
Se puede decir que al Foro Económico Mundial de Davos suelen acudir la mayoría de líderes globales –gobernantes, CEO, representantes de las ONG más importantes y personalidades destacadas–. Por eso, siempre es noticia internacional, pero este año el interés fue mayor y el mensaje, contundente.
Gonzalo Marroquín Godoy
Desde 1977, cada año se reúne el Fondo Económico Mundial en Davos, la ciudad suiza de mayor altitud en Europa, a dónde acuden líderes de diferentes categorías. Durante décadas se habló de la globalización, el desarrollo económico y se tocaron temas tan importantes como la protección ambiental o las relaciones comerciales. Era un tiempo en el que todos los oradores parecían caminar en la misma dirección.
Este año en enero pasado, los discursos fueron confrontativos y evidenciaron que el mundo ha entrado en un camino muy distinto al sostenido por casi cuatro décadas. Occidente, que antes se presentaba casi como un frente, ahora se ve fracturado, con Estados Unidos claramente encaminado a buscar un papel hegemónico político, económico y militar.
Durante décadas, Estados Unidos abrió sus puertas mientras otros levantaban muros. Eso se terminó. El arancel es la palabra más hermosa del diccionario económico; es la herramienta para que el mundo vuelva a respetar nuestra prosperidad.
Esta frase de Donald Trump en Davos no deja mucho a la interpretación. Explica su actuar en el primer año de su gestión en la Casa Blanca y anticipa lo que vendrá. Él ha demostrado que los aranceles no son sólo una herramienta para mantener equilibrio comercial entre las naciones, sino que, además, son para él una poderosa arma de negociación… y así doblega a amigos y rivales por igual.
Antes de la presentación “estelar” de Trump en el Foro, los discursos del presidente de Francia, Emmanuel Macron y la presidenta de la Unión Europea (UE), Ursula von der Leyen, mostraron que los antiguos mejores aliados de Estados Unidos se han distanciado, si bien se alejan también de su pragmatismo liberal económico, para aceptar las nuevas reglas mundiales. También se mostraron como un bloque de resistencia, unido ante los embates de su antiguo aliado para apoderarse de Groenlandia.
Me imagino que la presencia de Trump en la sala del Foro se habrá sentido como la de un poderoso y enorme elefante que imponía su peso sobre todos los presentes. Desafió a una audiencia que creció bajo el concepto de globalización. Sin tapujos les dijo a los presentes:
El futuro no pertenece a los globalistas. El futuro pertenece a los patriotas, a las naciones soberanas e independientes que protegen a sus ciudadanos y respetan a sus vecinos.
Lo único que habría que explicar mejor, es que entiende por “respetar a sus vecinos”, porque no pareciera que eso forma parte de la política del Departamento de Estado con el hemisferio americano, el que ya dijo “pertenece a Estados Unidos”.
Pero hay más, paralelamente a su intervención en el Foro Mundial, Trump presentó su “Junta de Paz”, la cual pretende integrar para gobernar Gaza, pero también como una “fuerza internacional de estabilización” para otros conflictos. Una vez más, el distanciamiento con Europa es evidente, porque sus principales antiguos aliados han decidido no participar, por considerar que es una alternativa ante el rol de la ONU que, dicho sea de paso, ha evidenciado una falta de liderazgo, al no hacer escuchar su voz en todo este “merequetengue” que se ha armado a nivel global.
En resumen, la globalización ha muerto o, al menos, languidece. El multilateralismo corre la misma suerte, y el mundo camina a la creación de nuevos bloques geopolíticos que intentarán formarse, principalmente con China como gran actor. Xi Jinping se ha mostrado como un líder cauteloso y, mientras su rival americano se hace de enemigos o amigos a la fuerza, él se aproxima con la careta del nuevo amigo “salvador”.
En ese escenario mundial, cabe exclamar esa frase que se dice cuando una tormenta arremete: ¡Sálvese quien pueda! Unos lo harán dócilmente, otros con estrategias y haciendo valer su peso –los que lo tienen–, pero estamos llegando a un escenario en lo que impera es la “ley del más fuerte”.
Pero hay otras malas noticias que llegan desde Davos y sus días de escuchar posturas y hacer reflexiones. Desde la fría ciudad suiza se advierte de otro enemigo que está, no a la vista, sino ya entre nosotros. Aquellos líderes reunidos en el Fondo reconocen que el mundo deberá enfrentar un gran reto en los próximos años y décadas: la IA y la desinformación, alimentada muchas veces precisamente por la mentada inteligencia artificial.
Todos los años el tema de los peligros que encierra el cambio climático se colocan en primer plano dentro de las alertas para la humanidad. Esta vez se antepuso el efecto de la IA y la desinformación como el principal peligro, porque se reconoce que son factores que pueden intervenir y afectar procesos políticos, económicos y sociales.
¿Será que Donald Trump impondrá su nuevo orden mundial? ¿Cuánto tiempo tomará saberlo? ¿Hacia dónde va el mundo? ¡Sálvese quien pueda¡… la Sabiduría es necesaria y la desinformación hace difícil la interpretación de todo lo que sucede.
(Este ENFOQUE se publica en La Prensa Gráfica, El Salvador; El Heraldo, Honduras; Listín Diario, República Dominicana; y La República, Peru).
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