UN LIBRO, UNA IDEA, UN PAÍS: El futbol visto con otros ojos


El escritor Eduardo Galeano ha sido uno de los intelectuales amantes del futbol. Lo refleja en El fútbol a sol y sombra, publicado en1995. Ve este deporte como expresión de arte popular, creación de belleza es la relación del futbolista con el balón».


Franco Sandoval

Al igual que Eduardo Galeano, veo en el futbol una pasión cultural. Así que aprovechando la efervescencia del Mundial que se celebra estos días comparto algunas de las ideas del escritor uruguayo para repensar qué sentido tiene este deporte para las personas y las naciones.

Es bueno recordar que Galeano visitó Guatemala en 1967 y en 1996. Aquí pasó varios meses, y esa experiencia le dejó huellas como periodista y escritor. Con César Montes, entonces comandante de las FAR, habló en la Sierra de las Minas. En Guatemala, país ocupado se ocupa de la historia de este país, del intervencionismo estadounidense y la insurgencia revolucionaria.

Galeano ha sido uno de los intelectuales amantes del futbol. Lo refleja en El fútbol a sol y sombra, publicado en1995. Ve este deporte como expresión de arte popular, creación de belleza es la relación del futbolista con el balón. El regate o driblin y la improvisación expresan libertad. Alrededor de un campo o un estadio prima una emoción compartida. Le parece fascinante que los jugadores inventen movimientos y hagan malabarismos en busca del arco contrario. En ese trayecto el buen futbolista es un artista. No es extraño, entonces que para Galeano sean héroes Pelé, Maradona y Garrincha. En tal categoría incluiría hoy a Messi y a Mbapé.

Pero tampoco se queda en la visión romántica y ensoñadora de este deporte. Por desplazar su magia y alegría, critica su mercantilización, a los patrocinadores, las televisoras y dirigentes. «El fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil la alegría.»

Se dice que al no más comenzar un campeonato mundial Galeano ponía un cartel en la puerta de entrada de su casa: Cerrado por futbol. Eso equivalía a decir: No molesten, estoy concentrado en algo importante. Él también era un gran futbolista… pero solo mientras dormía.

Una y mil veces Galeano festejó que su país, Uruguay fuera campeón mundial en 1950, arrancándole la corona a Brasil en su propio estadio, el Maracaná. Según dice, ese resultado hizo que el público se convirtiera en “un pueblo tallado en piedra”, sentado en las gradas durante mucho tiempo. El guardameta brasileño, Moacir Barbosa, “partió los palos a golpes de hacha, y los quemó hasta hacerlos ceniza”. Desde entonces la camisola de Brasil dejó de ser blanca.

También celebra el gol de Maradona (un dios en los estadios) en el mundial de México, una preciosa venganza de Argentina ante los británicos por la guerra de las Malvinas. Ese fabuloso gol “dejó a los ingleses girando como trompos por algunos años”. De allí que diga que en el caso de Maradona “más devastadora que la cocaína fue la exitoína”.

No extraña, pues, que para Galeano el futbol sea un reflejo del mundo y de la realidad. Realidad hermosa fue que para la navidad de 1915 en un frente de guerra los soldados británicos y alemanes se olvidaron de la guerra y se dedicaran a jugar futbol.  Muy al revés fue lo que hicieron El Salvador y Honduras que se hicieron la guerra por culpa de un partido de futbol.

Igual que Mujica, el presidente humilde y honrado, en sus escritos Galeano refleja el aire pacífico y festivo de Uruguay. Una nación pequeña y sin pretensiones guerreras que tiene en Peñarol y Nacional los eternos ganadores del campeonato nacional.

Resulta inolvidable haber visto un partido entre esos dos equipos con el Centenario a reventar. Sin reclamos ni trifulcas, ese partido terminó en empate.

Si yo fuera ministro de Educación haría que libros como Las venas abiertas de América Latina fueran casi que de obligatoria lectura en la secundaria. Allí la juventud vería su propia historia con una poética rasgadura en el corazón, gozando y sufriendo al mismo tiempo; se darían cuenta que nuestras economías fueron moldeadas para exportar materias primas y que dependieran de otros centros de poder. Aprenderían, además, a saber lo que es un ensayo sociohistórico escrito con la cabeza y el corazón.

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