el torneo. Argentina, en cambio, llega con la jerarquía del campeón vigente, la experiencia de haber sobrevivido situaciones límite y, por supuesto, con Lionel Messi ante la posibilidad de cerrar su carrera mundialista con un segundo título consecutivo.

Mi pronóstico, si hay que escoger uno, es España, pero por un margen mínimo: 55-45. Y hay una razón fundamental: creo que España dispone de más mecanismos colectivos para ganar el partido. Argentina, sin embargo, tiene algo que ninguna estadística puede medir completamente: sabe cómo ganar una final.

España: el mejor funcionamiento colectivo

La gran fortaleza del equipo de Luis de la Fuente es que no necesita que un solo futbolista resuelva el partido.

España puede construir desde atrás, dominar la posesión, recuperar rápidamente después de perder el balón y atacar tanto por dentro como por las bandas. Su fútbol nace de una extraordinaria comprensión de los espacios y de la calidad técnica colectiva. El exseleccionador Julen Lopetegui lo resumió antes de la final: presionar a España parece sencillo en teoría, pero resulta extremadamente difícil en la práctica porque su salida de balón puede transformar la presión rival en una oportunidad ofensiva.

Allí aparece la primera gran pregunta táctica para Lionel Scaloni: ¿presionar arriba o esperar?

Si Argentina adelanta sus líneas para impedir la salida española, corre el riesgo de dejar espacios a su espalda. Si retrocede demasiado, puede quedar sometida durante largos períodos y entregar la pelota a un equipo que sabe administrarla como pocos.

España tiene, además, una virtud fundamental: paciencia. No necesita precipitarse. Puede mover al rival de un lado al otro hasta encontrar el espacio.

Su principal debilidad podría aparecer precisamente si domina demasiado. Argentina es probablemente el rival más peligroso del Mundial para castigar una pérdida de balón. Si España adelanta sus laterales y pierde la pelota en una zona comprometida, Messi puede encontrar inmediatamente el pase vertical que active a los atacantes argentinos.

Argentina: el campeón que nunca está muerto

Argentina ha recorrido un camino diferente.

No siempre ha sido brillante, pero ha demostrado una enorme capacidad de supervivencia. Contra Inglaterra estaba eliminada virtualmente hasta los minutos finales y terminó remontando para ganar 2-1. Ese partido volvió a demostrar una característica fundamental del equipo de Scaloni: puede cambiar de plan durante el encuentro.

La fortaleza argentina está en su competitividad.

Emiliano Martínez ofrece seguridad en la portería; Cristian Romero aporta agresividad defensiva; Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Rodrigo De Paul permiten disputar el mediocampo; y arriba aparecen distintas alternativas alrededor de Messi.

Pero todo termina conduciendo al número 10.

A sus 39 años, Messi ya no necesita recorrer 50 metros para decidir un partido. Puede hacerlo con un pase, una pausa o una pelota filtrada. Ante una España que probablemente tendrá mayor posesión, su misión podría ser encontrar el instante exacto en que el sistema español quede desordenado. El propio análisis previo de Lopetegui señala precisamente las carreras verticales y la capacidad creativa del reinventado Messi entre las grandes amenazas que deberá controlar España.

La debilidad argentina puede estar en su capacidad para recuperar la pelota.

Si España consigue superar la primera presión y obliga a Argentina a perseguir el balón durante largos períodos, el desgaste puede ser enorme. Y en un partido que podría llegar a 120 minutos, administrar las energías será fundamental.

Messi contra el sistema español

La imagen más atractiva de la final podría parecer Messi contra Lamine Yamal, dos generaciones separadas por más de dos décadas. Pero tácticamente el partido será mucho más complejo.

España no depende exclusivamente de Yamal.

Argentina sí depende en mayor medida de lo que pueda generar Messi.

Esa diferencia puede resultar decisiva. España ha demostrado que puede encontrar soluciones desde distintos futbolistas y sectores del campo. Argentina necesita conseguir que Messi reciba en posiciones donde pueda mirar hacia adelante.

Por eso será fundamental el trabajo de los mediocampistas españoles. Si consiguen aislar a Messi y obligarlo a recibir lejos del área, habrán recorrido buena parte del camino.

Pero Messi necesita muy poco.

Ese es el problema.

¿Un partido que decidirán los técnicos?

Es perfectamente posible.

Luis de la Fuente tiene una decisión fundamental: mantener la identidad que llevó a España hasta la final o introducir alguna precaución adicional para controlar las transiciones argentinas.

Mi impresión es que España cometería un error si renuncia a su naturaleza. Debe intentar apropiarse de la pelota desde el comienzo y obligar a Argentina a jugar el partido que menos le conviene: correr detrás del balón.

Scaloni enfrenta un rompecabezas diferente.

Debe decidir dónde establecer la presión, cómo proteger a Messi del desgaste defensivo y, sobre todo, cuándo atacar. Argentina probablemente no tendrá diez oportunidades claras. Quizá tenga tres o cuatro.

Debe aprovecharlas.

Y después estarán los cambios.

En una final tan equilibrada, el entrenador que primero detecte dónde está cambiando el partido puede inclinar la balanza. Scaloni ya demostró contra Inglaterra su capacidad para intervenir desde el banquillo. De la Fuente, por su parte, dispone de un plantel con múltiples soluciones y ha construido un equipo cuya fortaleza está precisamente en el colectivo.

Mi favorito: España, pero apenas

Si la final se juega durante largos períodos bajo el guion español —posesión, circulación, presión tras pérdida y control territorial—, veo a España campeona.

Si Argentina consigue romper ese ritmo, convertir el partido en una batalla emocional y llevarlo igualado hasta los últimos 20 minutos, mi pronóstico cambia completamente.

Porque allí entra otro factor.

Argentina ya sabe lo que significa estar al borde del abismo en una final mundialista y sobrevivir. España tiene juventud, talento y posiblemente el mejor fútbol del torneo. Argentina tiene experiencia, carácter y al futbolista que ha marcado una época.

España tiene más fútbol colectivo. Argentina tiene más experiencia en el límite.

Mi apuesta es un partido cerrado: España 2-1 Argentina, posiblemente decidido después del minuto 70. Pero no descartaría en absoluto la prórroga.

Hoy no solamente se enfrentan dos selecciones. Se enfrentan dos maneras de ganar: el equipo que mejor ha jugado este Mundial contra el equipo que mejor sabe sobrevivirlo.

Y quizá, cuando todo termine, descubramos que la gran final no la decidió Messi, ni Yamal, ni una genialidad individual.

Quizá la decidieron Luis de la Fuente y Lionel Scaloni, desde unos metros fuera del terreno de juego.

Deja una respuesta