- La victoria de Brasil por 3-1 ante Croacia en el Camping World Stadium ha servido para detener la hemorragia tras la caída ante Francia, pero no para disipar las dudas que rodean al proyecto de Carlo Ancelotti.
A pocos meses del pitido inicial del Mundial 2026, la «Canarinha» se presenta como un equipo de contrastes: capaz de lo sublime por pura inspiración individual, pero peligrosamente frágil en su estructura colectiva.
Dependencia de la inspiración
El partido en Orlando fue un microcosmos de lo que es Brasil hoy. Durante 45 minutos, el equipo fue una sombra inoperante, rescatada únicamente por una genialidad de Vinícius Jr. en el descuento del primer tiempo para asistir a Danilo. La «Vini-dependencia» es una realidad tangible; cuando el extremo del Real Madrid se apaga o es bien referenciado, Brasil pierde la brújula.
La nota de esperanza la puso Endrick. El joven delantero, que entró para agitar el avispero, forzó el penalti que devolvió la ventaja a los sudamericanos cuando el empate croata amenazaba con otro incendio mediático. La capacidad de Endrick para generar caos en defensas cerradas parece ser el as bajo la manga de Ancelotti, pero surge la duda: ¿es suficiente apostar todo al talento precoz en una cita de máxima exigencia?
El hospital de campaña y la pizarra de «Carletto»
El futuro inmediato de Brasil está condicionado por un parte médico alarmante. Las bajas confirmadas de figuras como Rodrygo y Pedro (ambos con rotura de ligamentos) han despojado al equipo de su profundidad ofensiva. Sin ellos, y con Militao entre algodones, Ancelotti se ha visto obligado a improvisar un sistema de «cuatro delanteros» que, si bien es estético, deja desprotegido a un centro del campo que sufrió lo indecible ante la jerarquía de Modric y Kovacic.
Ancelotti, que ya ha confirmado su renovación hasta 2030, enfrenta el reto de dotar de equilibrio a un equipo que juega «a fogonazos». La fragilidad defensiva mostrada en las transiciones de Croacia es una señal de alerta que selecciones de primera línea no perdonarán en el Mundial.
Veredicto rumbo al 2026
Brasil llegará al Mundial como candidata por peso histórico y por contar con futbolistas que, como Dominik Livakovic pudo comprobar este miércoles, pueden cambiar un partido en un segundo. Sin embargo, la sensación es que el equipo aún no ha absorbido la identidad táctica de su entrenador.
Si la «Seleção» aspira al hexacampeonato en Norteamérica, necesita algo más que los destellos de Vinícius o la pujanza de Endrick; necesita ser un equipo antes que una colección de estrellas. Por ahora, Brasil sonríe por el resultado, pero la mirada de Ancelotti en el banquillo sugiere que el trabajo real apenas comienza.