(Dícese de alguien que es resistente y duro, aunque sin gran porte… y que todo le resbala por el cuero grueso que ha desarrollado)
Crispino Picón Rojas
¡Púchicas! El pequeñín de Walter Mazariegos, se ha convertido en un ¡talishte! No ha sido de la noche a la mañana, se formó y fortaleció a lo largo de una intensa carrera dentro de la Universidad de San Carlos (USAC), la famosa tricentenaria, de la que ya se cree dueño y ahora maneja a su sabor y antojo, con suficiente autoridad para que Raymundo y medio mundo tiemblen cuando ven acercarse su pequeña figura.
Y no es cuento. Me costó un poco conocer sobre este poderoso personaje que ahora mueve hilos al más alto nivel, al extremo de salirse siempre con la suya. Bueno, al menos hasta ahora…
El pequeño Waltercito, no nació en cuna de oro en su natal Santa Rosa. Vino a la capital para forjarse un futuro como pedagogo y estudió en el Instituto Rafael Aqueche. Luego siguió con la Licenciatura en la USAC y, ¡sorpresa!, sacó una maestría nada menos que en Educación de Valores en la universidad del Istmo. Sí, leyó bien, Educación de valores. Ahora podemos preguntarnos: ¿Por qué si tiene una maestría en valores, no los muestra en alguna de sus actitudes de vida? En fin, este es un personaje muy peculiar, porque lo que también ha aprendido en su correr por la vida es ser ¡cuerudo!, y a no detenerse nunca en su escalada hacia el poder.
Rastreando quienes fueron sus mentores, alguien de su círculo más cercano me asegura que él aprendió de todos los rectores que le antecedieron, partiendo de la posguerra interna, cuando se intentó dar un giro más conservador a la casa de estudios. Lo malo es que, así como sucedió con la maestría de valores, hizo a un lado las actitudes positivas de algunos rectores y tomó lo malo que iban dejando, hasta un sistema, que vino a encajar con el de las fuerzas antidemocráticas y oscurantistas que llegaron a controlar las instituciones más importantes del país –incluida la justicia– a partir de 2015.
Este ¡talishte!–que no es por él el nombre de las famosas pilas–, conoce desde adentro la USAC. Fue secretario de Humanidades, luego decano, estuvo en el Consejo Superior Universitario como estudiante y decano, y escaló hasta la rectoría, aunque no logró ganar ninguna de las elecciones para el cargo. Ganó con fraudes descarados, por ¡cuerudo!
Para entonces, ya era un experto en el sistema dominante en muchas instituciones del Estado. Sus influyentes amigos eran nada menos que la fiscal general Consuelo Porras, un montón de magistrados de salas de apelaciones, los meros tatascanes de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) –la anterior y la presente– así como de la Corte de Constitucionalidad (CC). De esta última sobreviven como sus cuates Roberto Molina Barreto y Dina Ochoa, pero él mismo se aseguró de mantener la mayoría mínima –pero vital–, al aportar a su compinche Julia Rivera, para que no le hagan olas en la Corte Celestial. Con decirles que hasta el Procurapior, el PDH Alejandro Córdova, es parte de su círculo de protección.
Ese sistema –al que algunos llaman Pacto de corruptos–, es como un pulpo de muchos tentáculos, y uno de ellos, que se extiende por muchas instituciones del Estado, es precisamente el rector de la USAC. La gran pregunta que hay en el ambiente es por qué el Ejecutivo y el Ministerio Público (MP), es decir Berny Arévalo, y Gabriel García Luna, el flamante y esperanzador fiscal general, no han hecho nada para removerlo de un cargo que, evidentemente, está usurpando.

¿Será que es tan talihste y cuerudo, que se ha vuelto intocable, o simplemente el sistema intimida al jefe del MP y al propio presidente?
En los dos casos es una pena, porque fue muy claro, evidente y descarado el fraude electoral, así como la violación a la Constitución y demás leyes, que obligan a que cualquier funcionario público deba tener un finiquito de su actuar transparente. Waltercito no lo tiene… porque hay huellas de malos manejos… Nada le falta en su cuadro de honor, como buen talishte y cuerudo avanzado dentro del sistema.
LEE ADEMÁS:
