PROVOCATIO: Izquierdas a la carta (1ª. parte)


Las verdaderas izquierdas son radicales, por su propia naturaleza, y tratan de eliminar las estructuras de opresión e inequidad y no hacer simples reformas, por profundas que algunas pretendan ser.  Radical significa ir a la raíz, y no como piensan muchos, sinónimo de ser violento o extremista.


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

Arrancó ya la campaña electoral disfrazada de “jornadas de adhesión o afiliación” según sea comité propartido o partido propiamente. Anticipada o no, a estas alturas no importa la ley, ni quienes deben aplicarla. Por masoquista que parezca, la gente se divierte con otra versión más de las “alegres elecciones”, sin perjuicio de la esperanza ilusoria que le da a muchos en torno a que la situación cambie… como si las elecciones anteriores hubiesen servido, alguna vez, para algo bueno.

Sería muy aburrido que los organizadores de la fiesta cívica (nada que ver el TSE, por si lo pensó) reconocieran que todas las plataformas electoreras, autollamadas partidos, son de derechas, con un amplio espectro de variantes. Es por ello que, desde 1985, se generó la fantasía que la izquierda participaba también en este emocionante juego.

En aquella ocasión, fue el partido Socialista Democrático (PSD) que ahora casi nadie recuerda. Su liderazgo joven estaba compuesto por Mario Solórzano Martínez, Haroldo Rodas y Alberto Fuentes Knight, hijo del asesinado Alberto Fuentes Mohr, en 1979. Por cierto, Solórzano fue ministro de Trabajo de Serrano Elías y el único que renunció, debido al autogolpe.

Luego vendría la experiencia fugaz del Frente Democrático La Nueva Guatemala (FDNG) en las elecciones de 1995. Posteriormente, las participaciones de la URNG ya firmados los Acuerdos de Paz, que más temprano que tarde terminaron en acomodarse al sistema, dejando de representar los ideales por los que dijeron luchar.  Tanto el PSD como el FDNG no fueron marxistas sino socialdemócratas liberales, lo que podría denominarse más simplonamente: centro izquierda o una variante de izquierdas democráticas dentro de las reglas del sistema. Por su parte, aunque URNG no ha hecho gobierno, los pocos cuadros que han logrado colarse como diputados, tristemente se acomodaron, llegando a votar por iniciativas de derechas muy a las claras. Hoy, están a las puertas de su desaparición y/o venta de la ficha. 

El caso de WINAQ es una mezcla abigarrada de intenciones, unidas por el componente étnico y que tampoco es antisistema. VOS es un partido oportunista salido de la UNE y que no se diferencia gran cosa de ellos, pues mantienen el ADN verde. DIGNIDAD y RAÍCES con comités que muy probablemente participarán. El primero es la resurrección del MLP de Thelma Cabrera y RAÍCES, cuya única diferencia con el conservador Semilla, es la conveniente distancia que tomaron del oficialismo para efectos puramente electoreros.  

Traigo a colación esto, por la necedad de varios agentes del sistema por pintar un espectro ideológico diverso, que incluye a lo que conocimos como izquierdas (en plural). Como dije, no sería nada conveniente que la población se diera cuenta de la farsa electorera que realmente es, por lo que hay que generar un cuadro atractivo para que los votantes (no electores) piensen que están decidiendo el futuro del país y que la oferta que se brinda, da para todos los gustos y suspiros. Como bien replicó Eduardo Galeano: Si votar sirviera de algo, ya lo hubieran prohibido.

De 1954 a la actualidad, solo hemos tenido gobiernos de derechas, unos moderados como las expresiones social-cristianas y social-demócratas conservadoras y otros, francamente neofascistas. No hay por donde perderse, una cosa es presentarse con eufemismos del tipo: No soy de derecha ni de izquierda, sino todo lo contrario o la socorrida frase: las ideologías ya no existen. Luego de esto surgen epítetos como: nacionalistas, patriotas, modernos, no extremistas que, en esencia, son variantes de un mismo proyecto.

A continuación, trataré de hacer un resumen básico de lo que significa realmente ser de izquierdas. En principio, es una posición política e ideológica que prioriza la igualdad real, tanto económica, social, política y de oportunidades como valor central. Frente a ello, las derechas hablan de igualdad, pero en la ley, creando la ilusión que todos somos iguales.

Mientras las derechas prefieren defender el statu quo, la tradición, la libertad sin restricciones y los valores conservadores, las izquierdas proponen cambios reales (no gatopardistas) para terminar con las diferencias tan marcadas en la actualidad, fundamentalmente, las abismales desigualdades.  Las verdaderas izquierdas son radicales, por su propia naturaleza, y tratan de eliminar las estructuras de opresión e inequidad y no hacer simples reformas, por profundas que algunas pretendan ser.  Radical significa ir a la raíz, y no como piensan muchos, sinónimo de ser violento o extremista.

Para las auténticas izquierdas, la igualdad se reivindica como la creencia que las desigualdades no son naturales ni inevitables. Son en realidad, producto de estructuras de poder, clase, género, raza o colonialismo. Por eso se busca reducirlas drásticamente.

En cuanto al Estado, se requiere una intervención fuerte para frenar los excesos del llamado mercado, por lo que se necesitan impuestos progresivos, medidas redistributivas, servicios públicos eficientes y universales, con énfasis en la educación y la salud, las cuales, deben ser gratuitas, sobre todo en países como el nuestro, en donde las mayorías no pueden acceder a estos beneficios. También se enfatiza que la desigualdad real entre patronos y trabajadores, debe ser compensada mediante la intervención estatal, obligando a garantías mínimas en pro de la dignidad y bienestar de la clase trabajadora.

Otro elemento que distingue a las izquierdas, es su idea del progreso social, refiriéndose a cambios culturales y legales en temas como derechos LGBTQ+, feminismo, derechos indígenas, secularismo, inmigración y multiculturalismo. Por su parte, las derechas enfatizan que el progreso debe basarse en la libertad individual y lo reducen a “progreso económico”, aunque no de todos, por supuesto.

Continuará…


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