- El Barcelona selló su pase en la Copa del Rey tras imponerse 2-1 al Albacete, en un partido que dejó una lectura clara: el resultado favorece al gigante, pero el desarrollo del juego volvió a abrir interrogantes.
En un escenario copero clásico, con un rival sin complejos y un guion cargado de tensión, el Barça cumplió el objetivo mínimo, aunque sin la autoridad que se le presupone.
Lamine Yamal, al 39 y Araujo al 56 anotaron los goles para el Barcelona, mientras que Javi Moreno descotó para Albacete al 87.
Desde el arranque, el conjunto azulgrana asumió el mando del balón, instalándose en campo rival con posesión prolongada y circulación paciente. El Albacete, bien ordenado y solidario en defensa, aceptó el papel reactivo y apostó por cerrar espacios, esperando su oportunidad al contragolpe.

El plan funcionó durante largos tramos: al Barcelona le costó transformar dominio en ocasiones claras y el partido avanzó con un ritmo más espeso de lo esperado.
El primer golpe del Barsa llegó tras una acción bien elaborada, suficiente para desnivelar un encuentro que parecía atrapado en el guion del desgaste. Sin embargo, lejos de venirse abajo, el Albacete respondió con carácter y valentía y llevando el nerviosismo a la grada. La Copa, fiel a su esencia, volvió a recordarle al favorito que no hay atajos.
En la segunda mitad, el Barcelona ajustó líneas y elevó la intensidad. Sin exhibición, pero con mayor determinación, encontró el 2-0. A partir de ahí, gestionó el resultado con pragmatismo, consciente de que el margen era corto y de que cualquier concesión podía ser fatal ante un rival crecido.
Pasar no siempre es convencer
El triunfo mantiene vivo al Barcelona en el torneo, pero el análisis deja matices. El equipo mostró control territorial, sí, pero también falta de colmillo en el último tercio y cierta fragilidad cuando el partido se desordena. La Copa exige concentración total y el Barsa volvió a caminar sobre la cuerda floja más tiempo del recomendable.
Para el Albacete, la eliminación sabe a orgullo. Compitió sin complejos, incomodó a uno de los grandes y demostró que, en este formato, la diferencia de categoría se reduce cuando hay convicción y plan.
El Barcelona sigue adelante. Lo hace con el billete en la mano y el marcador a favor, pero con la sensación de que la Copa no perdona despistes.