- La Selección Argentina cerró su ciclo de preparación en casa antes del Mundial 2026 con una exhibición de contundencia que despeja las brumas del pasado reciente.
El 5-0 ante Zambia en La Bombonera no fue solo un resultado abultado; fue una declaración de intenciones de un grupo que, bajo la tutela de Lionel Scaloni, se niega a soltar la corona mundial.
Messi, el eje inagotable
Con Lionel Messi disputando los 90 minutos, la «Albiceleste» mostró una frescura que se extrañó en el pálido 2-1 ante Mauritania del pasado viernes. El astro rosarino, en lo que se anticipa como su última función en suelo argentino antes de la cita mundialista, lideró la orquesta con un gol a los 42 minutos y una asistencia clave para que Julián Álvarez abriera el marcador apenas a los 3 minutos de juego.
La presencia de Messi «de principio a fin» confirma que su estado físico, gestionado con precisión quirúrgica en el Inter Miami, sigue siendo suficiente para marcar diferencias en el escenario internacional. Su capacidad para atraer marcas permitió que figuras como Alexis Mac Allister y Enzo Fernández encontraran pasillos internos para desarticular el bloque africano.
El equilibrio entre la vieja guardia y el recambio
El análisis de cara al Mundial arroja una conclusión clara: Argentina ha logrado estabilizar la transición generacional. Mientras Nicolás Otamendi se despidió de su gente con un gol de penalti (m. 49), los rostros nuevos empiezan a pedir pista con autoridad. El ingreso y posterior gol de Valentín «Colo» Barco en el descuento, sumado a los minutos de Nico Paz y Máximo Perrone, sugieren que Scaloni tiene variantes para refrescar un equipo que, por momentos, ha sufrido el desgaste de los años.
Luces y sombras rumbos al 2026
A pesar de la euforia, el cuerpo técnico sabe que Zambia (91° del ranking FIFA) no es el termómetro definitivo. La inconsistencia mostrada en las Eliminatorias y la derrota ante Paraguay meses atrás son recordatorios de que la jerarquía individual debe ir acompañada de una intensidad colectiva que no siempre ha estado presente.
Sin embargo, recuperar el arco en cero con un «Dibu» Martínez sobrio y ver a una delantera letal —donde Julián Álvarez reafirma su idilio con el gol— devuelve a Argentina al lote de los máximos favoritos. La campeona del mundo se va de Buenos Aires con las valijas llenas de goles y una certeza: mientras el «10» siga disfrutando en el césped, el sueño del tricampeonato sigue siendo una posibilidad tangible.