EN LA JUGADA | El racismo en el fútbol es una herida que sigue abierta


Aunque el fútbol ha producido momentos de gloria, la sombra de los insultos raciales, los gestos discriminatorios y la violencia verbal dirigida especialmente hacia jugadores de raza negra parece persistir«.


Hugo Castillo Aragón

El fútbol, el deporte rey, es también el espejo más claro de nuestras contradicciones como sociedad. A pesar de ser un juego que une multitudes, culturas y generaciones, en sus gradas y a veces en sus campos sigue reflejándose un problema profundo como el racismo.

Me parece que no hay otro deporte en donde se vean y salgan a relucir esas bajas pasiones que no solo tienen que ver con el racismo sino con otro tipo de violencia como la que generan las barras bravas y los llamados ultras radicales, generadores de odio y hechos lamentables en los últimos 50 años.

Aunque el fútbol ha producido momentos de gloria, la sombra de los insultos raciales, los gestos discriminatorios y la violencia verbal dirigida especialmente hacia jugadores de raza negra parece persistir.

El racismo en el fútbol no es un fenómeno aislado ni accidental. Se manifiesta con distintos rostros, desde cánticos ofensivos en estadios hasta ataques directos en redes sociales o en entrenamientos.

Jugadores como Mario Balotelli en Italia, Raheem Sterling en Inglaterra o Dani Alves en España han sido víctimas en el pasado de burlas racistas que van más allá de la rivalidad deportiva y atacan su dignidad como seres humanos.

Países como Italia, España e Inglaterra han estado en el foco de los medios por los repetidos incidentes racistas en sus ligas. En Italia, varios futbolistas de origen africano o afrodescendiente han denunciado “cantos de mono” y abucheos raciales por parte de aficionados.

La situación fue tan grave que la UEFA y la FIFA tuvieron que intervenir y sancionar clubes y estadios. En España, casos como los dirigidos a futbolistas en partidos de Copa del Rey desataron una oleada de críticas a las instituciones deportivas por la falta de mano dura. Y en Inglaterra, pese a ser una de las ligas más ricas y admiradas del mundo, jugadores de clubes de Premier League han compartido mensajes racistas en plataformas digitales, muchas veces sin consecuencias claras para los culpables.

Sin duda estos hechos provocan indignación, porque muestran que incluso en el deporte con mayor poder simbólico para promulgar respeto, todavía hay quienes eligen el desprecio y la exclusión. El racismo en el fútbol, especialmente el dirigido hacia jugadores negros, es la manifestación más visible de prejuicios que, en teoría, deberían haber quedado en el pasado.

En Guatemala estoy completamente seguro que esto es recurrente en diversos estadios, porque acá nadie controla nada, el fútbol vive un letargo impresionante que si se sabe de este tipo de hechos da lo mismo, la violencia en Guatemala que se incremento en los últimos dos años a nivel de todo el país, permite eso, y en los estadios seguramente es común.

Sin embargo, si miramos otros deportes, la frecuencia con la que surgen casos racistas disminuye notablemente. No es que esos deportes estén completamente libres de discriminación, nadie puede afirmar que así sea, pero sí hay diferencias claras en cómo se perciben, se denuncian y se responden a esos comportamientos.

Tomemos como ejemplo el baloncesto. En ligas como la NBA, donde la mayoría de los jugadores son afrodescendientes, comentarios racistas de aficionados o incluso de otros atletas son raros y, cuando ocurren, suelen ser repudiados con rapidez tanto por el público como por las instituciones.

Esto no significa que no existan tensiones o problemas raciales más amplios en la sociedad, pero sí que el entorno deportivo ha trabajado para crear una cultura donde la diversidad étnica es vista como una fortaleza, no como motivo de burla o agresión.

De manera similar, deportes como el rugby, el atletismo o la natación donde han desarrollado códigos de conducta muy estrictos contra el racismo, respaldados por sanciones ejemplares.

En atletismo, muchos de los campeones mundiales son de origen africano o caribeño, y sus victorias son motivo de celebración general, no de rechazo. El deporte de pista, por ejemplo, se ha convertido en una plataforma para la visibilidad de atletas de raza negra de forma positiva, sin que se asocie automáticamente su éxito con insultos o discriminación abierta.

¿Por qué entonces el fútbol sigue siendo un campo donde emergen tantos casos de racismo? La respuesta no es sencilla, pero tiene raíces culturales, históricas y económicas.

El fútbol es el deporte más popular en el mundo; se juega en millones de pueblos y ciudades, y atrae a una audiencia tan amplia que refleja todas las tensiones de la sociedad global. La pasión desbordada de los aficionados muchas veces se traduce en comportamientos que van más allá del apoyo al equipo.

Cuando el racismo aflora, lo hace con la misma intensidad con la que se canta un gol, la diferencia es que sus efectos pueden ser devastadores.

También influye la estructura comunitaria de los clubes. En muchas ligas europeas, por ejemplo, existen pequeños grupos de aficionados con ideologías extremistas que encuentran en los estadios un lugar para expresarse sin filtros. Estas agrupaciones suelen estar mejor organizadas que en deportes individuales o menos populares, lo que facilita que sus mensajes racistas se escuchen más.

Pero no todo está perdido. En los últimos años, diversas organizaciones han intensificado campañas contra el racismo, como la iniciativa “No al racismo” en la UEFA o campañas de concientización en ligas nacionales. Los mismos jugadores han alzado la voz, usando su visibilidad para denunciar injusticias y educar a las nuevas generaciones.

Es hora de que todos, aficionados, instituciones y gobiernos, reconozcamos que el racismo no tiene cabida en ningún deporte, y mucho menos en aquel que pretende unir al mundo entero bajo una pelota y un sueño compartido.

El fútbol puede y debe aprender de otros deportes que han logrado reducir estos casos, promoviendo el respeto.  Porque, al final, el verdadero juego limpio comienza fuera del campo. hugocastillo68@gmail.com


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