
Se prometió que a finales del 2026 el país tendría un estadio de primer nivel, completamente remodelado y a la altura de las exigencias internacionales. Construido en los años 50, en su momento fue una obra magnífica y sobresaliente que rompió esquemas.
Hugo Castillo Aragón
El año 2025 no fue precisamente el mejor para el fútbol nacional, mucho menos para el deporte en general, y como casi siempre, hubo poco que celebrar lo que se ha convertido en una tradición para un país que destina mucho dinero para el deporte, pero que rara vez cosecha triunfos.
La selección nacional de fútbol y su rotundo fracaso en la eliminatoria mundialista fue sin duda el punto de inflexión ya que nos vendieron una cosa y resultó otra, se infló a un equipo que terminó hundido y lo peor de todo es que mantienen en su puesto al mexicano que fue más de lo mismo y no superó lo que otros tampoco hicieron en años anteriores.
Pero lo que acaparó mucha atención mediática y de algunos politiqueros fue la fallida obra de remodelación del estadio Doroteo Guamuch o Mateo Flores como se le conoció durante décadas, que se presentó como la joya de la corona de las obras de la CDAG y resultó ser un fiasco con más oscuridad que claridad.
Se prometió que a finales del 2026 el país tendría un estadio de primer nivel, completamente remodelado y a la altura de las exigencias internacionales, principalmente para el fútbol que es para lo que más se usa ese escenario construido en los años 50 para albergar los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y que en su momento fue una obra magnífica y sobresaliente que rompió esquemas.
Los rompió porque formaba parte de una ciudad deportiva como Dios manda, con todo lo que se podía pedir en ese entonces porque tenía un gimnasio fenomenal, una piscina, entre otros escenarios que dieron brillo a esos juegos, ya lejanos, pero que son recordados como una época de oro de nuestro deporte.
Pasaron los años y todo se deterioró, a pesar del dinero que recibe el deporte pagado con impuestos, la infraestructura deportiva del país es mínima, casi paupérrima porque solo se ha dado mantenimiento a lo que quedó de los años 50 y llegamos a estos días con un estadio Doroteo Guamuch obsoleto e incómodo si se compara con estadios en otros países cercanos que son sensación.
La CDAG ha gastado millones en diversas épocas en esa instalación y aunque se ve medio bonita no está a la altura ya que es como meterle dinero a una casa vieja que jamás será lo que fue cuando era nueva.
En medio de serias acusaciones al Comité Ejecutivo de la CDAG que entregó recientemente, el estadio está abandonado, con procesos judiciales en curso que son poco entendibles para el ciudadano común y con la amenaza de que pasará muchos años abandonado si esos procesos no se solucionan.
Mientras tanto, el nuevo Comité Ejecutivo de la CDAG ha hablado poco del asunto y no se sabe que idea tienen para el también llamado Estadio Nacional que consume recursos en tiempos en los que el dinero del deporte debe usarse de una manera más racional.
Creo que la mejor solución para ese estadio es declararlo museo o bien protegido y medio darle una mano de gato para que allí quede como recuerdo de lo que éramos en los años 50 y embarcarse en un proyecto más ambicioso.
Soñar en grande, y como dinero es lo que sobra, iniciar la construcción de un nuevo estadio, quizá en una alianza público-privada o poner la mano como lo hizo Costa Rica y El Salvador que les hicieron sus bonitos estadios con dinero chino, aunque seguramente ese favor se debe pagar más adelante porque no hay almuerzo gratis y los payasos bailan al son de quien paga las canciones.
Hacer cosas diferentes para lograr resultados diferentes es lo que debe hacer la CDAG para salir del problema llamado Estadio Doroteo Guamuch y de una vez por todas gastar bien el dinero.
Si Francisco Ardón, el nuevo mandamás de esa entidad, enorme y llena de polémicas, se pone los pantalones el deporte puede dar un giro positivo, pero si el estadio sigue en ruinas como hasta ahora será sin duda el símbolo de su administración. hugocastillo68@gmail.com